
En un trabajo sostenido a lo largo de los años y mientras ha trabajado intensamente como científica social en el Centro de Estudios del Desarrollo (Cendes) de la Universidad Central de Venezuela, Coromoto Renaud ha cultivado la poesía y elaborado una obra que ha ido madurando a lo largo de sus poemarios Azares (1994), Enero (2004), Sedimentos (2004), Preguntas a Rilke (2009), Estaciones (2010) y Siete noches, siete poemas (2012). En 2024 acaba de ver la luz agua que corre lenta, publicado por Oscar Todtmann Editores, prologado por José Balza y bellamente ilustrado con las acuarelas de Marie Christine Morin. Dice José Balza que en esta última obra ha alcanzado la autora la plenitud de su expresión.
agua que corre lenta condensa su capacidad de dialogar con grandes poetas y se evidencia cómo sus diálogos se enlazan con sus búsquedas interiores y con las preguntas de los diferentes estadios de la vida. En esta obra la presencia de la naturaleza es una constante, cuyas imágenes traducen las búsquedas místicas de la voz poética, que se interroga por sus relaciones con el cosmos. Hay en ellas una cercanía con el panteísmo oriental. En la poesía de Coromoto Renaud se une lo sagrado del cosmos con la terredad —como diría el poeta Eugenio Montejo— de la vida.

agua que corre lenta
Coromoto Renaud
Poesía
Oscar Todtmann Editores
Caracas (Venezuela), 2023
ISBN: 978-980-407-088-4
112 páginas
No es gratuito, entonces, el nombre del poemario, cuya clave está en el epígrafe del mismo, un poema de la venezolana Elizabeth Schön, una de las voces privilegiadas de la poesía venezolana, caracterizada por un misticismo muy suyo, que dice así:
No eliges
el abismo, el caos, la nada
Llegan a ti
en agua que corre lenta
para que no te asombre
la carencia de materia a tu alrededor
junto a la luz del alma llamando
el aleteo pasajero de la tierra que vives
En la poesía de Coromoto Renaud parece haber un viaje desde el silencio para encontrar las palabras que lo traduzcan y esas palabras deben alejarse de las profanas de los noticieros para encontrarse con las imágenes de la naturaleza que codifican el cosmos del cual se es parte. Hay múltiples alusiones al silencio y en el silencio se da una fusión con lo otro. Dice la poeta: “eres una con el universo y duele” (pp. 30-31). Dice también: “somos árboles de raíces milenarias / desnudos a veces / a veces florecidos / siempre a la intemperie / cortezas goteando” (pp. 38-39).
En la cosmología de la poeta, se mira la vida en sus diferentes facetas, siempre en clave de imágenes de la naturaleza. Se exploran la infancia, el amor, la muerte, los viajes, la impermanencia de la vida en una y otra imagen que reúne la materia con lo inmaterial, la tierra con el cielo, la infinitud del mar con la fugacidad de las olas que borran huellas, los agujeros negros en el universo con los agujeros negros en el alma. La naturaleza exterior se hace espejo de la vida sentida en el interior. Así, la alegría del amor puede hacer decir a la voz poética:
he vuelto a ser la mujer flor
tallo erguido
pétalos abiertos
olor a jazmín.
Por otra parte, la muerte puede expresarse en disolverse en la naturaleza:
Serás ceniza
partícula de la galaxia
tierra abonada para las hortensias y el orégano
barro en las botas de los navegantes
eco que baja de la montaña
espada para cortar el aire
alimento de peces y de aves
esparcido en la tierra
Otras imágenes pueden explorar distintas formas de concebir el espacio. La casa puede ser el viento o las nubes, pero también la casa de la infancia, donde los recuerdos de la vida rural de los primeros años de la autora se aparecen en forma de río, de animales, de casa de adobe, de cantos de ordeño. Algunos poemas en prosa rescatan la memoria de esos espacios que son geografía de una memoria específica, la de la infancia en la finca La Vega, con los bucares, con los caballos y las vacas, con la familia cercana. También encontramos vivencias de distintos momentos de la vida, indagaciones de la memoria, expresadas en imágenes como el Ávila, montaña tutelar de Caracas, o el viaje a Francia, asociado al de Ulises, y el encuentro con la lluvia en París.
Llama la atención la reiteración de las imágenes acuáticas: el río, el mar, la lluvia, las gotas, que permean las páginas del poemario, como imágenes de la vida que fluye, del cambio incesante, de la fugacidad.
Dice nuestro gran escritor José Balza, en su prólogo a agua que corre lenta, que en el mismo encontramos irradiaciones de poetas absorbidos por Coromoto. En efecto, algunos epígrafes y dedicatorias nos los traen, pero también encontramos homenajes, como en el poema que se inicia con el verso “Él no sabe de rutinas / de tanto mirar la noche”, que en lo personal me remite a la imagen contemplativa del gran Eugenio Montejo: “sus poemas son oraciones dolientes / hablan de Dios y de los hombres / me dijo un secreto que ya sabía / el absoluto es el instante perfecto / lo supe/ al leer su poema” (26/27).
Tenemos, pues, una poeta que dialoga con otros poetas, que cultiva un lenguaje evocador, palabras que el lector completa con las resonancias que éstas puedan sugerirle, como sucede también con las hermosas acuarelas de la ilustradora Marie Christine Morin, cuyos paisajes difuminados —entre ellos el que ilumina la portada y la contraportada— enriquecen las posibles lecturas que hacemos de cada poema.
- Nuevo poemario de Coromoto Renaud: agua que corre lenta - miércoles 21 de agosto de 2024


