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Tierra llana, de Francisco J. Castañón

miércoles 12 de abril de 2023
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“Tierra llana”, de Francisco J. Castañón
Tierra llana, de Francisco J. Castañón (Vitruvio, 2022). Disponible en Amazon

Tierra llana
Francisco J. Castañón
Poesía
Ediciones Vitruvio
Madrid (España), 2022
ISBN: 978-84-125874-0-1
121 páginas

Castilla, sin duda, es en sí misma un género literario, con un idioma propio y universal, el castellano o español. Castilla es, a grandes rasgos, el Poema del mio Cid, la mística de Teresa de Jesús y Juan de la Cruz, la picaresca del Lazarillo de Tormes, Cervantes y El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, el conceptismo de Quevedo, la generación española del 98: Azorín, Unamuno, Antonio Machado… Y dentro de esta insuperable tradición literaria se inserta Tierra llana, el último libro de versos publicado por Francisco J. Castañón (Madrid, 1961). Un escritor de amplio espectro: poeta —su primer poemario, Fuenfría, apareció en 2003—, periodista —director de la revista digital Entreletras—, autor de varios libros de divulgación histórica y colaborador habitual de diversos medios informativos.

Francisco J. Castañón no es, ciertamente, un poeta prolífico, pero sí prolijo, meticuloso y perfeccionista. Un autor que pule con detalle y paciencia artesana sus versos, buscando la siempre ardua y esquiva perfección del poema. Y tal vez por eso no publicará sus primeras composiciones poéticas, escritas y dadas a conocer en la década de los años ochenta del siglo XX, hasta el año 2010, cuando publica su segundo poemario, A cuenta del albur. Y para escribir su tercer poemario, Las horas indultadas, se tomará un tiempo de diez años.

Llegarán después dos libros recopilatorios, Identidad y Equipaje sin lastre. Y es en esta última muestra antológica donde se avanzan ya título y poemas, inéditos hasta entonces, del que iba a ser su cuarto libro de versos, Tierra llana (2022). Poemario que cuenta con un estimulante y detallado prólogo escrito por el poeta Alfonso Berrocal.

Se trata de un libro compuesto por cuarenta y seis poemas, más bien extensos, y once textos en prosa, que está dividido en tres partes. La primera de ellas, titulada “Vistas a un presente afilado”, recorre con mirada melancólica y ánimo rebelde las extensas llanuras y los lugares de la Alcarria y de la Mancha, con paradas en ciudades de gran contenido histórico como Toledo y Cuenca, además de alguna incursión en la meseta norte castellana para acercarse a Ávila y la sierra del Guadarrama, sierra próxima a Madrid y bien conocida por Francisco J. Castañón, que situó su primer poemario, Fuenfría, en aquellos parajes boscosos y escarpados.

El autor no puede evitar el dolor de la tierra sola y del terruño deshabitado, el dolor íntimo del obligado éxodo hacia las grandes ciudades.

Castilla, sus hermosas poblaciones y monumentos, su ondulada e infinita llanura: “Campos de Brihuega, / irrumpiendo en mí como un paisaje / hecho hoy conciencia a la deriva, / espacio accidental al que me aferro / durante un largo instante / de exaltación y de sosiego”. Pero, sin demora, el autor no puede evitar el dolor de la tierra sola y del terruño deshabitado, el dolor íntimo del obligado éxodo hacia las grandes ciudades por razones económicas y sociales: “Se fue la gente, sí. / Las casas quedaron / habitadas por nadie, / hasta ser osamenta / de roídas vigas de madera / y fracturados muros. / Las calles solitarias. / Desiertas las escuelas”. Y tampoco puede dejar de recordar nuestro poeta el abandono de las ocupaciones ancestrales que un día fueron seña distintiva castellana, como la trashumancia de los rebaños de ovejas: “Regresa el ganado a sus corrales. / Bajan desde los altos prados a la realidad más llana. / El pastor trashumante se difumina en la espesura / de un presente afilado”.

La segunda parte del poemario, “Pistas en el pasado (evocaciones calculadas)”, está formada por nueve sobresalientes textos en prosa. Algunos de ellos reivindican el relevante papel que han tenido algunas mujeres de Castilla —Beatriz Galindo, María de Zayas y Luisa Carnés— en el desarrollo de la cultura feminista y su reconocimiento posterior. No faltan tampoco las hermosas evocaciones de fray Luis de León y de Antonio Machado, dos enormes figuras literarias unidas por la poesía y por el pensamiento filosófico. Y, como no podía ser de otro modo, el reverente homenaje a Cervantes y su descomunal don Quijote, personaje mayúsculo de una Castilla iluminada e iluminadora, puesto que “Donde habita la luz que no llega del cielo —fulgor emanado del ingenio y la fábula— emerge la huella sempiterna del hidalgo errante, cuya voz dolorida resuena aún, como un eco universal, en el Campo de Montiel”, tal como escribe Castañón. Y junto al caballero don Quijote, su fiel Sancho y su amada Dulcinea, figuras literarias unidas para siempre al destino y la esencia del solar castellano.

En la tercera y última parte del libro, titulada “Un mañana agitado de futuro”, se encuentran los poemas tal vez más nostálgicos y los más ácidos y críticos. El autor repasa oficios artesanos tradicionales venidos a menos, así los herreros y la alfarería: “Configurada luz de la tierra / hecha destreza resistiendo / en un planeta que con torpeza / se apresura hacia el naufragio”. Ensalza y admira las viejas construcciones de los acueductos y castillos, hoy a menudo en ruinas: “Centinela ocioso sobre el alejado cerro, / hoy es caparazón vacío donde el tiempo / parece descansar de su huella cruel”. Aunque el poeta a veces no se resista a alzar en el aire y ondear al viento la animosa y humana esperanza frente a ese entrañado paisaje de Castilla: “Tierra llana: silencio, viento, / misterioso resplandor que da respiro / y conforta todo empeño por seguir / abriendo senda si la tiniebla / y el espino cierran el paso a un andar / abiertamente desprendido”.

Tierra llana se trata del libro más depurado e importante de los publicados hasta la fecha por el buen escritor y poeta que es Francisco J. Castañón.

Se ocupa asimismo Francisco J. Castañón de analizar y censurar los excesos de una nueva y actual cultura, la de los medios técnicos y su, muchas veces, deshumanizada actuación frente a los modelos más clásicos. Esto dice, por ejemplo, de los drones: “Es el ojo no invitado que anida / en la guarida del no deseado gran hermano, / levitando sobre tierra resignada”. Y, como una constante mantenida en toda su obra literaria, una preocupada y manifiesta crítica social: “… indigentes encadenados / a su pobreza en alza; / adinerados sin escrúpulos / al abrigo de fondos buitre / gruñendo de codicia; / refugiados poblando campos infaustos…”. Para finalizar el poemario acogiéndose a un sentimiento personal de madura reflexión: “Es la vida ahora una travesía cotidiana, / presa de un temor intermitente, / un fluir tenaz, un vagar atemperado, / seguir viaje sin pararse a cavilar / hasta dónde alcanzan los raíles / de este trayecto imprevisible”.

Una poesía, en síntesis, de marcado carácter descriptivo, escrita en pulcro y preciso verso blanco, y unida a unos elaborados textos en prosa, que genera una obra lúcida y estimable. Y, por otra parte, se puede asegurar también que Tierra llana se trata del libro más depurado e importante de los publicados hasta la fecha por el buen escritor y poeta que es Francisco J. Castañón; un hecho que, está claro, debe de animar a todos a la lectura de Tierra llana.

Javier Olalde
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