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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Misivas que son testamento

domingo 27 de agosto de 2017
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3 de enero. Corral de Indias.

Donnie, llegué esta mañana al Corral de Indias y de inmediato fui a buscar mi acreditación, pero no existe, no estoy acreditado para ingresar al “Festival de la reconciliación”. Imagino que culparás a la becaria o a la secretaria. Espero que ustedes recuerden que hace veinte años tuve que salir huyendo de este violento país. Donnie, una cosa es asistir a un evento donde hay vigilancia para hombres de Estado y otra muy distinta es estar al alcance de los sicarios en un hotel cualquiera. Llevo doce horas sin salir del hotel, ¿será un problema la cuenta del servicio a la habitación? No me he tomado unas vacaciones en 20 años, creo que la revista puede correr con los gastos. Especialmente si me mandaron a la boca del lobo, a escribir sobre un evento en el que no estoy inscrito. Hice unas modificaciones del itinerario, espero aterrizar en NY el doce de enero con la primera parte del artículo escrita.

Estoy pensando irme a otra ciudad, no hay razón para quedarme acá encerrado si no puedo entrar al evento. Puedo seguir los acontecimientos a través de la televisión y la prensa. Desde la habitación 1313 que me han asignado podría escribir el artículo, pero ese no es mi estilo.

Desde el piso 13 veo que al otro extremo de la bahía, en el puerto comercial, descargan coloridos contenedores de un buque mercante. ¿Cuántos de ellos vendrán de Liberia?

El corazón se acelera con más facilidad a los 45, y luego es difícil hacer que baje el ritmo, por lo menos en mi caso. Me siento al borde del infarto, y cuando fumo el cuerpo me pide de inmediato unas cervezas heladas en un intento desesperado de evitar una crisis cardíaca. O quizá sea sólo paranoia. De cualquier forma, estoy muy viejo para esto. Ya no soy un periodista de guerra.

Esta tarde me atreví a salir, caminé por las calles más concurridas que encontré hasta la ciudad amurallada. En la playa un buitre comía peces muertos, sobre él revoloteaban aves marinas que buscaban el mejor ángulo para lanzarse en picada en pos de una presa viva. Un par de indigentes dormían sobre la arena suelta de la playa, bajo los cocoteros. Fue una tarde nublada, con brisa fresca. Durante todo el trayecto me siguió una motocicleta con dos tripulantes.

Antes de entrar al hotel el melancólico canto de las cigarras anunciaba las lluvias nocturnas que ahora caen. Desde el piso 13 veo que al otro extremo de la bahía, en el puerto comercial, descargan coloridos contenedores de un buque mercante. ¿Cuántos de ellos vendrán de Liberia?, ¿se harán controles antiébola en este puerto?

 

4 de enero. Santa Rita

Galatea, hoy llegué de incognito a Santa Rita con un tour de ancianos, voy a pasar el día camuflado entre pensionados. En el Corral de Indias hay gente sospechosa rondando el hotel.

Como mi salud no es buena encajé en este grupo de inmediato. Me ocultaré detrás de unos lentes oscuros y beberé toda el agua de coco con ron blanco que me sea posible. El tour incluye unos recorridos guiados, así que haré ejercicio. Ahora hicimos una pausa para almorzar. Hace un rato, en la playa frente al restaurante, contraté las manos benditas de Paola, una mulata de cara delicada y labios carnosos que me hizo un masaje de hombros por 20.000 pesos —menos de 10 dólares. Lo que no pudieron hacer los especialistas lo logró esta mujer. Entre los pescadores que sacaban sus redes cargadas de peces pequeños hubo un intento de velada boxística en la que intervino la policía.

Los vendedores de paseos en lancha ofrecen viajes baratos hasta Playa Blanca, donde la única forma de evitar carbonizarse es alternar la sombra de la carpa con el agua helada. Te juro que es preferible un encuentro con animales de arrecife como la barracuda, el tiburón tigre o los peces león a sentir que tu cuerpo se cuece de afuera hacia adentro. De regreso en El Rodadero paso frente al edificio Guasipungo, donde en 2010 descuartizaron a unas personas, luego las sacaron en maletas que abandonaron no muy lejos. Es un barrio truculento este, nunca sabes qué pasó donde te hospedas. El turista promedio no sabrá eso cuando alquile el espacioso lugar. ¿Podrán los inquilinos dormir en las noches, aun desconociendo lo que allí ocurrió?

No muy lejos de donde nos espera el autobús una familia de indígenas kogui mastica hojas de coca cerca de la escollera, donde hay un santuario de iguanas. Los adultos kogui tienen la altura de un niño de 10 años. Pensé tomarme una foto para que los vieras pero ellos creen que las fotografías les roban el alma. Frente a mi hospedaje unas indígenas wayúu vestidas con prendas amplias y coloridas venden costosas mochilas a la sombra de un trupillo. Negocian sus artículos con los pensionados que estoy viajando.

En las noticias locales informan que unos drogadictos se metieron a robar en la casa de una familia que estaba de vacaciones. La policía los encontró dormidos de la borrachera. Recordaré dejar los licores a la vista, cuando deje la casa sola.

 

5 de enero. Burning Horizon Resort.

Donnie, a las tres de la tarde el ritmo de vida en el Caribe cambia. Las criaturas de la noche comenzamos a ver el lado bueno de la vida después de esa hora. La ciudad se mueve a un ritmo más agradable, sigue la esquizofrénica busca del éxito material, pero por lo menos la gente sonríe sin tanto esfuerzo.

El aparato policial desplegado en la carretera incluía lo último en tecnología para la vigilancia: un dron registrando desde el aire, patrullas 4 x 4 con cámaras detrás de los parabrisas y torretas con ametralladoras calibre .50. Lo que significa que también habría policías encubiertos. Quizás la seguridad diurna espante a los que vienen a delinquir a la luz del día, pero la lógica me lleva a pensar que es en la noche cuando los verdaderos delincuentes aparecerán.

Llegamos al hospedaje a media mañana, nos registramos, subí a mi habitación y desempaqué la botella de ron. Llené un vaso con hielo, busqué el canal de música, subí el volumen, tomé una ducha, me vestí con ropa de playa, encendí el aire acondicionado y bebí hasta que el hambre me hizo bajar a almorzar. En estas latitudes no es recomendable salir sin protección solar. Eran las cuatro cuando entré al restaurante. Me comí un churrasco con mucho chimichurri. Mi hígado procesaba media botella de ron y el dragón de komodo que tengo en la tripa rugía. Frente a mi mesa una señora de unos 40 años devoraba su comida. La turista parecía haber sido atacada por el ecosistema entero. Por lo que llevaba encima pude imaginar a los vendedores de artesanías que le habían hecho probarse de todo “sin costo alguno”. Usaba anillos de madera tallada, un juego de aretes y collar hecho con semillas selváticas de colores vivos, llevaba el cuero cabelludo tirante por las trenzas, lentes de sol chinos sin filtro UV, sandalias con plataforma de espuma multicolor y en el suelo, junto a la mesa, un flotador con forma de caimán en tamaño real, desinflado. Mientras masticaba comprendí que la señora de lo insolada que estaba no notaba que sus axilas parecían carne de langosta hervida y que su espalda parecía carne asada. Un típico caso de insolación asociada al uso del aceite de coco. ¿Se durmió luego del masaje? ¿Le ofrecieron una “pruebita” que luego resultaría en un baño de aceite de coco? Imagino que pagó a precio de spa, pero como se sintió aliviada de las tensiones lo disfrutó sin remordimientos. La siesta y la insolación fueron cortesía de la casa. Llevaba atiborrado el bolso playero, probablemente de regalos —artesanías y baratijas— para toda la familia. Si estuvo bebiendo cervezas intercaladas con agua de coco, mangos verdes con sal, cóctel de camarones, dulces de coco, etcétera, no es de extrañar que aún su cuerpo no le pasara la factura por el descuido bajo el sol. Se despertará a media noche delirando por la fiebre, deshidratada. Mañana no recordará cuánto se gastó hoy. Una mujer difícilmente desprecia un ofrecimiento razonable, sobre todo si está sola y la tratan con amabilidad. Los vendedores lo saben.

Al finalizar la tarde los vendedores ambulantes parecen aburridos y ociosos. Pequeños grupos de personas comen en los puestos de comida callejera junto a la playa.

Los más desesperados en venderte sus productos y servicios reaccionan al “no, gracias” más como extorsionistas que como vendedores:

—No sea tacaño, colabóreme.

Al atardecer caminé por la playa, anochecía y aún quedaban unas 200-300 personas. Despiden el día y reciben la noche con aguardiente y vallenato; es una vieja tradición. Música sin amplificación eléctrica, sólo los instrumentos y quienes los interpretan. Donde sea que pases la noche escucharás el repique de la caja y el llanto del acordeón, la brisa se encargará de llevártelos. La lluvia tenue puede espantar a los más sobrios, pero los ebrios son obstinados, ellos permanecerán bajo las carpas y rogarán por que no sea una tormenta eléctrica.

Sentirse perseguido convierte al hombre en una rata ansiosa por salir del laberinto. Sólo los paranoicos, los psicópatas, los neuróticos y los cínicos pueden adaptarse a este entorno. Estar borracho, o parecerlo, parece calmar a las autoridades. En este país gustan de los turistas borrachos y generosos. No es tierra para rebeldes sin capital. La gente desaparece con facilidad en las madrugadas. Para evitar malos entendidos y evitar ser exprimido por los vendedores ambulantes recomiendo actuar como borracho bonachón. Sonriente y sumiso. Si alguna vez vienes porta contigo monedas de alta denominación cuando salgas a caminar. Si te piden limosna, haz tu aporte y acelera el paso. Si te quieren robar la moneda los desconcertará y eso te dará unos minutos para irte. Recuérdalo, sonríe y continúa andando.

 

Ayer me encontré en un centro comercial con un escritor y un crítico literario. Comían helados como dos viejas chismosas. Me vieron y se hicieron los gringos.

7 de enero. Bellaquería.

Donnie, estoy en Bellaquería. Opté por no escribir para que no puedan seguirme el rastro en caso de que me hallan hackeado el correo electrónico. Han pasado veinte años desde la última vez que estuve acá, pero las cosas no han cambiado. Los vecinos del barrio donde crecí demuestran lo alegres que están oyendo vallenato, reguetón y bachata a todo timbal. Diagonal a la casa que pertenecía a mis padres, en lo que parece una pensión, varios jóvenes ven videos musicales proyectados en una pared. Beben whiskey. Un cantante con voz de castrato cuenta historias de desencanto e infidelidad. La alarma de seguridad de una casa vecina se disparó hace horas y nadie parece incómodo al respecto. Deben ser las ventanas que tiemblan por efecto del ruido. Cada vez que apagan la alarma se escuchan los aullidos desesperados de los perros mezclados con la música, que proviene, por lo menos, de cuatro fuentes diferentes. Es uno de esos calurosos días en los que el aire acondicionado trabaja a doble marcha.

Los titulares del noticiario hablan de nuevas masacres en México. En el triángulo de Sinaloa los que se lucran de la ilegalidad de las drogas siguen imponiendo la ley del miedo. Hace dos décadas comenzaron a llamarla “la nueva Colombia”. Estoy convencido de que el narcotráfico es un cáncer estatal, se nutre de la doble moral de los gobernantes.

Casi lo olvido, ¿recuerdas que alguna vez te mencioné algo sobre el círculo literario de esta ciudad?, pues casualmente ayer me encontré en un centro comercial con un escritor y un crítico literario. Comían helados como dos viejas chismosas. Me vieron y se hicieron los gringos. No soporto a los hipócritas, a los cínicos, a los pedantes y a los idiotas.

 

8 de enero. Puerto Serpiente.

Galatea, en este país es peligroso ser periodista, creo que sólo México y Afganistán llevan la delantera en las estadísticas de muertos anuales. Si trabajas independiente a los intereses de los medios masivos de comunicación no tienes quien te respalde a la hora de investigar temas que puedan acarrear amenazas de muerte, ataques y persecuciones. En un país tan violento e intolerante el precio de una vida parece ser tan insignificante como el valor del alma. Por eso, o cambias tu rutina diariamente o acabas muerto.

En las noticias me entero de que en el Océano Pacífico la isla de detritos flotantes resultantes del tsunami de Fukushima llegó, como era temido, a California. Es tan radioactiva que a su paso terminó con toda la vida que entró en contacto con ella. Llaman a una emergencia internacional, los de protección de la fauna no quieren meter las manos. Los cetáceos, peces y demás habitantes del mar comienzan a acumularse sin vida en las playas de California. El problema de salud pública es aún minúsculo en comparación a lo que viene en camino, anunciaron un huracán en el Pacífico mexicano, Joy lo bautizaron, y se calcula llegará al Caribe mañana, en algún momento del día.

Hoy, mientras tomaba un zumo de naranja en una frutera llegó un hombre al que le faltaban varios dedos de la mano, al parecer sobrevivió a un accidente. Su piel parecía cera derretida. Su cara estaba medio cubierta por el pelo largo que le crecía sólo en la parte superior de la cabeza, en la coronilla. ¿Cómo pudo sobrevivir a algo así?, ¿cómo no perdió la vista si fue un incendio? Llegó en una camioneta Toyota blindada. Usaba ropa deportiva y zapatos de marca. Era musculoso, lo que me hizo pensar que quizás desarrolló un gusto particular por los esteroides que le ayudaron a recuperarse físicamente. Un tipo alto, hecho de una fibra resistente al fuego, un fisicoculturista con la piel como la de Freddy Krueger.

 

10 de enero. La Nevera.

Donnie, hoy desperté recordando un sueño: una familia conformada por un padre, una madre y un hijo, se dedican a sembrar marihuana usando el método semihidropónico de los nativos de los Everglades de la Florida, los seminolas. La familia tiene un problema, una pareja de hipopótamos llegó hace dos noches por el río desde la hacienda Nápoles. El padre de familia no les ha quitado el ojo de encima desde entonces, para no dormirse balancea el ron con cocaína. Sabe que si usa la Magnum el cuerpo del animal llamaría la atención río abajo, luego vendrían a buscar al responsable y dañarían su discreto negocio. El tipo considera soltarles los perros, no quiere que se acerquen a sus plantas. Prefiere perder un par de buenos perros a perder su medio de subsistencia. Con esos animales sueltos no ha podido pescar, y sólo le quedan cinco gallinas. Las reservas de legumbres son abundantes y el agua es suficiente, por ahora.

El corazón no late a la velocidad que nuestras manos pueden moverse, y generalmente, nuestras manos no logran poner por escrito el flujo de nuestras ideas. Salvo que teclees muy rápido. Tengo mucho que contar, pero lo dejaré para el artículo.

En los aeropuertos —como en el que estoy ahora— puedes ver cómo se separan las familias por trabajo y placer. No necesitas tener mucha imaginación para visualizar a los padres irresponsables escapándose a los tugurios, bares y antros, en busca de ocio, vicio y entretenimiento, mientras una niñera calenturienta cuida a sus hijos.

Un vuelo a la capital no debería ser tan traumático, pero con un genocida impune y con curul en el congreso todo es posible. Acá, si un periodista opina, debe ser a favor de los que visten con saco y corbata. Los demás tememos por nuestra vida. El que no elogia es marginado de la logia. Te hacen la guerra sucia, hackean, acosan e intimidan con mensajes crípticos. En la sociedad de los miramientos, los contenidos difundidos por los medios masivos de comunicación muestran un ínfimo porcentaje de los hechos que pasan a lo largo y ancho del planeta cada día. Cada noticia presentada tiene el fin de producir algo en la audiencia, de motivar a la compra masiva de algún producto o a influir sobre la abstracta opinión pública.

 

Acá siguen primando los músculos, las nalgas y el ruido. No es accidental que la puntualidad y la amabilidad sean vistas como muestras de debilidad.

11 de enero. La Nevera.

Galatea, la capital de este país se mueve al ritmo de la cocaína. Si el Estado regulara la producción y venta de las sustancias hoy ilegales, podría invertir ese dinero que acumulan las organizaciones criminales, en escuelas, bibliotecas y hospitales. Sería la única forma de acabar con ese mercado ilegal. En cuestión de años se saldaría la deuda externa, habría recursos para invertir en investigación, y un largo etcétera de posibilidades. Parece que sólo los padres de los adictos se preocupan por la falta de control sobre la calidad de las sustancias con las que deciden envenenarse sus hijos. No hay a quién reclamar, al enfermo se lo trata como delincuente y como desecho humano. Los hipócritas dirán cosas como “se lo tienen bien merecido”, lo dirán hasta que caiga alguien en sus familias y no sepan a quién señalar. Ese es el control que debe asumir el Estado, a mi modo de verlo, lo mejor es ofrecerles medicamentos de calidad a unos pacientes educados para el consumo responsable. La mejor forma de humanizar el violento mercado ilegal es convertirlo en ceñirlo a los procedimientos oficiales que establezca el Ministerio de Salud. Las fuerzas militares podrían beneficiarse de los beneficios de la siembra y el ministerio de salud de la comercialización. Así le ganarán la guerra a los narcos y la abstracta “guerra contra la droga” llegaría a su fin.

Cambiando un poco el tema, veo que en la calle los zambos y mulatos tienen conflictos con los blancos y mestizos. Acá siguen primando los músculos, las nalgas y el ruido. No es accidental que la puntualidad y la amabilidad sean vistas como muestras de debilidad. Imponerse es la regla general y el humor humillante es reflejo claro de ello. Entre los gallitos de copetes engominados y de pecho hinchado por el perico se confunde arrogancia con seguridad. Suelen reunirse a beber whisky en la vía pública en sus vehículos todo terreno, son generosos con el volumen en sus vallenatos cargados de machismo y disfunciones sexuales. Si su padre no les enseñó a respetar a las mujeres ¿qué podemos esperar? El vallenato y el reguetón son los géneros musicales ideales para los misóginos, sus letras son el legado de padres mujeriegos, “sementales” adorados por ese género de mujeres destinadas a ser mantenidas o, por el contrario, a ser cabeza de familia. Si nace hombre preñará a cuanta mujer que se deje meter el gol. Si es mujer se buscará uno igual, vivaracho y amigable. Esa es la tradición. Cuando no inviertes en tu perfeccionamiento y estudio tienes que aprovechar cualquier oportunidad de mojar la brocha. En esos ambientes las madres e hijas son monedas de cambio, artículos útiles o inútiles (según sea el caso) que adornan o afean la casa. Para esos machitos preñadores las mujeres son reinas, porque les perdonan las infidelidades como haría una reina que sabe lo que le conviene.

En la sociedad de los miramientos importan más las apariencias y lo que otros dicen de ti que tu esencia. Nadie habla de la tortura detrás de la creación, ni de la energía y la motivación que necesita un individuo para crear. No lo hacen porque no saben cómo, repiten, imitan, copian, parodian, plagian.

 

12 de enero.

Donnie, en el periódico encuentro noticias que por esta época del año se repiten:

Las corralejas de Sincé dejan 25 personas heridas y 18 caballos muertos. El título no menciona el número de toros asesinados. Las cifras no reflejan muertos. ¿Será esa matanza un sacrificio a la Virgen del Socorro, la patrona de la fiesta? Increíble, los vehículos eléctricos reemplazaron a los movidos por combustión interna y aún se sigue con prácticas medievales como esa. Este espectáculo diseñado para sádicos ofrece trabajo y entretiene a fanáticos del salvajismo que gozan con la destrucción de la vida natural. No basta con matar a los animales, luego de muertos la gleba les salta encima, como homínidos hambrientos. Las graderías llenas de los peones famélicos esperan la oportunidad para saltarle encima al toro y descuartizarlo con sus manos.

Los palcos sirven de atril a los ganaderos rivales que organizan esta demostración de poder y generosidad. En mis casi 35 años de estar despertándome en esta ciudad, en este país, cada vez es más fuerte la sensación de que las fuerzas oscuras -Convivir-Rastrojos y todo lo que hay en medio- están desesperadas por erradicar la diferencia. Esos que ostentan el poder, que se imponen a la fuerza o aplicando el miedo son los más débiles mentales. Sus argumentos no se caen, nunca se elevan de lo volátiles que son. Sus votantes deben ser cocainómanos con el cerebro arruinado, o sus corbatas les cortan la respiración, o quizás los perfumes de contrabando que se rocían deben llevar escopolamina, porque viven para comprar pendejadas superfluas y odiar a los “malditos comunistas”. A eso llaman vida exitosa.  Poco imaginativa esa idea de éxito. ¿Pero como razonar con un fanático adicto a la caspa del diablo? Que el ala política que representa  a los paramilitares tenga tanta fuerza demuestra que su “democrático” está ahí porque no podían ponerle “Circo Cínico” o “Sádico Cínico”, a su partido político.De eso viven los del PNL. De saber trucos dialécticos como esos.No debería extrañarme. Por algo llaman a Colombia la Israel de América. Pero no me acostumbro a esta hipocresía que los embalados armados disfrutan como si fuera una montaña rusa.tas les cortan la respiración, o quizás los perfumes de contrabando que se rocían deben llevar escopolamina, porque viven para comprar pendejadas superfluas y odiar a los “malditos comunistas”. A eso llaman vida exitosa. Poco imaginativa esa idea de éxito. ¿Pero como razonar con un fanático adicto a la caspa del diablo?De eso viven los del PNL. De saber trucos dialécticos como esos. No debería extrañarme. Por algo llaman a Colombia la Israel de América. Pero no me acostumbro a esta hipocresía que ellos —los embalados armados— disfrutan como si fuera una montaña rusa. Que el ala política que representa a los paramilitares tenga tanta fuerza demuestra que su “democrático” está ahí porque no podían ponerle “Circo Cínico” o “Sádico Cínico”, a su partido político. De eso viven los del PNL. De saber trucos dialécticos como esos.

No debería extrañarme. Por algo llaman a Colombia la Israel de América. Pero no me acostumbro a esta hipocresía que ellos -los embalados armados- disfrutan como si fuera una montaña rusa.

A media tarde se anuncia el ingreso de otro paciente con ébola en Estados Unidos, al parecer contagiado del paciente proveniente de África, aún no se confirma la versión. Se sabe que el infectado trabajaba en un basurero municipal, donde colapsó desmayado. En España se han aislado 52 personas que al parecer tuvieron contacto físico con la auxiliar sanitaria infectada. Al paso que vamos no creo que lleguemos al cuatro de julio.

 

12 de enero. NY, NY.

Galatea, el vuelo estuvo excelente, sin turbulencias, fue como estar estacionado durante 5 horas. Llegar temprano al hotel no sirvió de nada, toco esperar hasta las once en el lobby. En la habitación tomé una siesta hasta pasado el mediodía. Cuando venía en el taxi recordé un verso de García Lorca, del poema “New York, oficina y denuncia”: “Todos los días se matan en New York / cuatro millones de patos / cinco millones de cerdos / dos mil palomas para el gusto de los agonizantes. / Un millón de vacas / un millón de corderos / y dos mil gallos / que dejan los cielos hechos añicos”.

Este viaje me ha hecho pensar mucho en ciertos detalles que quiero dejar especificados en mi testamento. Luego volveremos a ello.

En el hotel Best Western de Queens donde estoy alojado no hay restaurante ni cocina, por fuerza he tenido que alimentarme con chucherías de la máquina expendedora. La máquina de sodas está dañada y por un dólar recibí tres latas. Mientras comía esta comida sintética me vino a la mente otro verso, del poema “Aurora”, también de Lorca: “La aurora de Nueva York tiene / cuatro columnas de cieno / y un huracán de negras palomas / que chapotean las aguas podridas”.

Mañana cruzaré el Hudson y nos veremos de nuevo, por fin. Estoy ansioso de volver a casa. Pasaré antes por el Gosfel Park para ver los ciervos silvestres. Luego iré al Mary Ellen Kramer Park, a visitar las cascadas desde las que se sacrificó Peggy Sue. Sabes que es casi un ritual cuando vuelvo a casa.

Este viaje me ha hecho pensar mucho en ciertos detalles que quiero dejar especificados en mi testamento. Luego volveremos a ello. Pero quiero adelantarte la mejor parte: cuando muera por favor metan mis cenizas en un coco vacío y me siembran en uno de los parques nacionales de Colombia. Si decides hacer una velación asegúrate de reproducir música de mis cinco bandas favoritas, con buen volumen y de manera continua. Dejemos que sea The Doors, Motörhead, Black Sabbath, Led Zeppelin y Pink Floyd los que espanten a los hipócritas y a los fanáticos religiosos. Si te es imposible cumplir mi voluntad de incinerarme y hacer desaparecer mis cenizas, si te ves obligada a sepultarme, asegúrate de que mi lápida diga: “Visitas sólo al caer el sol. En Halloween traer ron blanco”.

Francesco Vitola Rognini
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