Plegaria a la inutilidad
Tantas cosas ya no me corresponden.
Pensarte, por ejemplo.
Parece más un ejercicio de saqueo en la memoria.
Un esmerado esfuerzo individual.
Salir a pasear por donde sonrías,
por donde tu mano aún me busque la espalda
y no encuentre insectos.
No es que esté mal pensarte.
Mi pensamiento es mío,
no le debo explicaciones públicas a nadie
de mi fantasía.
Es que ya no me corresponde hacerlo.
Ya corre el tiempo lento
de aprender a despertar sin preguntar
por vos,
por tu espacio completo.
No me corresponde la sonrisa
si escucho tu nombre,
si las bocas indiscretas
te traen de las vocales
hasta este olvido raro.
No me corresponden
los suspiros oxigenados,
esos que se mezclan en los dedos,
los que hurgaron tus cosas más lindas
para quedarse enredados en pavadas,
en pataleos obsoletos.
No me corresponde en absoluto,
no tiene el menor sentido pensarte.
Considerar que te abrazo un poco
entre tanta ausencia
cosida con silencio.
Resucitar tu caricia,
la que muda la piel
hambrienta, combustible.
No me corresponde este pensamiento.
Ni alguno que te incluya en lo más pequeño.
En todo el tiempo que pierde su sentido.
Samsara siempre tiene la última palabra.
Y ha dicho:
No quiero.
Conjugación
Soy árabe.
Soy siria.
Soy colombiana.
Soy Charyteca.
Soy boliviana.
Soy paraguaya.
Soy porteña.
Soy pan casero.
Soy agua, vino.
Soy mis errores.
Soy la mirada crítica de mis aciertos.
Soy poderosa.
Soy insolvente.
Soy pequeñísima.
Soy el alma solita.
Soy las mujeres que admiro.
Soy los hombres que adoro.
Soy los niños ahogados.
Soy la madre que ha sobrevivido.
Soy un ama de casa.
Soy la puta del barrio en invierno.
Soy la palabra inconclusa.
Soy el indecible fuego.
Soy esta tristeza.
Soy la risa espasmódica.
Soy la confusión que se prefiere.
Soy la inconsistencia de la realidad.
Soy mis rencores.
Soy los sueños escrupulosamente febriles.
Soy este suelo.
Y todo el suelo.
Soy este cielo.
Y todo el cielo.
Lluviecita
La suave violencia
de un cuerpo inflamable.
Pichoncito fácil
tropezando en un beso.
Sin brujas ni hadas, va
la princesita hambrienta.
Un corazón desnudo
no sabe de latidos.
Es todo temblor
aunque no llueva.
Lo bien que le vendría
cargar una corteza,
dice y se sacude las rodillas
sin que nadie la vea.
Ahoramismo
Podría llorar acá ahoramismo
por lo que no fue
por lo que no será nunca
por el tiempo que no mirarás mis sueños
por el espacio que no ocupará mi cuerpo en tus abrazos
Podría llorar acá ahoramismo
por la boca que lamí sin respuesta
por la piel que nunca acompañó la espera
por el silencio detrás de lo dicho una y otra vez
por la mirada
Podría llorar acá ahoramismo
sin provocar escándalos públicos
ni familiares
sin dejar una sola huella de la entrega
efectiva del alma
sin que una sola persona comprenda
qué cosa nombro
cuando te busco en mi sombra
y te encuentro
y me haces mucha más falta
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