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Alberto Conejero: vidas que nos inventamos para sobrevivir

miércoles 15 de julio de 2020
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“La geometría del trigo”, de Alberto Conejero
La geometría del trigo, de Alberto Conejero (Dos Bigotes, 2018). Disponible en Amazon

La geometría del trigo
Alberto Conejero
Teatro
Dos Bigotes
Madrid (España), 2018
ISBN: 978-84-947963-8-8
104 páginas

Los flashbacks avanzan hacia una claridad que irradia linealidad sin llegar a imponerla: “Regresa al lugar donde nunca estuviste”, oímos que Beatriz, la madre, ruega a Joan, su hijo, “al final de estas palabras encontrarás la dirección”. Febriles, los acontecimientos ralentizan el discurso. Todo comienza como termina, con una contención que se asienta en el mutismo de una problemática a gritos: “Nunca más allí”, exige la progenitora, “nunca más en el sur. Demasiados años con una sola pregunta”. Las conmociones muestran el choque entre lo familiar y lo extraño. La obra dramática La geometría del trigo (Dos Bigotes, 2018) se debate entre el amor y el perdón, mientras involucra al corazón y la mente.

“Te vamos a contar el mundo, hijo mío”, continúa Beatriz, “te vamos a hablar de dónde salen las arrugas de los olivos; por qué se abrazan los hombres y las mujeres, pese a todo”. La amenaza acecha en el paisaje de murmullos, perturbaciones subterráneas y enigmáticas advertencias: los mensajes discordantes llegan a través de un diálogo de resonancias, “este olor a tierra mojada y a animales y a aceite y a otras tantas cosas para las que aún no he encontrado un nombre”, confiesa Laia, la pareja de Joan. La ceguera consciente ilumina la taquigrafía nihilista del dramaturgo Alberto Conejero (Jaén, 1978), mientras cuestiona si el daño causado es inquebrantable, si lo que nos parece predeterminado no podría haberse evitado.

Los personajes del Premio Nacional de Literatura Dramática 2019 pasan sus días esperando en un rural desasosiego.

A expensas de unos ojos que todo lo ven, el poeta de Si descubres un incendio (2016) engendra emociones limitadas por un hostigamiento reelaborado: “Me imaginé contigo, Joan”, confiesa Antonio, su padre, “enseñándote los nombres de los minerales, el secreto de las glaciaciones, las costuras de este mundo, la geometría del trigo. La vida que te inventé para sobrevivirte”. Desviaciones repentinas conducen a lo inquietante. Las sombras se vislumbran, dejan al descubierto una dinámica de interruptores que estallan con energía traviesa. La ironía y la paradoja sugieren que no hay nada predestinado. Como si, incluso en la dificultad, siempre halláramos alternativa.

En la página, se alternan pasado y presente. En escena, sin embargo, lo dicho desdice al hecho, “la luz entonces los abraza a todos con precisión”, reza la acotación final, “les libera del tiempo y del espacio, hasta confundirlos en un mismo paisaje”. Ocultos en el fanatismo, delitos redactados. Una química puramente verbal dota a los personajes del creador de La piedra oscura (2014; Premio Max de Teatro 2016) de un encanto vulnerable, mientras juegan a hacerse daño o se deleitan con fantasmas, “todo empieza y termina para que todo pueda ser en el instante preciso. Cuando nadie lo esperaba”.

Ondas de sátira conducen a ondulados incidentes, “tres planos sumando y explorando otros enunciados (…) un movimiento y una estructura de condiciones rizomáticas”, en opinión del poeta y crítico sevillano Daniel López García (1980), que firma el prólogo. Los personajes del Premio Nacional de Literatura Dramática 2019 pasan sus días esperando en un rural desasosiego, un pueblo sin nombre, a merced de “la radiografía de un sentimiento, en este caso del vínculo familiar”, sostiene el coeditor de la revista Vísperas, “para mostrar su realidad ambivalente”. Mientras esperan, actúan intimidados por las amenazas del silencio, reducidos por los desencuentros. Se entrelazan dolor y felicidad: la presencia llega envuelta en la pérdida. Intelectualmente flexible, el sentimentalismo se traduce en emocional elasticidad. Se despliegan la fe en la liberación junto al nihilismo, en temas épicos, casi opuestos, enumera el colaborador de Revista de Letras: “Entregarnos en el amor para no morir; trascender en algún sitio, en algún otro o, de algún modo, a pesar del fin de todo”.

José de María Romero Barea
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