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El pensamiento vivo de Betances, de Carlos Rojas Osorio

sábado 3 de julio de 2021
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“El pensamiento vivo de Betances”, de Carlos Rojas Osorio
El pensamiento vivo de Betances, de Carlos Rojas Osorio (Publicaciones Gaviota, 2020).

El pensamiento vivo de Betances
Carlos Rojas Osorio
Ensayo
Publicaciones Gaviota
San Juan (Puerto Rico), 2020
ISBN: 9781615054459
331 páginas

Perseguido en todas partes, mártir de sus creencias
políticas y de su amor patrio, este republicano ardiente
ha venido a Europa a pedirle al libre y brillante ejercicio
de su honrada profesión el diario sustento de su vida.
1
Eliseo Grullón

En estos días he leído con amor y admiración la reciente publicación de El pensamiento vivo de Betances, del doctor Carlos Rojas Osorio.2 He leído y releído esta historia de cuadros paralelos que proyectan armónicamente el pensamiento de Betances. El libro se compone de diecisiete capítulos, una cronología de su vida y la época, la bibliografía y una sustantiva mención de artículos y referencias sobre el mismo.

Como quien construye un gran mosaico ha ido este estudioso de la filosofía dibujando la figura de Betances a través del tiempo, haciéndonoslo más cercano al sacarlo un poco de la academia y presentárnoslo en toda la dimensión del pensamiento.

Los asuntos de la patria, y las vidas ofrecidas en sacrificio por la libertad, nos incumben a todos. Creo que así deberíamos pensar. Esto nos lo recuerda aquí el escritor Carlos Rojas Osorio, pues de sus vastos conocimientos ha ido registrando el pensamiento de uno de nuestros grandes patriotas para que nada nos parezca inaccesible y podamos verlo ahora en la profundidad de su carácter, ya que en el ambiente escolar de nuestro país nunca estuvo su nombre presente en labios de nuestros educadores. Pero ¿cómo nombrar lo que se desconoce y cómo enfrentar la indiferencia cotidiana de nuestra realidad? Al mirar hacia el pasado, no me extraña que los que dirigen el destino del país vivan tan lejos de sí mismos, agobiados por el complejo de ciudadanos de segunda clase. ¿Será esto un síntoma puramente político o de raíces mucho más profundas? Después de todo, ¿qué puede importar la independencia y la libertad a quienes la patria les es indiferente?

Este libro personifica una voluntad de trabajo, un estudio profundo y una lúcida exposición del pensamiento de Betances y de su amor por una patria libre y soberana.

Ciertamente, este libro nos revela que Betances sigue tan vivo como antes. Aquí vemos su carácter y modo de pensar. Toda la construcción de este discurso intercala múltiples voces en un lenguaje de exquisita fluidez, un lenguaje que presenta la conducta y el esfuerzo patriótico del Antillano. El título mismo adelanta la idea fundamental del libro, es decir, la expresión de una conciencia, de un pensamiento que podemos analizar a través de las acciones y palabras.3 Una vez emprendamos la lectura veremos a Betances en pie de lucha contra el sistema colonial español, dentro de las corrientes políticas, estéticas y filosóficas de la época; erguido en combativa confrontación contra toda clase de injusticias, desgastándose física y espiritualmente por la noble causa de la liberación de las Antillas.

Este libro personifica una voluntad de trabajo, un estudio profundo y una lúcida exposición del pensamiento de Betances y de su amor por una patria libre y soberana. Y ha sido un hermoso gesto el del profesor Rojas Osorio al abrir los capítulos con textos poéticos. ¿No es también la vida del patriota antillano un himno poético a la libertad? Un poema de Francisco Matos Paoli alumbra el primer capítulo, otro del propio Betances, el segundo, y así sucesivamente van apareciendo poetas, filósofos, pensadores de la libertad, todos fundidos en un formidable cuadro de rostros y diálogos, un gran paisaje de estilos de vidas diferentes pero unidas por un solo ideal: Hostos, Martí, Lola R. de Tió, Julia de Burgos, Juan Antonio Corretjer, adelantando un formidable repertorio de voces proyectadas en el tiempo.

Como ha señalado el crítico Pablo Guadarrama González, el autor “…ofrece las claves para desmadejar la compleja urdimbre del ideario y la praxis política de ese ilustre antillano, que con justicia merece dicho gentilicio” (15). El prologuista subraya cuatro raíces de un mismo entramado: 1) el clasicismo antiguo, 2) las revoluciones francesas, 1789 y 1848, 3) los libertadores latinoamericanos y 4) el romanticismo social. Estos son los pilares fundamentales que sostienen el pensamiento de Betances. Por eso, en la continuidad de los capítulos van anexándose diversas personalidades imprescindibles para presentar las diversas influencias y aspectos del pensamiento betanciano. En la introducción el autor destaca lo siguiente: “Mi intención metodológica es recrear desde una hermenéutica histórica los ejes fundamentales del pensar betanciano” (21). En efecto, esta perspectiva fijará el hilo discursivo del pensamiento de Betances y concretará la imagen de ese agónico vivir por la libertad. Pero, como ha señalado el mismo autor, este libro no se ha escrito para presentar la vida de Betances, sino para exponerla en el ambiente y las corrientes de las vanguardias anticolonialistas, científicas y filosóficas que influenciaron su pensamiento.4 Y aunque la vida misma no sea el enfoque central de estos textos, es también el reflejo de un yo cuyo existir se exhibe en la concreta ejecución de sus actos. El escenario cotidiano de la vida es parte de ese vivir que nos permite comprender más claramente el pensamiento de Betances: épocas, contextos políticos, científicos, literarios e históricos son ciertamente la plataforma donde se instala la individualidad del ser, de manera que no es posible substraer de uno mismo el estilo de vida y el entorno.

El filósofo Carlos Rojas Osorio nos recuerda otra vez que el pensamiento de Betances continuará brillando como un lucero inmóvil en el firmamento.

Físicamente Betances no está con nosotros, pero el corazón le dice al profesor Carlos Rojas Osorio que el pensamiento del Antillano sigue vivo. Nos lo dice también en el prólogo el profesor Pablo Guadarrama González, y asimismo el historiador Félix Ojeda Reyes y muchos estudiosos cuyos textos forman una valiosa y continuada contribución a la difusión de la obra y vida de Betances. Por eso su presencia está presente, su voz aún perdura en el tiempo y cada año va haciéndose más profunda, fluye por todas partes contra la indiferencia y el silencio. Bien pudiéramos atribuirle también a Betances aquellas palabras que tan sabiamente pronunció Hostos en el duelo de uno de sus grandes amigos, don Manuel Antonio Matta: “Este, señores, es uno de los muertos que no mueren por completo: al día siguiente de dejarlos en la tumba, los encontramos en la Historia”,5 palabras que, innegablemente, se ajustan con todo el peso de su grandeza al propio Hostos que las dijo.

Para los profesores de literatura, de historia puertorriqueña y otras disciplinas académicas, tanto en las escuelas como en los colegios del país El pensamiento vivo de Betances debería ser un texto imprescindible, pero sospecho que a la educación la asisten otros intereses. Pero aunque las cosas vayan en direcciones opuestas a la que pensamos, el filósofo Carlos Rojas Osorio nos recuerda otra vez que el pensamiento de Betances continuará brillando como un lucero inmóvil en el firmamento. La conciencia de su ser, su esfuerzo, su pensamiento y el ejemplo de su vida permanecerán en el ambiente. Esto es lo que alienta al amigo Rojas Osorio, que nos invita a compartir el triunfo de Betances exponiéndolo nítidamente en este libro. Creo que nos dice que ya no existen distancias para ver la realidad en el discurso vivo de un pensamiento que llega para recordarnos que la lucha por la libertad puede ser un duro sacrificio, quizás interminable, pero no una ficción.

A quienes busquen en el lenguaje el latido del corazón de Betances y las riquezas incalculables de sus pensamientos, adelanto aquí lo que nos revela el profesor Carlos Rojas Osorio:

Betances luchó no sólo por la independencia de Puerto Rico, sino también por la de Cuba, nunca separó ambos movimientos (33).

Betances piensa en las libertades individuales porque todos tenemos los mismos derechos, pero al mismo tiempo piensa en la libertad de todos (49).

El ideal de la justicia y la igualdad permaneció vivo en el pensamiento y en el corazón de Betances hasta el fin de sus días, aunque llegue a decir que parece una estrella que se desvanece en el horizonte; refiriéndose, con ello, en los años finales de su periplo vital, al hecho de que no se había alcanzado la independencia de Cuba y Puerto Rico, que él concebía como obra de libertad y de justicia (64).

La persona como tal nace libre e igual en derechos a los demás; ningún grupo social puede oprimir a otro porque le enajena su libertad y su igualdad y, finalmente, ningún país o nación puede ejercer una dominación sobre otra porque le quita su libertad y su derecho a pertenecerse a sí misma (77).

Los reformistas se dejan llevar por el miedo sólo para tratar de estar bien con todo el mundo; pero el miedo, agrega Betances, es mal consejero (…). El anticolonialismo de Betances no se refería sólo a las colonias españolas en las Antillas, sino que su palabra y su praxis se enfocan en los colonialismos todavía vigentes (94).

En el pensamiento y la praxis de Betances es siempre del Estado-nación de lo que se trata; Puerto Rico es una nación en busca de un Estado soberano; al ser mera colonia de España se busca romper mediante la revolución esa dependencia para acceder al Estado independiente y soberano (108).

Los gobiernos tienen pues sus tácticas de dominación, y en lugar de reconocer los legítimos derechos de los pueblos y los individuos, lo que hacen es prolongar el dominio despótico y adormecer las mentes de los oprimidos (130).

Al igual que Betances, Lola tuvo que vivir expatriada en diferentes países, y al igual que el Antillano, muere fuera de su patria (143).

La sociedad democrática a que aspira Betances y a la cual la educación debe iniciarnos como finalidad suprema es una sociedad que goza de todos los derechos y todas las libertades (154).

Betances está muy consciente de la epopeya bolivariana de la liberación nacional de cinco repúblicas latinoamericanas, pero no está menos consciente de que aún faltan dos naciones para ser liberadas del yugo colonial (171).

Ser o no ser, tal es el dilema que Betances plantea como destino actual y futuro de las Antillas. La amenaza de los imperios, real o virtual, está siempre presente… (192).

…tanto Betances como Hostos estuvieron muy conscientes de la reciprocidad de deberes y derechos; y ambos destacaron la reciprocidad entre el derecho a la resistencia contra toda opresión y el correspondiente deber de afrontar la lucha por las libertades y los derechos sojuzgados, tanto de los pueblos como de grupos sociales discriminados como de individuos concretos (220).

Como consideraremos en el capítulo dedicado al romanticismo social,6 Betances asimiló tanto el pensamiento democrático de la Ilustración y de la Revolución francesa como el pensamiento del romanticismo social que defendía importantes movimientos nacionales como los de Grecia, Italia, Filipinas y también los de las Antillas (Cuba y Puerto Rico). Betances une en su mente revolucionaria la razón ilustrada y el corazón romántico (239).

La libertad. Al referirnos a la libertad, pudimos apreciar que Betances la menciona diciendo que ser libre es “pertenecerse a sí mismo”, ser dueño de sí mismo, ser independiente. Este es también un principio del derecho romano: sui iuris esse: ser independiente, no estar bajo una influencia externa. Platón habla de ser dueño de sí mismo. Se requiere una disposición de ánimo para ser dueño de uno mismo, de lo contrario uno actúa como un niño (262).

El Antillano conoció particularmente las amplias posibilidades del lenguaje figurado para la construcción de sentencias de carácter aforístico en las que plasmó en pocas palabras, sencillas e inteligibles, aspectos importantes de su pensamiento político (293).

El revolucionario antillano enfatiza en el derecho a una instrucción libre, es decir, laica; y nos recuerda momentos históricos en los cuales da comienzo la libertad y la lucha contra la intolerancia religiosa (303).

La anexión debe rechazarse definitivamente, pero podemos darle condiciones comerciales favorables a Estados Unidos con tal que en lugar de la anexión permitan la independencia. En este caso, tampoco la revolución sería violenta, sino un pacto con Estados Unidos. Eso sí, advirtió a todo el mundo que si caemos bajo el poder imperial de Estados Unidos, “seremos una eterna colonia” (311).

Paul Estrade ha dicho que Betances es el último de los libertadores latinoamericanos. Así es. Betances es el revolucionario de la mente y de la praxis. Si se unió literaria y políticamente al romanticismo, cuarta de sus raíces, fue porque, como bien dijo Víctor Hugo, revolucionario en el arte he tenido que serlo también en la política (315).

David Cortés Cabán
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Notas

  1. El Americano, París, Nº 44 (enero 27, 1873).
  2. Con un par de certeras frases la doctora Zoé Jiménez Corretjer define la postura académica y humana del profesor Carlos Rojas Osorio al conferírsele en 2016 el rango de profesor emeritus en el Recinto del Colegio de Humacao de la Universidad de Puerto Rico: “Presentar a Carlos Rojas Osorio es como presentar a varios hombres… en él coinciden la cultura, la sensibilidad, la lógica y la inteligencia. Es un filósofo de casta, pensador insobornable y profeta del conocimiento…”. El doctor Carlos Rojas Osorio es autor de Hostos, apreciación filosófica (1988), Foucault y el pensamiento contemporáneo (1995), El asombro de pensar (2000), Invitación a la filosofía de la ciencia (2001), Latinoamérica: cien años de filosofía (2002), Martí: una filosofía de la vida (2010) y Foucault y la literatura (2013), para nombrar sólo algunos de sus libros. Sus ensayos y artículos sobre las disciplinas del pensamiento crítico y filosófico pueden leerse en revistas del Caribe y de Hispanoamérica.
  3. El autor dedica el libro “a José Manuel García Leduc, a Antonio Mansilla Triviño, amigos, compañeros universitarios abetanzados, que hoy compartimos el otoño de la vida”.
  4. El autor ha señalado lo siguiente: “Recalco que mi objetivo primario es el pensamiento de Betances, no la vida y la obra política, las cuales ya han sido estudiadas con profundidad por autores como Ada Suárez, Félix Ojeda Reyes, Carlos Rama, Andrés Ramos Mattei, Paul Estrade, José Manuel García Leduc, Francisco Moscoso, etc. La vida y la obra la doy por supuesta y se tendrá en cuenta como forma ineludible de contextualizar la textualidad betancina, pero no es mi propósito aportar en la biografía política o personal de Betances”. Pág. 21.
  5. E. M. de Hostos, Hombres e Ideas, O. C., volumen XIV, edición conmemorativa del Gobierno de Puerto Rico, 1938-1939, Habana, Cultural, S. A. Edición digitalizada, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
  6. Se refiere al capítulo 14, “Betances y el romanticismo social”, pp. 241-252.