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Escolios, de Pedro López Lara

sábado 1 de febrero de 2025
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Pedro López Lara
La poesía de Pedro López Lara, sentenciosa y aforística, es un auténtico contraoráculo que proclama sin dique alguno de contención el deprimente desacierto de ser.

Libro a libro, y con un ritmo de publicación inusualmente alto y constante, quince poemarios en cuatro años y en siete editoriales distintas, se va completando la obra poética de Pedro López Lara. El último libro en aparecer de esa larga lista, publicado en la reconocida colección española de poesía Hiperión, lleva por título Escolios, es decir, comentarios, apuntes anotados en los márgenes o al pie de un texto, cuya temática, tratándose de López Lara, suele ser generalmente la existencia y en este caso, en efecto, lo es. Advertencia: poesía existencial, desilusionada y virulenta. Un ejemplo: “Vivo en este zoológico, rodeado de marmotas / que me tratan de usted o me tutean, cual si yo hubiera sido / alguna vez una de ellas, / conociera su lengua” (“Intruso”).

Por otra parte, Escolios es sin duda un libro abundante en poemas, tantos como ciento treinta y cuatro, tal como acostumbran a ser los poemarios del autor, que no es tan sólo prolífico en publicaciones sino ubérrimo también en composiciones, que en esta ocasión, al igual que sucede en otros de sus libros anteriores, tienden a ser de escasa extensión, pues raros son los poemas que alcanzan o superan la barrera de los diez versos. Poemas de factura epigramática, ingeniosos, satíricos y, en muchos casos, incluso desabridos: “Sobre campo de gules (¡!), / dos ratas devorándose / —eso ya es otra cosa” (“Escudo”).

El poemario está dividido en dos secciones. La primera, “Estigmas”, la más amplia, y, completando el libro, la titulada “Naderías”. Su temática, la habitual en la mayoría de los libros de Pedro López Lara, está centrada en el proceso existenciario y denota un marcado y reconocible carácter existencialista, donde el absurdo, como en la obra del irlandés Samuel Beckett, todo lo permea y aniquila, exhibiendo un cierto sentido del humor, entre negro y sórdido, que trata de sobrevivir en medio de la desesperación inevitable: “Acabarás pactando. / Con todas las potencias / —las del bien, las del mal—, / contigo mismo. / Acabarás así: pactando” (“Acabarás así”).

“Escolios”, de Pedro López Lara
Escolios, de Pedro López Lara (Hiperión, 2024). Disponible en Amazon

Escolios
Pedro López Lara
Poesía
Ediciones Hiperión
Madrid (España), 2024
ISBN: 978-84-9002-244-3
74 páginas

En “Estigmas”, la primera parte de Escolios, encontramos buena parte de los asuntos que el autor suele abordar en su poesía. Para empezar, la metapoesía, el autodesvelamiento poético: “He aquí en canal mi verso abierto. Podéis entrar en él. / Fuera, la primavera hiede. Huidores, yo os ofrezco / una guarida frágil, pero todavía en llamas. / Jamás ingresa aquí la rosa, sabe / que en ella pernoctó el infierno” (“Refugio ardiente”). La atracción de la noche o el invencible desamor: “Volveremos a vernos. / En algún cielo o en cualquier infierno. / Da igual: hemos estado” (“Nos será familiar”). El desencanto existencial: “Deserta, joven, cuando estás a tiempo (...). Será tu vida entera la palestra, y tu futuro / un diminuto campo de batalla, / preliminar, vencido de antemano” (“Desinas ineptire”). El tiempo irrefrenable: “Despertarás un día del pasado y el pasado / no estará ahí. / Tendrás más tarde la impresión / de que esas cosas pasan” (“Son cosas que ocurren”). O, también, otro tema frecuente en la copiosa producción poética de Pedro López Lara, la opacidad galopante y terrible de la desmemoria: “Prosigue la memoria su camino entre tumbas / de lápidas borrosas, que no siempre descifra” (“Entre lápidas”). Para desembocar, tal como era previsible en un sumario de cuestiones líricas, en el tópico infaltable de la muerte: “Nada / queda ya por decir. / Se acurruca a nuestros pies el tiempo y, pleno al fin, / nos abraza o abarca” (“Encuentro”).

Pero en esta reseña de Escolios aún se ha de hablar de “Naderías”, la parte segunda y final del poemario. Y rememorando al poeta español del realismo literario decimonónico, Ramón de Campoamor, bien se podría designar el contenido de esta segunda parte de Escolios como “humoradas”, igual que a la parte primera le encajaría perfectamente la denominación de “doloras”, términos ambos característicos de la obra poética del asturiano Campoamor. Pero en esta ocasión el humor lo pone Pedro López Lara, con un sentido personal donde predomina el sarcasmo y que no elude tampoco los tonos negros: “Pero este mes no existe, me espetó. / Tuvo razón. Le hablaba yo / del mes que viene, / pero este mes no existe: / morimos siempre —es la costumbre— en este” (“Ausencia de lo venidero”). Una visión cáustica del mundo y de la vida, que no oculta tampoco la decepción esencial del poeta: “Me acuerdo de cuando era Dios, y el mundo sólo / un delirio evitable. Nunca fui tan feliz” (“Edad de oro”). O de igual manera: “Hablar del porvenir —la idea en sí— me cansa: / sinceramente, no lo veo / cargado de futuro. / Seré más radical: ni siquiera lo veo” (“Qué fatiga”).

Si Baltasar Gracián definía su afamado Oráculo manual como un “epítome de aciertos del vivir”, como un arte del vivir, la poesía de Pedro López Lara, sentenciosa y aforística, lo mismo que la prosa graciana, sería un auténtico contraoráculo que proclama sin dique alguno de contención el deprimente desacierto de ser o la tragedia de vivir en el sinsentido. Poemas ingeniosos y bien elaborados, con un estilo sobrio y preciso. Poesía formalmente impecable donde el surrealismo y el hermetismo aparecen con frecuencia, y traspasada por un extremado pesimismo existencial, que exige una lectura atenta, en la que el ácido y desencantado fondo del poema no impida apreciar la cuidada perfección del lenguaje poético, que se manifiesta en versos libres, donde la rima puede aparecer o no de forma espontánea, y escritos con un estilo lacónico y preciso.

En el último poema del libro, una escueta composición de un solo verso, Pedro López Lara nos describe el usual y compartido sentimiento de los galeotes del verso: “Me diluyo en palabras. Moriré verbal”. Y no es un mal morir para un poeta.

Javier Olalde
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