A Mario Monicelli
Fuera de la vista del gran público, tras los baluartes de la bella Toscana, amagada entre las heréticas rocas que ponen fin a la hueste de los pinos de los llamados Picos Pardos, se yergue la osamenta de un viejo castillo que solo visitan las neblinas. A pocos pasos de allí, siguiendo por el camino del este, los clientes de una antigua venta gustan de sorprender al caminante ávido de misterio con unas pocas leyendas que aún rebosan algo de verdad.
Si convida el viajero a algún aldeano o confraterniza con el dueño, emergerá con toda seguridad ante la lumbre la gesta de un tal Rolán o Rulón, héroe impetuoso, amigo de Boccaccio, quien en la batalla del cuervo pasmado vio cómo su espada quedaba atrapada en la funda y pasó ocho largas horas entre los matorrales fingiéndose una perdiz hasta que fue desplumado en la famosa taberna mas no por soldados hambrientos de gloria sino por dos tahúres que buscaban la forma de volver a Florencia con los bolsillos llenos.
Otra leyenda no menos famosa en estos lares es la que narra la historia del bufón de taberna Giovanni E., alias Papamoscas, hombre rechoncho, entrado en canas, bestia fabulosa mitad palomo, mitad tábano, con más vueltas que el carro de un buhonero, considerado grande entre los de su oficio y maestro de pedorretas, además de erudito en todos los saberes pues conocía el latín y el griego, o eso decía, y, lo más importante, leía el pensamiento de los hombres, arte ingrato este que precisa de años y de coces. El tabernero asegura que el tal Giovanni aún vive y es de la misma opinión su suegra, la madre de Benita, que tiene algo gordo en salmuera (ahora no recuerdo qué es). Llegados a este punto, queridísimos lectores, lo mejor será que vayamos al grano y conozcamos de primera mano la historia de Giovanni el Papamoscas, tal como la cuenta el dueño de la taberna.
Historia de Giovanni, el Papamoscas
“Giovanni es un chivo como la copa de un pino y tiene la mirada mustia de las pocas alegrías que le reserva la vida pero aquí no acaba la historia de Giovanni, que vale más por lo que calla que por lo que cuenta aunque lo cuenta todo. Suele contar a su vecino, el pastelero, por ejemplo, que le dan unos vértigos enormes al doblar la esquina, se entiende que por la gorda cornamenta y la gravedad esa que hace de las suyas, por eso le entra una tortícolis de mil demonios y está todos los días de baja por cornudo. Su vecino, el de los pasteles, que casi nunca consigue cerrar a la primera el tapón de la botella, es también cornudo y anda entre gaseosas y tintos todo el día pero sonríe y asiente como un flan pues no lo sabe y todo es por culpa del espejo, porque no tiene, todo lo más uno de esos espejitos mellados donde no se adivina nada, ni el alma de una pulga, y los zapatos ya no le entran como antes porque en lugar de pies tiene grandes pezuñas de cornudo. Giovanni, cuando el cornudo de su vecino inserta el tapón a la primera, le habla de sus problemas a su otra vecina, que es también cornuda, casada con un hipócrita al por mayor, y así, entre elegías fofas, los dos vecinos acaban por tocarse hasta la médula, que quien no jode revienta. El hecho es que la cebolleta de Giovanni le hace floripondios también a una señora de Siena que viene siempre a explicarle lo de la crisis (otro día hablaré de los floripondios pero ya adelanto que es algo así como volutas de argamasa que se fraguan en soledad). Hablando de soledades, a Giovanni de vez en cuando le coge una tristeza inmensa e incluso piensa en darse una cornada, el pobre. Y mira por dónde ayer me dijeron que iban a enchufarlo y ya no le hará falta limarse los cuernos de madrugada, que así no hay quien duerma, y ahora dice a todos que eso del sexo es una tontería, una hipocresía muy grande y el que más o el que menos se echa un arreón o se pone un rábano en salmuera como la madre de Benita”.
- Sonetos del amor - viernes 20 de febrero de 2026
- ¿Dónde está el humor? - viernes 23 de enero de 2026
- Tres homenajes - viernes 12 de diciembre de 2025


