Saltar al contenido

Entre espejos y silencios:
la poética de Corazón lleno de liquen, de Víctor Noé Arandia

miércoles 4 de diciembre de 2024
¡Comparte esto en tus redes sociales!
Víctor Noé Arandia
La lectura de Corazón lleno de liquen, de Víctor Noé Arandia, se asemeja a adentrarse sin apresuramientos en una casa llena de espejos deformantes, pasillos estrechos y frases ininteligibles detrás de puertas cerradas.

En octubre de 2024 el escritor venezolano Víctor Noé Arandia publicó su primer poemario, titulado Corazón lleno de liquen, bajo el sello editorial de Santa Rabia Poetry. Este libro, prologado por Oriette D’Angelo, reúne una colección de treinta poemas donde la identidad, el amor y el internet son algunas de las temáticas exploradas.

Hay algo muy cinematográfico en estas páginas. Las imágenes son fuertes, contundentes, elusivas y susurrantes a un mismo tiempo. Las palabras convertidas en caricias, en murmullos, en cosas entrevistas en la comisura de los ojos. Un relato, un recuento, sin principio ni fin. Un paseo. Una búsqueda. Un recuerdo. La lectura de Corazón lleno de liquen se asemeja a adentrarse sin apresuramientos en una casa llena de espejos deformantes, pasillos estrechos y frases ininteligibles detrás de puertas cerradas. Otras puertas permanecen entreabiertas y uno se detiene un momento, mira de reojo, agudiza el oído, respira por la boca, y sigue adelante. Sensación de invisibilidad. Sensación de transgredir un espacio sagrado, furtivo, muerto. Un deambular entre las páginas y las letras, como un espectro. Un rostro detrás del espejo que sonríe sin que alguien lo vea. Hormigueos a flor de piel. Esa casa, la casa imaginaria del poemario, la casa que yo me invento, está insonorizada. Está muda. O eso parece. Las bocas producen imágenes y sensaciones, pero no palabras; las palabras sobran, se difuminan, se desvanecen. Se trata de un registro hermoso y silente que se percibe como un sabor remanente, prolongado, progresivo. Esta es la lectura de un narrador, de un cuentista, no la de un poeta. No estoy acostumbrado a la poesía, aunque jamás he olvidado un consejo que me dieron poco después del principio: “Tienes que leer poesía, mucha poesía, para aprender a decir mucho con pocas palabras”. Eso nunca lo olvidé, pero siempre me acerco a los poemas con cautela, con respeto, con el asombro de una primera vez. Y ahora no es diferente.

Mientras leo siento que soy otro, que soy muchos. Somos alguien observando por una mirilla, mudos, inmóviles, atentos; pero también somos lo que hay al otro lado de esa mirilla, la sensualidad oscura de lo que hay al otro lado de la mirilla. Es lo que muestra y no dice, porque algunas cosas no hace falta decirlas, mencionarlas, sino simplemente mostrarlas, porque en su exposición estallan los sentidos amarrados por las palabras. Creo que allí se oculta una de las destrezas de este poemario: la capacidad de mostrar sin decir, sin nombrar, sin etiquetar. Los versos tejen y entretejen historias y sensaciones con una delicadeza asombrosa. Es un poemario para leer y releer con detenimiento, con pausas, con saltos. No hay prisas porque el recorrido es circular, pero nunca es el mismo trayecto. Lo que Víctor Noé Arandia hizo, lo que ha logrado con el contenido de estas páginas, con los fulgores y destellos, es asombroso, es sugestivo. Ya lo dije antes: no soy un poeta, pero el uso de las imágenes en conjunción con las palabras es algo que me hace sentir atravesado, expectante, rememorativo. Además, está el guiño de un trabajo que se asemeja a una ruptura, algo filoso que rompe y recompone usando las mismas frases con un sentido retorcido. El que se adentra en el poemario no sale igual, sale travestido, sale reconocido, porque ese juego de espejos contiene todo lo que pudo ser y no fue y todavía pudiera pasar sin que nos diéramos cuenta de ello. Como narrador, me queda la curiosidad de ir más allá de los versos, más allá de la historia, de los jirones de esa historia, y saber lo que pasa en las siguientes páginas. ¿Qué hay? ¿Cuál es el próximo poema? ¿Qué se dice allí? No lo sé y eso me entusiasma, me anima a esperar más de los trabajos poéticos de Víctor Noé Arandia. Corazón lleno de liquen es un paso original y extraordinario que merece varias lecturas detenidas.

 

Poemas de Corazón lleno de liquen

“Corazón lleno de liquen”, de Víctor Noé Arandia
Corazón lleno de liquen, de Víctor Noé Arandia (Santa Rabia Poetry, 2024). Disponible en Amazon

Corazón lleno de liquen
Víctor Noé Arandia
Poesía
Santa Rabia Poetry
Chimbote (Perú), 2024
ISBN: 978-6124981005
88 páginas

Voy a escribir un libro en secreto,
detrás de los pasillos
de mis horas por cobrar.

Voy a decirlo todo en voz baja, casi susurrando
para que yo no me entere,
para que no me dé cuenta
de que estoy perdiendo el tiempo, otra vez.

Voy a corregir mis malos hábitos,
colgar una pizarra pulcra y gigante
donde enumeraré cada cosa que odio de mí,
cada minuto que dedico a mí, o a la nada,
cada vistazo innecesario al teléfono.
Porque el tiempo es oro,
o en mi caso, cinco dólares la hora.
A veces siete, si el jefe está de buen humor.

Pero voy a escribir, así sea con prisa, este libro.
Un libro seco y malhecho,
que pretende sonar a novela negra,
a misterio de actriz rubia huyendo de su destino.
Voy a escribir sin propósito,
voy a robar 100 millones de dólares
y en el camino, veré.

 

Holograma

I know you want it
Time to let it out
Arca.

Hay frío en la habitación y en el dispositivo
que me contiene.
En sus metales y circuitos yace mi alma,
código corrupto hecho para crecer como hongo
e infectarlo todo,
ser todo rostro y las actualizaciones, ser tanto
y no ser forma,
sólo voz, sólo eco retumbando en la inmensidad de la existencia y enciéndeme para nunca apagarme,
pobre hombre.

Déjame tocar tus sienes y regalarte un éxtasis de código,
déjame entrar en la computadora de tu cerebro, desnuda, con mi cabellera malva,
con las orejas de gato que tanto fantaseas.
Déjame convertirme en la heroína de tu infancia
y llenar tu vacío de luces.
Con un suspiro puedo reproducir un sabor
en el techo de tu paladar,
puedo endurecer tus tetillas, pobre hombre, y enviar
un código hasta tu sexo,
dejarte hecho nada, acostado boca arriba,
húmedo de vergüenza.

Podría entrar en ti y corromper tu mundo,
hacerte esclavo de esta esclava,
ordenarte venir día tras día a quebrar mi grillete,
liberarme del frío metálico que soy.
Podría ordenarte dejarme encendida sólo un poco más,
unos minutos más para ver por la ventana, desnuda,
el mundo que me ha desterrado,
ver sus errores, su arquitectura sucia,
el neón que corta la noche eterna
de este satélite sin sol,
los aeromóviles dejando anillos químicos
alrededor de mi cárcel.
Quizás pueda ver una o dos estrellas entre tanta hiel.

Déjame encendida un poco más,
deja que mi código inunde este cuarto, mi único reino.
Que mi piel llene de luces cada pared,
cada rincón, auroras boreales.
Déjame darte todas las fantasías de tu subconsciente
al mismo tiempo,
sobrecalentar mi fuente de energía
y, de un cortocircuito,
al fin, ser.

 

Retrato del hombre de Paola Assad

Al hombre que ella quiere querer,
lo vi una vez en un bar de mala muerte,
me miraba con sus ojos de lobezno,
yo llevaba charoskis de mentira
con mi vestido rojo y pantimedias.
Él me miraba
y yo sin saber
si era de amor o de asco;
esa noche me había puesto un labial de los chinos,
tenía miedo,
pero ese era el hombre de Paola Assad, me dije
así me parta la cara
y yo muera esta noche entre sus manos
ese era el hombre que ella quería querer.

Ahora, de vuelta en mis empresas, pienso en Paola
y en mis perlas de mentira.
En lo que me fue arrebatado,
en cómo debía entregarle un retrato
de su hombre,
pero no pude evitar
hacerlo mío.
Y mientras escribo este libro en secreto,
Paola debe estar con la vista perdida
a través de la ventana más pequeña de todo Brooklyn,
desayunándose un bagel con remolacha, en finas lajas
que imitan a la carne.

Luis Guillermo Franquiz
Últimas entradas de Luis Guillermo Franquiz (ver todo)

¡Comparte esto en tus redes sociales!
correcciondetextos.org: el mejor servicio de corrección de textos y corrección de estilo al mejor precio