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Poemas de Luis Eduardo Barraza

miércoles 23 de septiembre de 2015
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Quizá la arruga

Nos han dado la tierra

Pero
también nos dieron

este hueco
en los ojos

este furor astilla

este
llover de suelo hacia dentro

esta mordedura
de hueso

esta memoria color
de
sed

 

Del exilio

¿Dónde quedó la puerta
PADRE

el sol que no pesa en la garganta

¿A dónde
sin estar en lo dejado

si la piedra
—–no rima
en tierra ajena

y el solo se nos hizo
muy de gallo

 

Ausencia

a la familia Mosquera Barraza

La casa
se echa andar por la ventana

Retorna sin sol
y sacude al gallo para que despierte

Toma lugar en la mesa
pero el pan no le habla

Contempla conojos de anciana

cada mueble
cada rincón

y se queda de pie

en la punta
de
una
espina

 

Casa de arcilla

Me falta tierra
—–para nombrarte
y un poco más de altura en lo roto

Me falta la espina
—-de caer en mí
La vocal de piel
————-que te levanta

Me falta pausa
para reinventarte
para desvestir la palabra

con un soplo
de ternura

 

Retrato

a mi madre

Su boca
teje lo roto en mi costado
Su mano
——–es una casa larga
donde el sueño no empina

Ella era el sin nombre
—–y yo la llamé cala

Desde entonces
———no se habita
Escucha un pájaro y se laguna
Me mira a los ojos y anochece

 

Poema

a Alfredo Chacón

Presencia que se empina
en el hueco de ser
y con la sin tierra en la mirada

nos desanda
así

en un solo de pájaro

 

La casa

¿Quién trajo esa puerta
¿Quién alzó tanta lejura en la palabra

¿A quién dio por mojar
lo más hombre
Si a fin de nada
————-nunca supimos estar hondo

y de tanta rotura

sol ahora
nos empieza por nacer

 

Infancia

Perdimos
la puerta del patio

y con ella
tanta lejura

¿Qué se hicieron
las paredes de barro

el café con olor a sueño
y el gallo aquel que se quedó

para siempre
bajo la lluvia

 

Osario

De aquella casa
algo despierta en la boca

Y esta calle que nos crece en lejura
y esta sequía
que se alarga en lo callado

Tanto amanecer
en lluvia
Tanta laguna en la palabra

Y ahora esta ceniza
que nos tiene en grieta

y este crepitar que nos habita
en el verbo.

 

Amanecer

Nadie se toca
la mordedura de tierra en el costado

Por eso el gallo se niega tres veces
como un acto de ternura

 

Maracaibo

En este furor
de ahuecar el día
el sol desanda el filo de la altura

y se nos acuesta
muy adentro

como un grito en los ojos

 

Solamada

Andar
con el hueso en la pupila

y respirar
su rajadura de fiebre

Si llover es cosa de otro sueño
Si habitar al filo es el amén de esta tierra

que nos sube
a la boca

con una poca
de nunca

Luis Eduardo Barraza
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