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Zapatitos con sangre, de Víctor Munita Fritis

sábado 3 de junio de 2017
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“Zapatitos con sangre”, de Víctor Munita FritisZapatitos con sangre. 66 poetas del fútbol
Víctor Munita Fritis
Poesía
Editorial Cuarto Propio
Chile, 2016
ISBN: 9789562607711
205 páginas

Para el lector poco habituado a la epopeya del fútbol, el título de esta selección de poesía proviene del mítico “Zapatitos con Sangre”, hábil rompehuesos y jugador de Chile, Leonel Herrera. Para hacer un símil del orbe, algo así como el quiebranueces apodado “el carnicero de Bilbao”, me refiero al vasco Goikoetxea, que partió en dos el tobillo de Maradona —para los que no saben de fútbol, el mejor jugador del mundo en toda la década de los 80— en su paso por España. Quiero aclarar que no estoy juzgando al vasco por un evento al azar, ya que como rudo jugador acumuló un nutrido historial de sangre.

Volviendo al texto, claro está de entrada, y por el título del libro, que los convocados no se andan con pequeñeces y van a defender duro la letra del fútbol hasta sangrar o por lo menos enrojecer el ojo del lector. Cada uno defiende el club de sus amores como un niño que poco ha saboreado los triunfos, porque siempre se quiere más a ese equipo que gana nunca o en contadas ocasiones.

Es la épica de la derrota cantada en distintos tonos.

Por eso es común la mezcla de la partida que no se ganó, con la chica que nunca fue nuestra porque no nos correspondía, bueno, es como llegar tarde a un cruce de balón y siempre es válido el fault de la poesía para cambiar el resultado del partido. Jorge Montealegre desnuda sin compasión la verdadera esencia de los árbitros: “…calculan los descuentos, sancionan la posición adelantada: / revenden entradas para tomar partido…” tan cierto es este último verso para el lector habituado al fútbol, que puedo asegurar que el más recordado de nuestros árbitros es aquel que a sabiendas nos malogró el partido.

El mismo antologador, Munita Fritis, se convoca en “Amor en el Estadio Nacional”: “…que no haya finta que distraiga lo nuestro / que se hagan profundas y solemnes las miradas / como el maní confitado en la canasta del vendedor / Gol de Diego Rivarola / y te perdí para siempre…”.

José Ángel Cuevas rememora la gesta del mundial del 62, el único éxito mundialero de Chile con sonidos de Bill Halley pero a tempo suicida de James Dean: “…nosotros generación del sesentaidós, qué perdidos estuvimos entre la gente / el día del jolgorio, las motos aullaban guitarristas, / y los instrumentos / llenaban el cielo de rugidos y de lágrimas…”. En Polaroid a contraluz, Juan Cameron también rescribe la gesta del 62, emergiendo él mismo desde la misma multitud que menciona Cuevas: “… ¿Recuerdas cuerpo? Los Leones del 62 y Eladio Rojas / el grito en la tarde de palomas y ese que abraza al lustrabotas / ese pulcro señor, un tanto crespo, ese es mi viejo…”. Y remata sentenciando el poema: “El triunfo es una foto, su transcurso / pertenece a este álbum”.

Basta acercarse a las librerías y comprar el ticket para este encuentro organizado por la editorial Cuarto Propio para que hagan su propio compacto de las mejores jugadas.  

En “Pase al vacío”, Fernando Rivera Lutz interroga a uno de los grandes laterales de Chile, el Mumo Tupper, que se nos fue sin previo aviso: “…Te podían ahogar en la raya / y salías airoso con un centro cruzado / o uno de la muerte. / De dónde sacaste esa última jugada…”.

José María Memet, parafraseando o dribleando al descubridor Colón, sorprende con “La memoria es redonda”, en donde construye un canto épico en el que descubrimiento y fútbol son el equipo local, malos arbitrajes y conquista española el equipo de visita, y el partido transcurre en el tiempo del gobierno de Allende y el Estadio Nacional: “…El pueblo gritaba venceremos / y Colo-colo jugaría a tres partidos / la final de la Libertadores. / Todavía el Estadio Nacional era un campo de fútbol, / y no uno de concentración…”.

Como en una buena partida de amigos, también hay varios extranjeros convocados en esta antología. Sandra Santos, de Brasil, se despacha un golazo de media distancia con su poema “Ángel de Piernas Torcidas”: “A veces desaparecía / Atrás de un juego de piernas / Y la vida era un bolero / Pero en la hora del partido / Garrincha era brasilero / Volaba en dirección al sol / Sin quemar sus alas”.

Como buen árbitro, varias jugadas de los casi setenta autores convocados en la antología se me escapan en este artículo, y he sido imparcial y localista. Basta acercarse a las librerías y comprar el ticket para este encuentro organizado por la editorial Cuarto Propio para que hagan su propio compacto de las mejores jugadas.

Sebastián Jesús Villalobos
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