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Extractos de “Imprudencias”, de Ángela Molina

miércoles 11 de noviembre de 2015
Imprudencias Ángela Molina Poesía Editorial Diosa Blanca Caracas, 2015
Imprudencias
Ángela Molina
Poesía
Editorial Diosa Blanca
Caracas, 2015

Taller ocaso

Los otros hablan.
En el taller nombran a Heidegger, a Kant,
a Hannah Arendt, a Pessoa, a Octavio Paz.
Saboreas el café y escuchas.
Anotas en tu libreta:
llover, llover sobre el musgo de las palabras
hasta volverlas limpias, ásperas, esenciales
palabras-patrias, significados ambiguos y coherentes.

 

Aprendizaje

Quizá morimos solo porque nadie
quiere morirse con nosotros, nadie
quiere mirarnos a los ojos.
Octavio Paz

Me gustan las miradas largas y profundas
esas que no rehúyen.
Me gustan las miradas que no temen
mirar, devolverte el reflejo.
Esas miradas silenciosas
que son tacto.

Doy fe del poder curador de las miradas francas y sin ambages.
Me trepo a ellas como a una enredadera
para encontrar oxígeno. Cuando me faltan
cierro los ojos y las recreo.
Sé que existen y me mantendrán con vida.

O existieron. Eso basta.

 

Huesos

Los perros son sabios.
Cuando las poetas hablan callan sus ladridos.
Saben que el silencio es indispensable.
Ellos no sienten la premura de las gentes,
su desatinada ansia por llenar cada espacio
cada momento.
Su miedo no va más allá del castigo
de la sobrevivencia.

En la esfera celeste
todos los animales se dejan poseer
por la divinidad de su naturaleza.
Solo uno cierra la puerta a su instinto iluminante.
Solo uno vive en la oscuridad de la razón
y no se reconoce como bestia mansa.

Somos ese al que toda desnudez le causa espanto.

 

Hogar de loba

No es que no existan amores para toda la vida
es solo que no nos tocaron en suerte.
Nos hace esto acaso más volubles
pero no nos define la desgracia
no nos ata al desamor.
Simplemente nos vuelve intermitentes.
Encontramos a ratos
el resto del tiempo, estamos al acecho.
Y creamos amores con palabras
e imágenes, de savia.
Abraza al árbol, mientras tanto.

 

Las siete tumbas

No es un dato estadístico
por cada mujer que muere
siete hombres mueren también
al mismo tiempo y lentamente.

Mueren sus hijos, bastante,
si la quisieron y ella los quiso.
Muere su esposo, su amante, su pareja
o el que quiso ser cualquiera de los tres.

Mueren sus hermanos,
y si son huérfanos de madre, mueren por segunda vez.
Muere el que fue su protegido,
y si fueron varios, mueren más.

Ella, en cambio,
aunque es la única en la urna,
sigue viviendo en los recuerdos de estos otros,
que se mueren con ella.

Aunque esto último no es cierto.
La muerte es siempre sola.

 

Lo que no tiene nombre

A veces no hay palabras
en los límites del deseo
o del quemante sufrimiento.
No hay palabras.
Lo incondicional no acepta nombres.

Intentamos describir acercarnos garabatear
ponerlo en blanco y negro
evitar que nos explote en la cara
o vísceras adentro
para decir ¿entiendes?
para no ser número primo
y es inútil.

¿Cómo te nombro amor, cómo te nombro?
Sosiego, paz, luz, alegría
entre mis muslos corazón que late y se desboca.
Calor que sube intenso por el cuerpo.
Incontenible indomesticable
delirante desquiciado insensato
pero es más

¿Cómo te digo, dolor?
Soledad acompañada, incomprensión,
pérdida infinita
palabra muda
abrazo que no fue
campo de zarzas
espina lacerante
ausencia.

No todo puede ser nombrado
acaso tampoco es necesario.

 

Profano

Dios bendiga la soledad de los amantes
y los haga entrar desnudos en el templo
porque solo ellos son el pan que se encarna.

Dios bendiga el secreto indecible que callan
ojos adentro cuando el cuerpo se hace fiesta
y la piel se engalana y la sangre se agolpa
en su rumor, el único y secreto verdadero.

Dios los bendiga despojados
porque solo ellos conocen
la inmortalidad del instante.

Dios bendiga la sonrisa que surge en el placer
la carcajada
el gemido
la caricia
el silencio
que se guardan.

Fe y religión del tacto.
Solo ellos renacen.

Dios los libre de todo mal y los oculte
—en el juicio final ya están absueltos
la prueba es que están juntos.

Dios los cubra y escuche su plegaria
de la palabra y del tedio los ampare
de las leyes humanas los esconda
porque solo ellos son los pies del Hijo que camina
sobre la Tierra.

Dios los salve de renunciar al sacrificio
que se hacen uno al otro,
de preguntarse los porqués
del abandono
de confesar como pecado su pasión
de entregar vanamente el don divino
de leer los mandamientos.

Dios los salve.

Y los mantenga puros en el lecho
y prudentes solo fuera de él.
Después de haberse hecho pan
y alimentarse
que se callen.

Que no renuncien
que no confiesen
que no teman.

Que lleven el silencio
y no intenten descifrarlo
con razones terrenas.

Ángela Molina
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