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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Vieja forma de adivinación por aire

• Miércoles 13 de abril de 2016
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Gustavo Alatorre

El poeta Gustavo Alatorre ya posee una voz que lo identifica. Se podría apreciar en sus imágenes poéticas y en muchas de sus metáforas un hálito muy próximo al romanticismo, y la selección de poesía correspondiente a su libro inédito titulado Oscura prosa de vulgar latín no es la excepción.

Las nubes como estrellas cumplen el destino de una naturaleza melancólica. Las pasiones son resultado, parece ser, de una seña marcada de antemano por una fuerza sobrenatural.

Fernando Salazar Torres
Responsable de la selección

De la serie Voces actuales de México

(Del libro inédito Oscura prosa de vulgar latín)

Dueños de sus destinos son los hombres.
La culpa, querido Bruto, no está en las estrellas, sino en los propios vicios.
W. Shakespeare

I

Como una manera de embrujo, las nubes toman por tierra las montañas de la ciudad. Para viajar en silencio, igual que estrellas recién paridas, hacen las veces de niebla o de arrecifes del cielo. La posada silvestre donde la lluvia causa una tempestad, le sirve de casa para el invierno.

Mía sabe leer las nubes.

…………………………..Les pone nombres de piedras o de saetas y construye en su vuelo un remolino de adivinación: alguna vez leerá en ellas mi muerte, mi crisantemo amoroso, mi palabra de hierba. Pero su corazón estará cerca de mí, atado al paso de las estrellas, como una nube que toma por tierra el alma de un condenado.

 

II

La fuerza es contener mi corazón, ser una sola con la paciencia y el olvido, saber que el amor es un cometa dando vueltas en el huracán más bello de la noche. Saber que el amor es un cometa que lo destruye todo. Mi padre me dijo que tendría hambre, y una sed oscura que solo tienen las amapolas en el invierno.

……………………………………………………………….Tengo catorce,

y el amor en mí florece como una lava que avanza y lo quema todo. Para bordar en mi cuerpo, fue necesaria la tarde y la tempestad, la garra de un león que sembró en mi boca las dracenas y los presagios.

……………………………………………….Mi voluntad es la adivinación, mi palabra derrumba mundos y apaga estrellas. Mi corazón es un cometa, ya lo saben, que barre el tiempo de la noche.

 

III

Miro a mi padre beber tras la ventana, ajeno a toda mirada, ignora que lo observo. Su cabello desciende como las noches cuando sueño con nubes.

……………………………………………….……………..Hay algo de magia en su forma de toser, en su manera de librar el aire de los pulmones por el asma de niño que adivina.

……………………………………………….……………..Mi padre, creyente de los presagios,

me ha puesto por nombre la estrella de la mañana, la constelación que amarra mi destino con el de los árboles y las tormentas.

……………………………………………….……………..Por su manera de verme, sé que su amor es predicción, un enjambre que arremolina mi vida con la ventura del ave, los crisantemos del fuego y la constelación de las manos:

……………………………………………….……………..Como una lluvia que de pronto cesa, detiene su copa, se inclina tras la ventana y me descubre mirando dorada en el último relámpago de la tarde. Y las estrellas de su cariño anidan mi alma, como hace el fuego con mis ojos, como hace el vino con mi cuerpo:

mi casa llena de soledad y fantasmas.

 

IV

El auspicio del cóndor suele usarse para la guerra. Nadie como él predice las fallas y la estrategia de una batalla a librar, ocurrida en el campo o en las flores de una cama.

……………………………………………….El vuelo uniforme del cóndor, sin embargo,

no es seguro como presagio;  pues este animal aéreo como todos los dioses de su estirpe, suele mentirle al hombre, engañarlo con la pureza misma del niño.

Dar un zorro al cóndor, una ardilla menor o semillas del campo, o tal vez un diente de mar  como una ofrenda preciosa, suelen servir para su caza:

……………………………Pues el hígado del cóndor es más exacto,
y una vez muerto el animal, la claridad es más precisa:
la caída de un cóndor desata siempre la guerra.

 

V

Pero los vicios se amarran a las estrellas, desatan temporales de primavera en la lujuria de los viejos, comen los sueños de las jóvenes tristes y hacen gemir de fiebre a las plantas de la noche.

Los vicios, Bruto, hacen del cardo una tormenta grave, un huracán que enciende el primer fuego del odio, el mercurio de la envidia, la soberbia de los poetas.

Para entender el amor como cosa precisa, como materia que estalla,
hay que aferrarse a un vicio.

…………………..Dejarse llevar por la corriente ordinaria y de todos los días.

Y si el alma es universo, si el alma en verdad se expande como un principio del sueño, los vicios son, entonces, querido Bruto,

las estrellas mismas, la constelación que ha de marcar nuestra vida.

 

VI

El fémur de un ave como amuleto precisa el don de la conquista. No hay flor que huya a la esencia de la estocada del macho, al arrebato sobre la cama que suelen traer los perfumes raros y las sonatas soberbias.

…………………………………………..Quien porta un fémur de buitre, de un águila real o algún ave mayor como si fuera un fénix, tiene ganado el cielo de las mujeres:

……………Se abren como la noche después de la tormenta, se brindan en la espesura de un parque, bajo el amparo de la cocina, o en el armario del marido.

Toda hembra tiene marcado el canto del velero de un buitre, del hueso que porta el licor del amor, la calentura que embelesa el cabello y los ojos y los tobillos y los dedos meñiques y las sienes y la crin y el terciopelo de las hembras.

El fémur de un ave, sin embargo, también acusa la muerte.

Arrastra al hombre por las veredas del alma con la tristeza del bosque, y el alcohol de las ciudades.

…………………Se dice que un ave, transformada en ángel, fundó el auspicio de los barrancos, las nubes altas, las tempestades.

…………………Y encadenó las almas a la melancolía de los años.

 

VII

Las nubes de hoy son más reales que las nubes de estas palabras. Pero estas palabras hacen que duren más. Así el corazón de esta escritura
tiene mayor eternidad que el corazón verdadero que te abraza.

Cómo presagiar entonces la tristeza, cómo adivinar esa melancolía que se reparte en una tarde como esta, contigo a mi lado, contemplando el derrumbe de este mundo.

Las estrellas se mueren. Los hombres y las mujeres apenas surgen del silencio.

…………………………………Por eso te escribo, y la palabra Mía te contendrá en el amor más oscuro, y la palabra Anaïs será una lluvia como esta, llena de nubes en el mundo, llena de estrellas muertas, con su derrumbe y todo eso.

…………………………………Cómo presagiar entonces la tristeza.

Gustavo Alatorre

Poeta y ensayista mexicano (Ciudad de México, 1979). Estudiante de doctorado en letras en la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam). Ha publicado los libros de poesía Guardar del Infierno (Fridaura, 2011), Nueve nocturnos para que duerma Lesbia (Fá Editorial, 2014) y Epístolas mayores o El libro de la oscuridad (Versodestierro, 2015), así como el libro de ensayo El derrumbe amoroso; apuntes sobre la poética de El turno del Aullante, de Max Rojas (Fridaura, 2013). Su obra poética ha merecido diversos premios literarios. Realiza desde hace 2008 el Encuentro Nacional de Poesía Max Rojas Ciudad de México.
Gustavo Alatorre

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