Ecos
En una casa ruinosa de Avdiivka
envuelto en una toalla de franjas azules y blancas
un hombre se alisa el cabello mojado frente al espejo
Tararea una vieja melodía ucraniana
En una habitación de Barcelona
una mujer desnuda peina su cabello
largo, negro
y se contempla frente al espejo
Se escucha un sonido fuerte, grave
y los vidrios de la ventana estallan
El hombre cae al piso
Una gran mano le aprieta los pulmones
Deja el cepillo a un lado
Baja la cabeza y mira su pecho
Los pezones se le endurecen
Una humedad agradable la va llenando
Sin preguntas
Sin respuestas
El hombre palpa su torso
Siente cómo la sangre escapa
(En ese hueco cabe su dedo)
Con la mirada débil busca respuestas
Pero las preguntas
igual que él mismo
no pueden levantarse
Se frota el coño
Se mete un dedo
Lo saca, lo mete
Alcanza a ver el espejo
Se sacude
Se desvanece
Ya nada importa
Se agita
Más, más
Como si muriera
Cierra los ojos
Y el mundo desaparece
Nada importa ya
The sax man at the night
(Descarga. Sábado, 00:47 horas)
Comendador de las mejores notas que el internet desperdiga
En cualquier ciudad elegida por la noche
Las decanta hasta la condición del oro
Como en el sueño del alquimista
Las digita tan altas, tan puras
Como el hielo montañoso de virginidad increíble
O las vuelve tan profundas
Como la gnosis del último de los persistentes
Artífice que lanza al vuelo arquitecturas efímeras
Desde las llaves, la campana, hasta el oído de ansiosa espera
Esculturas gloriosas en medio del vacío que quisiera negarlas
Enciende los ritmos arteriales de lenguas y besos
Enramándose, viralizándose en habitaciones lejanas, cómplices
(De Roppongi a Cypress Hills, de Floreasca a Zibatá)
Él es quien clona, quien maneja las manos ajenas
Que hipnotizan a los muslos dudosos pero dispuestos
En una intensa síncopa de humedades
Cuando aún crepitan las brasas melódicas
(De Roppongi a Cypress Hills, de Floreasca a Zibatá)
Cuerpos anónimos en tiempo real
Habrán de apagarse nota a nota
Para luego morirse
Suavemente
Con su canción
Playa Delfines
El mar:
íntimo jacuzzi de domingo
masajea mi pensamiento
con borbotones de sal
La arena:
relajados, flexibles
nuestros pies descalzos
nos llevan de regreso hacia el útero
La brisa:
ah, digital seda de gran turismo
(las nucas y espaldas la hospedan sin cargo)
Las gaviotas:
alas circunflejas
piruetas guturales
siempre extranjeras
vuelan en otro idioma
El mar
La arena
La brisa
Las gaviotas
Estos versos que leo en voz alta
Yo mismo
Somos hebra que el recuerdo comienza a enredar
para luego desmadejarnos y tejernos con puntos diferentes
en horas y lugares tan distintos, tan distantes
Tejer / destejer de manos laboriosas
de manos innombrables
Tejer / destejer
Nada es cierto ya
Nada
Nada
Salvo el crepúsculo
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