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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Poema de Luis Cortés Bargalló

domingo 26 de noviembre de 2017
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Luis Cortés Bargalló

Esta muestra presenta distintos momentos de la poesía de Luis Cortés Bargalló, tanto en su forma y estructura como en el discurso. Del poema breve y minúsculo, pasando por el verso medido ocultándolo con la cesura, hasta el juego del blanco al mover el verso. Hay un bestiario que alude a ciertas identidades entre los animales y los seres humanos, además de un poema sobre una de las zonas más importantes de la ciudad de México, el Centro Histórico, mismo que enuncia hechos de Mesoamérica, así como sus costumbres.

Fernando Salazar Torres
Responsable de la selección

De la serie Voces actuales de México

[De Tàpies y Joyce]

si
…..riuretorn del món.
Ramón Xirau

Este es
el blanco
inicio
imagen
que desborda
late
en blanco
en banda
escribe

sí quiero.
Porque duele
sí. Raspar la
sangre seca
de la tela
enjabonada
noche

donde sólida
disipa
los tachones
coagulados
líquida
como la luna
hiende
un campo
un camposanto
malva nieve:
el hueso de
su día
sí como
el granito
en su altitud y
timbre

tónico
y agudo sí
del turbio
seminal
flamazo
del desfogue y
periferia
suburbana
suspendido
sobre el punto
inmóvil
blanco


por el dolor
que abrasa e
incolora los
colores
indoloros
en la imagen la
materia
que desconcha
en sí
por sí

la misma carne
trapo
escaldadura
velo ardiente
cada vez
cambiante al
desbandarnos
solitarios
al origen

intervalo
firme
cierto
en el
desierto
sólo solo

(Del libro Filos de un haz y envés, Trilce Ediciones, México, 2007)

 

Monos

Si los animales hacen demasiado ruido en la naturaleza,
¿qué diremos del hombre? El hombre y los demás monos
Gérard de Nerval
(la cita viene de Jorge Esquinca)

“Orangután” proviene del malayo.
La palabra se registra en nuestras lenguas
en 1843. Viene de una larga travesía, pólvora, bodegas pestilentes, una bitácora contable, calabozos
—quiere decir “hombre salvaje”. Como ahora, todos los zoológicos del XIX —by all means
querían tener su “hombre salvaje”. Traducirlo al costo con su hoguera sobre el césped recortado, junto al chorro de agua clara, bajo el artesón azul celeste del domingo.

Frente a la jaula de eufemismos arbóreos, varas,
camuflajes —la aburrida llanta, los andamios a lo Piranesi—
observo a una hembra que se acerca a la vidriera
como flama de caoba consumiéndose en el aire controlado.
El negro dorso de sus manos, las palmas callosas acarician los cristales. Busca la mirada. Algo
de fastidio, hastío; lianas de naufragio, lejanía, despojo. Inclina la cabeza —su pupila absorbe el entresijo urbano donde la paloma desfigura un nervio inconsolable.
Parecía lanzarme algún murmullo, trato de tomarlo
acomodarlo suavemente en mis oídos como brisa
mientras ella me pasaba un tallo verde, alfalfa fresca
—alfalfa y alfabeto: trébol, trino: fronda de su coro—
por un orificio apenas perceptible entre los sellos.
¡Ah, los hombres!, con sus gestos, el garrote por las dudas.
Rascándose, pelando el diente. Ríen de este lado
confundidos, irritados por el parecido inaceptable
con la parentela que retoza hinchando el buche.

Y ella volvía a colocar el dorso de sus poderosas,
maltratadas manos sobre la vidriera. Y alcancé
a escuchar como un suspiro de distancia muy cercano: motosierra en las entrañas de una selva de muñones. Alzó los brazos al borde del vacío. En medio. Pero
no hay en medio ni en ninguna parte de la argolla suelta
y su vaivén el eslabón perdido de la especie: nuestra especie que desciende sola de un clavado. Y el zumbido afín
de la violencia ensordecido en la vitrina —el griterío,
los cubiles de cemento— y en los diccionarios.

“Madagascar” en clave, pasaporte,
contraseña (véase The curse of the Jade Scorpion —Woody Allen).
“Madagascar” palabra que subió
sin peso al muslo el brazo hasta mis
hombros. Lémur. Cosquilleo
de un manojo de huesitos: la
temperatura sobrehumana. Los
pulgares de grafito, más meñiques.

Madagascar o lémur. Péndulo de hipnosis. Fuego de ojos
y chasquidos. Vi la danza frágil,
más interrogantes avanzando.
Circunvoluciones de la mente
a la vereda oculta; de la orilla
al escondite —¿es oscura
el alma, su refugio arde, busca
la salida?, ¿sumergirse?

Madagascar-lemúridos inmersos
en la selva. Signos y cortezas,
¿más interrogantes?, oro de ojos en la noche. Virginal fantasma.
Pasos peatonales desolados. Con
la cola erguida. Curvo. Trepo.

Y en mitad del tronco encuentro
una escalera desunida por mis
garras. Madagascar salté
de un mundo, de una hélice
a la otra. Rasguñando a medio salto. Así chasquidos, lémur.

Y estirando. Absorto. Bajo de
la sombra alterna de una palma
sin tocar el suelo. Asido entre
la lámpara y la reja, el bebedero,
jícamas picadas. Me descuelgo contraseña, pasaporte. Caigo injerto entre fantasma y planta (Nietzsche saludaba al niño)
capturados en la foto (con lémur).

Indescifrable
el chimpancé “me mira…”
se sube los tirantes,
ve la hora imaginarios:
pinta mocos, ¡sopas, parrot!,
con su mueca maliciosa
de Popeye. Da la vuelta,
sacude los pulgares victoriosos. Darwin, muy famoso
en La Condesa, dormidote
ahora junto al Benny, que
por más que quiso, acariciaba
y le decía “mira, Darwin…”
nunca pudo, no del todo
rescatarlo —cabecita loca—
de sus años descarriados,
miserables en los circos
de barriada. Escrutando
los espejos y las gradas
apestosas. Y los piojos.

Me arrastro de una sombra
a otra empujado por el sol
que salta de una rama al precipicio
de una imagen que interroga. Con
sus monos aulladores, mono araña,
los macacos, babuinos y bonobos,
monos del Planeta de los Simios;
“árboles que gritan”, simios del “portal de Galta”. Van de frente y de perfil,
de sesgo, changos de Germán Venegas asomados por las costras del dibujo
disolviendo la mirada, los follajes
de arañazos capilares. En el filo de
la tinta, las ventanas empañadas
con palabras ilegibles, gestos y saliva,
lenguas que revuelven sueltos vahos
de hinchazones. Ni les hablo
ni los veo ni los oigo. Recortando
con el dedo que se escurre transparente en los cristales, ¿de qué lado surgen?,
¿en qué gota resbalan y se ocultan?
Más retratos de hulla y de neblina;
trópicos descalzos en el árbol que
los trazos desvanecen y vacían. Con
las manos en la frente —el hormiguero—, comezón entre la sombra, los oídos
persiguiéndose entre labios que en
la raya no sonríen pero sí. Conmigo.

 

Columnas

para Elsa Cross

Palenque

Con la palma
de mi mano tomo
el borde de un
talón de estuco
—lo único
de pie sobre
un tablero maya. Todo el peso
sostenido por
el muro repoblado de humedad
y liquen negro.

Entre la hojarasca
los follajes densos
oigo el paso duro
de las mulas y de
los trabajadores
que descienden
con sus pies
de lava —uñas rotas los huaraches
enlodados— el
sendero vertical
oculto atrás
de la pirámide.

En la orilla de los basamentos y el desmonte los anafres
las mujeres
junto a la tinaja
de refrescos
policromos
en el hielo.
Una cinta
de humo suave
azul y verde.

Tras los árboles
de lima y el granado los trabajadores
van a los comales.
Surgen de la selva
hablando maya.
Los machetes
en sus hombros sudan savia luz
y barro. Frescos.
Verticales como
las mujeres que
reviven brasas.
De la frente a los
talones firmes
pesan lo que pesa
un cuerpo repoblado.
Pulsan verticales
en la palma de una
mano. ¿De qué mano? si preguntan. La
que tienen manca hipotecada
quienes aseguran
gobernar —y duro—
con la otra mano.

 

Cape Sounion

En la columna derrumbada
……………………………….la hiedra se destrenza de la sombra amarillenta
………………………………………………………………..a los grafitis rojos.
Los cansados caracoles buscan su refugio cerca de los musgos
……………………………………………………la resina secos
—la cigarra se reseca bajo los jazmines delirantes.

Un hombre se desplaza y su demora arrastra en el escombro sigue por la piedra picoteada
…………de la tarde
……………………………………….y en la orla intraducible se detiene
—algo dijo Valéry de las columnas:
………………………………………………..Nous chantons à la fois
……………………………Que nous portons les cieux!
……………………………………………con melancólica latría.

Las nubes femeninas adelantan su perfil dorado.
…………………….Las aguas incrementan otros tonos escondidos
…………………………….—van del índigo al violeta.

En las tibias erosiones
……………………………….hay un par de gatos que se yerguen como flamas
………………con sus ojos de aceituna.

Y en el borde del acantilado
……….donde el mar empieza
……………………………………….a disolverse el hombre interna la cabeza naufragada
……………………………………………….en las tormentas inaudibles
…………………………………………………………….del atardecer. La espalda se le ha vuelto larga. Vertical
……………….como la noche. En otro tiempo —pecho a tierra—
……………………………..ya le habrían ofrecido nombre
—ya lo apuntan contra el bóreas fragmentado—
………………y una sombra que escuchar frente al oleaje negro. Abrirle paso. Ferries, flying dolphins, faros.
……………………………………Se volvió incompleta. Yace. Alarga sólo.

 

En el Centro Histórico

Axis mundi: ombligo los braseros bajo
el humo. Al centro de
la Plaza Exhalaciones.

Los rumores del
copal las ascuas que
descaman verticales
los mestizos re-

molinos escoltados
rehiletes genitales
los plumeros tricolores
y danzantes. Mangos

amarillos. Chile rojo
y el rebane cascabeles
de los bafles la
fayuca. La culebra.

La calaca descarada contoneando diamantina
su rumbero ilíaco. Descarnados sol

y rajas. Bayonetas y
volutas de los cuatro
barrios cardinales.
Cardinalis de bilé

penacho rojo. Huevo.
Muela. Gallo giro
diente de oro hasta la
cresta. Bate clara

en los solares. Sub-
lunares multitudes
Pantitlán-andén-Cuatro
Caminos. Serpentina.

Humazo de epazotes
los respiraderos de
arcoíris sudorosos.
Deambulando entre

la reja la marchanta
el alarife sueltan la cuchara
y amarguras de escayola
para el agua de jamaica.

Descamisan esternones
elevando la corona sucia
la incobrable espina
escupen. No revira.

Enjuta. Queda
inmóvil. Asta. Se
estremece. Carraspea
contra el viento.

(Del libro La lámpara hacia abajo, Ediciones Sin Nombre/Secretaría de Cultura, México, 2016).

Luis Cortés Bargalló
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