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“El corazón lejano del joven de los lirios” o la poesía de Miguel Losada:
Sobre Poemas ausentes

sábado 14 de diciembre de 2019
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“Poemas ausentes”, de Miguel Losada
Poemas ausentes, de Miguel Losada (Ars Poética, 2018). Disponible en Amazon

Poemas ausentes
Miguel Losada
Poesía
Ars Poética
Colección Carpe Diem
Oviedo (España), 2018
ISBN: 978-8494678660
88 páginas

La delicada poesía de Miguel Losada se inserta en la tradición de la poesía clara, ingrávida, diáfana y contemplativa, que sigue los sonidos de Guillén o Salinas: Todo flota. Todo tiembla / en el aire, / gira un momento / y cae. Como firmaría Jaime Siles, sus versos hablan de esas muchas cosas que pasan cuando nada sucede, de la memoria y la ausencia, el viaje, el amor perdido… casi siempre al atardecer en primavera o en otoño. María Antonia Ortega titula acertadamente el prólogo “La memoria viva o el deseo de ser leído”. Este libro de cadencia petrarquista es honesto y sincero. El poeta confiesa sencillamente sus deseos. Nos desarma y nos alumbra con unos poemas musicales donde las imágenes están medidas. Sólo son el deslumbre necesario: Un potro desbocado, a la carrera, / ignorante del destino que persigue. Aunque el libro no carece de poemas herméticos que sólo insinúan, sugieren, con una precisión casi leve. Otro de los impulsos de Poemas ausentes es la necesidad de la creación y su recepción. Para Miguel Losada, como para Bousoño, la primera ley de la poesía es la comunicación. El vate nos induce a una reflexión sobre nacer y morir, el guerrero, el tiempo, el deseo sublimado, la soledad, la nostalgia del amor perdido y la consciencia de la brevedad de la vida. En la línea juanramoniana, Losada reflexiona sobre la creación poética: Borrar todos los trazos / hasta quedar tan sólo tú / inerme y desvaído en el poema. María Antonia Ortega sintetiza que esta poesía es: “la pasión por la Nostalgia entre el hombre y el tiempo [sic]”. En Poemas ausentes sólo existe el pasado que se añora y el futuro incierto que a todos nos espera. Escrito desde la madurez, es un alegato a la brevedad de la vida, donde también hay espacio para un erotismo implícito: el deseo de amar y la belleza / de las cosas más leves y fugaces. Este libro se configura en tres partes: “Como brillan tus ojos”, cuyo preámbulo es una cita de Guillén; “La memoria del fuego”, que se inicia con una cita de Edmond Jabés, y “La Montaña roja” que se abre con Tennessee Williams, y donde la ascendencia lírica llega a su clímax y al descuido medido de la belleza: El bosque, con su mano vegetal, su sed de agua. Al final, este libro con guiños a imágenes cinematográficas, o a la luna lorquiana, se nos antoja un poema de lo cotidiano de un autor bueno, en el doble sentido de la palabra, pues, como decía Hölderlin: quien honra el Bien no se causa ningún daño. Miguel Losada es hispanofrancés en su formación y en su poesía, aunque su haber poético viaja desde Heine a Rilke. Su vida ha estado volcada al arte de la interpretación escénica, al cine, a la creación poética, a la dirección de revistas literarias, editoriales… Es presidente de la Sección de Cine del Ateneo de Madrid o miembro de la junta directiva del Círculo de Escritores Cinematográficos y, por supuesto, el alma de los maravillosos “Viernes de la Cacharrería” también en el Ateneo, con un sinfín de méritos que el poeta gallego admite con la humildad de un ser legítimo. Crea una poesía del sentimiento, abierta y heterodoxa, donde caben hasta Peter Pan o Harry Potter. Un corazón que respira y medita sobre la creación y el paso del tiempo. Ida Vitale apuntaría que la poesía del poeta camina despacio, a ver si, tentado el tiempo, hace lo mismo, porque estos Poemas ausentes son una profunda reflexión sobre el paso de las horas —a veces suspendidas en el aire—, la creación, la palabra y su espejo, el ensimismamiento, el amor y la incertidumbre de la muerte tanto física como literaria. Losada escribe sus versos para poder vivir, para poder morir: Las palabras son la puerta hacia ti mismo / como elevadas sombras que la muerte propaga.

Carmen Díaz Margarit

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