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Poemas

viernes 20 de abril de 2018
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De la serie Poesía joven de Venezuela
Con selección de Gabriela Rosas

tú no estuviste cuando las casas se quedaron mudas
y los cuerpos mordieron silenciosos las aceras
tú no estuviste a la hora de los silbatos
ni viste la despedida amarga de las cosas
tú no supiste a qué olían los escombros
ni cómo brillaba lo caído cuando se iba la luz
tú no viste el atardecer del lenguaje
ni el exilio de las palabras
tú no viste el tiempo quebrándose detrás de mentes jóvenes
ni a aquellos bailarines celebrando las victorias de los peores
tú no viste la devolución de los ríos
ni las tragedias de las ciudades que se quedaron sin nombre
tú no estuviste aquí en el tiempo de los cuentos tristes
—el tiempo de todos—
mientras éramos pobres y el día se agotaba más rápido
tú no estuviste en la separación de los hijos
ni viste los dolores que aquejan también a las habitaciones vacías
tú no estuviste aquella noche de salvajes preguntas
ni pudiste decir sucedió aquí

no estuviste
no estuviste
para no ver la devastación de la amnesia
no estuviste
porque temiste inflamarte los ojos

Y llegas y preguntas: ¿qué pasó aquí?

y te responde una pared caída
la aspereza que prosigue a toda pérdida
el implacable testimonio de las cosas.

 


 

Eso queda: retener en la mirada el deshacerse.
Hanni Ossott

Te levantaste rápido
viajaste por la boca
huiste de la noche de los árboles
temblaste
elegiste otro nombre
te mudaron de cuerpo
deshiciste un nudo
negaste los perfumes
te salió la fiebre por los pies
insististe
tocaste
se te volvió agria la memoria
llenaste todo de saliva
reíste
te sirvieron
ocultaste el hambre
usaste mi apellido
te quitaste la ropa
limpiaste los colores
te saciaron
volviste a amar
perpetraste un incendio
mentiste
lamiste todo
tumbaste una casa
murieron tus padres
apagaste la luz
escapaste por el techo
manchaste la calle
te pusieron música
te acostaron
te quisieron
te prendieron velas
regaron el suelo con tu verdadero nombre
y escuchaste la verdad.

 


 

Hay
contagios
desamparos
paredes situadas entre nosotros,

No es esta la casa

una herida ciega
permanece
aplazándonos

 


 

El migrante es un cuadro vacío
una palabra rodeada de silencio
un cuerpo que se escapa
para que nadie mire a través de él.

 


 

¿Quién vive en las ruinas de un cuerpo olvidado? ¿A quién pertenece ese abandono? El dolor pregunta, la marca atraviesa. ¿Es la herida que responde o acaso la sed de nosotros?

*

Se llama despojo. Otros lo llaman pérdida. Pero es el fuego que respira sobre las cosas idas, es la soledad que desgasta los muebles, es el aire que primero escapó de la casa.

*

Las cosas no retornan al tacto. Las cosas se hacen irreconocibles en la casa caída. Permanecemos leves en lo ya desconocido. El cambio nos ha expulsado muy lejos: Nuestra casa está en ninguna parte.

Zakarías Zafra
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