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Salir del espejo
(lectura de Habitar la forma, de Zorian Ramírez Espinoza)

sábado 31 de octubre de 2026
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Zorian Ramírez Espinoza
Habitar la forma es el primer poemario de Zorian Ramírez Espinoza y en él se observa la constante búsqueda de una identidad perdida. 📷 Astrid Hernández

Zorian Ramírez Espinoza nació en la ciudad de Caracas en 1996. Es músico y poeta. Autor de varios ensayos literarios. Ha participado en talleres y antologías; es también (junto con otros escritores) compilador del dossier Si el río abriese los ojos: antología de la continuidad, cuyo fin es la promoción de algunos textos de poetas, en su mayoría inéditos.

Su perfil multifacético resulta poco frecuente entre los jóvenes de nuestros días. Además de su actividad en la Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas, en calidad de contrabajista, y de su dedicación a la escritura, es un lector interesado en los temas filosóficos y psicoanalíticos.

Habitar la forma es el primer libro de poemas de Zorian Ramírez, en él se observa la constante búsqueda de una identidad perdida.

“Habitar la forma”, de Zorian Ramírez Espinoza
Habitar la forma, de Zorian Ramírez Espinoza (Fundación Editorial Tuqueque, 2026). Disponible mediante contacto con la editorial

Habitar la forma
Zorian Ramírez Espinoza
Poesía
Fundación Editorial Tuqueque
Caracas (Venezuela), 2026
ISBN: 978-980-7889-12-4
44 páginas

En su proceso creativo describe, reiteradamente, el intento por reconciliar un yo fracturado, el cual quizá sólo a través de la imagen poética podrá restablecer su escisión.

“Me he separado de mí / convertido en este otro que se aleja / me aferro a él hasta lastimarnos / ¿A quién pertenezco?”.

La identidad deshecha y disgregada es, al mismo tiempo, anverso y reverso, el antónimo incorporado a su ser.

Proveniente de una voz desconocida, la escritura de Ramírez Espinoza es hermética, poco lírica (extrañamente, si consideramos que el autor es también músico), sus referencias no aluden a situaciones concretas. Más bien, algunas de sus experiencias son descritas mediante representaciones abstractas, otras nos hacen pensar en ciertos mitos antiguos: “Reflejo perdido / contempla el cuerpo del agua / Huye de mí hacia el invierno”.

El mundo artístico es copia, duplicación, imitación de imitaciones, un reflejo en ese otro reflejo que proyectan los espejos, es decir, es mentira, falsedad en el sentido que Nietzsche le otorgaba al arte por su voluntad de abolir las representaciones existentes y así concebir nuevas formas de creación posibles.

Entonces, cómo recuperar la reverberación de las imágenes, ese eco infinito para que ellas no distorsionen y excluyan nuestras más genuinas emociones, esto es, su sustancia; cómo diferenciar las unas de las otras; cómo reconocer aquellas que únicamente reproducen pobremente el entorno inmediato, tal como lo hace el “realismo”, en perjuicio de la expresión.

Para acceder a la verdad poética quizás habría que abandonar la literalidad de las palabras, herederas de aquel “realismo”, salir del espejo, ir tras la ruta incierta de nuestros pasos cuando por la noche los caminos se bifurcan y multiplican el sentido unívoco de cada punto de vista para conducirnos a nuevas e inesperadas posibilidades estéticas. Escribir como lo hace el sueño al proyectar inéditas formas, en la pura libertad de sus asociaciones, o bien, como la música al desprenderse de la materia para ingresar en la más sublime esfera metafísica.

“Allí donde reposan los sueños / a medio camino de la muerte / Viertes la sangre de tus palabras”, expresa el poeta.

Sólo queda remover los escombros del poema, derribar los muros y todas las fortalezas que la conciencia impone a través de la repetición y de la costumbre.

Restablecer aquel yo desintegrado, surgido del desierto estéril, empleando cada letra, cada sílaba, cada verso y, por qué no, cada silencio, hasta que el poeta pueda volver a erigirlo con toda su fuerza en el poema.

Como bien dice Andrée Chedid, “Mirar, en poesía, es obtener el derecho al reverso de las imágenes, es quitar las vendas a las palabras”.

Habrá que mirar con ojos extranjeros, lo cual significa enfocar el mundo en una dimensión distinta y, desde allí, abonar la tierra para que ese yo desconocido y disociado recobre su plenitud, conciliando el anverso y el reverso de su ser, formando un cuenco (esta imagen es del poeta Zorian Ramírez).

 

Poemas de Habitar la forma, de Zorian Ramírez Espinoza

El mundo intenta salir del espejo
romper la quietud del agua

Grita mi nombre

Pero no soy sino una noche perturbada

Por una luz errante

Desencarno


Mis manos se extienden hacia la noche
recreo el cuerpo del otro
borro sus labios

El silencio

¿A quién pertenece?


¿Ves este rostro enfermo?

sus labios descansan de un lado
Dentro
Todas las palabras se arremolinan
lo desgarran

Nos une y forma un cuenco


Fracasas al tratar de convencerte
de que no has sido tú

Pretendes escribir otra historia

Devorando el poema


¿Qué sucederá después de haber llegado al final de las palabras?
¿sabremos interpretar los gestos
.....................................................o esperaremos la llegada de la luz?

La supernova dictará
una neo-lengua

Recordar será otra forma de estar
esparcidos en el cosmos

besaremos nuevamente la penumbra


Zorian Ramírez Espinoza (Caracas, 1996). Licenciado en Artes mención Música por la Universidad Arturo Michelena y contrabajista de la Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas. En 2022, publicó su trabajo de grado Las escuelas de contrabajo en Venezuela, reconstrucción evolutiva 1970-2003 (Cides) y la plaquette Memoria derramada (Petalurgia). Diplomado en reflexión y creación poética por la Fundación La Poeteca de Caracas. Ha participado en diversas antologías nacionales e internacionales. Es cocompilador del dossier de poesía joven venezolana Si el río abriese los ojos: antología de la continuidad, y editor asociado de la revista Círculo de Poesía. Coordina la colección de poesía “El alba ya no pudo negarme”, de la Fundación Editorial Tuqueque, con la que ha publicado su libro Habitar la forma. En julio de 2026 obtuvo el premio del VIII Concurso Anual de Poesía Lugar Común (Estados Unidos) con su libro El miembro fantasma.

Habitar la forma es parte de la colección de poesía “El alba ya no pudo negarme”, de la Fundación Editorial Tuqueque. La colección es coordinada y editada por Ken Pérez Morales y Zorian Ramírez Espinoza, y se realiza en colaboración con el proyecto de archivo anónimo “Residuos del abatimiento”, del artista visual venezolano Leonardo Almao. En esta ocasión fue invitado en calidad de editor el poeta y crítico Mijail Lamas.

Christiane Dimitriades
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