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Rompe Saragüey, de Daniel Nina

sábado 17 de agosto de 2019
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“Rompe Saragüey”, de Daniel Nina

Rompe Saragüey
Daniel Nina
Novela
Isla Negra Editores/La Mágica Editores
Puerto Rico, 2017

Daniel Nina (Puerto Rico, 1962) se ha puesto a novelar. Y lo ha hecho a manera de novela biográfica e histórica con Rompe Saragüey (2017). Daniel es un escritor, periodista, politólogo, criminólogo, historiador, jurista (que no abogado), profesor y, también, uno de los deportistas menos conocidos del Caribe (Román Samot, 2016). Nina, sin duda es uno de los intelectuales mejor formados en el Puerto Rico de hoy, por no decir que en las Antillas hispánicas de las que son oriundos él y sus padres, cubano el padre y dominicana la madre. Rompe Saragüey, la primera novela de Daniel, es reflejo, a su vez, de esa mirada profunda en la que se ha podido ver desde lo común, un poco más del allá de los comunes.

Nina dedica su mirada a lo imaginario, en Rompe Saragüey, a la comunidad boricua de Nueva York, a Oscar López Rivera (Puerto Rico, 1943) y a su madre, doña Nela. El Cantante, nos dice en su prefacio Daniel, “es un vehículo para realizar ese examen sobre la nación puertorriqueña”. También nos previene que con Rompe Saragüey intenta:

recrear la historia de la nación boricua, desde un personaje carismático y artístico, cuya injerencia en el desarrollo de nuestra identidad ha sido, como mínimo, subestimada. Ya es el momento, pienso, de reconocer el valor histórico y la contribución monumental que, desde Nueva York, hicieron tanto Héctor Lavoe como Willie Colón, para con nuestro país dividido en dos mitades.

Más adelante, Nina señala lo que para él es “lo más importante, es resaltar la figura de Lavoe como lo que fue: un genio de la música y la cultura popular”. Daniel no sólo lo intenta, sino que eso hace.

Rompe Saragüey, además de contener el prefacio del que he citado, se divide en seis partes. En cada una de las partes, Daniel asume la voz de uno que otro de los personajes históricos que compartieron su devenir en la Salsa con Héctor Juan “Lavoe” Pérez Martínez (Puerto Rico, 1946-1950). Asimismo, cada una de las partes responde a un período histórico con independencia de si su escenario gira en torno a la vida de El Cantante entre Puerto Rico y Nueva York. Así, en la primera y en la segunda partes, Lavoe conversa, dialoga con Willie Colón (Nueva York, 1950) en 1988 y 1974, respectivamente.

La tercera parte se desarrolla entre 1963 y 1978. En esta parte, Daniel se ocupa del desarrollo de la Fania Records, y para ello se vale de la voz de Jerry Masucci (Nueva York, 1934-1997) y Johnny Pacheco (República Dominicana, 1935). Serán, pues, Masucci y Pacheco quienes nos relatarán bien su origen en la música como su relación con Cuba y la salsa como negocio y fenómeno musical. Es en esa conversa, continuidad de la ya dada entre Lavoe y Colón en las primeras dos partes, que nos percatamos de “la contribución monumental” de la que trata Daniel en su prefacio, la que atribuye a Héctor y Willie.

La cuarta parte se concentra en 1988. En esta Lavoe retoma la palabra allí donde la dejó en la primera parte. Conversa con Puchi, su compañera de vida, de la soledad y del deseo de El Cantante de volar. Es la parte que responde al título, Rompe Saragüey, los ungüentos que le permitieron volar y que, dentro de su fe o espiritualidad, salvaron la vida de El Cantante:

Si me muero no pude volar, Rompe Saragüey no me protegió, como tampoco lo hizo Changó, Yemayá y Eleguá. Y si me muero no valió la pena cantar Aguanilé antes de saltar. Pero si no me muero, contaré la historia de otra forma. De otra forma.

En la quinta parte, Daniel retoma la palabra. Lo hace por medio de su personaje histórico, aquel que es referente de su trabajo creativo previo, Charlie Gorra. Se presenta ante un auditorio, al que ha sido invitado, “repleto de gente de la comunidad del Barrio, Loisaida, el Bronx, y sobre todo de Puerto Rico”. Será en este escenario ante el cual Gorra disertará de la importancia de Héctor:

Pero el mayor distintivo de Lavoe, a partir de su junte con Willie Colón, fue cambiar la métrica del canto. Retrasó la palabra. Alargó la pronunciación. Y, sobre todo, le impuso un dejo de vago cantando, que es completamente distintivo de él. Ahí está el sabor de Lavoe, en su pronunciación clara, pero alargada, y siempre carente de energía tal si estuviera reposando. Lavoe, simplemente un genio.

Por eso nos detuvimos ante su muerte, el pasado 29 de junio de 1993. Porque se apagó la voz que había trazado el puente entre una nación dividida, esa que comienzan Ponce, en el Barrio Machuelo Abajo, y termina en el Bronx. Se apagó una voz con la cual intentamos reconciliar el efecto del colonialismo y de la migración masiva de boricuas a los Estados Unidos. En particular, el municipio más grande de los Estados Unidos, el Bronx en Nueva York.

La sexta y última parte es un relato de la entrada de Héctor al salón de los inmortales de la Salsa. Allí se encuentra con otro inmortal igual que él, al que tiene la osadía de decirle que nunca cantó, que su oficio, su único oficio, fue hablar. Conversa, comparten información de las reglas del juego en ese espacio en el que “unos meses después” se reencuentran y sobreviven a la muerte. Ese otro inmortal resulta ser: Ismael “Maelo” Rivera (Puerto Rico, 1931-1987), El Sonero Mayor.

Así, Daniel Nina nos regala en una novela un relato histórico, el de su devenir (Charlie Gorra), y el devenir de su pueblo, mediado por “la contribución monumental” de Héctor Lavoe y Willie Colón. Se trata de una lectura amena, pero a su vez profunda y alternativa a la vida colectiva de esa nación dividida en dos mitades. Anima leerle, oyendo a Héctor, hablar.

 

Referencias

  • Samot, Wilkins Román: “Dennis Mario de seis a seis (2014)”, en 1 Reseñas de Trabajo 1, 1-3 (Puerto Rico: Instituto de Literatura 2016).