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Hablemos, de Octavio Santana Surez

Poemas

• Domingo 27 de septiembre de 2015

rotas estas manos voy claramente a tu silencio
/en la casa de los sordos
convoqué la última palabra
cuando te dije no éramos lloraste
cuando reuní a los tres rasgaste la garganta
ahora cruzo balcones
naves sin ecos
siete templos de tejidos rotos
——nadie me dice si hay ruido después

De Al otro lado de la vía oscura (Ediciones del Movimiento, 2015)


en el horizonte frío ahogo una búsqueda

te nombro
y el cuerpo se retira de la memoria

te invoco
luego me enfrenta la ida

salgo, tiento
experimento la vacuidad sobre la textura

De Al otro lado de la vía oscura (Ediciones del Movimiento, 2015)


En la oscuridad del cuerpo nos enfrentamos

nos buscamos ahí donde todas las viscosidades se rehacen

separamos los fuegos
iniciamos la llamada constante

y del otro lado no queda nada
salvo lo que nombra
la impaciencia


Tú me despiertas entre las sábanas y el amanecer se inaugura en un roce irrepetible.

Yo te detengo en el frágil suceso.

Esperamos tanto para este desmayo.


I Festival de Poesía del Reino Animal

Ninguno ha podido decir
(quién sabe si por temor al desprestigio)
que la poesía es un invento de la fatiga.

Ella, coinciden todos,
revuelve unas supuestas sensibilidades
y le otorga otros atributos
a los dedos.

De lo demás
(rasguños, lenguajes, negociaciones)
se encargan los guardaparques.
La poesía es perezosa
y es incapaz de vencer la siesta.

Pero aquí, además de árboles, hay corrales,
largos pasadizos y palabras envueltas en moco verde.
Casi todos están incomunicados
y el aire es tan opaco
que hay una sola verdad.

Cada tarde,
cerca del lago de los caimanes,
se decide
quién hará la digestión con los visitantes.
Quién, con los mismos sonidos
y la mitad del instinto,
puede generar más aplausos mecánicos.

La contienda es inhumana.

Los de allá se burlan de los de aquí.
Los de aquí no quieren saltar la reja,
tal vez por respeto a la violencia (o por horror al prestigio).

De cuando en vez hay una matanza
pero la nube de polvo
escribe siempre una versión parecida.
No hay cambios en las carteleras
ni mucho menos en los mapas o en las guaridas.

Los de aquel lado defienden su hondura.
Los de este no saben si es barro o asfalto seco.

Muchos han visto cómo lo hacen.
Es casi pública
la forma en que defienden su grandeza.

Les dicen poetas, pero se predan.
Los llaman por un nombre, pero es incorrecto.

Habría que olvidar tanta bajeza:
La Casa del Ser es un zoológico.


El hombre quiere ser volcán
y dejar más que el suceso después de la lava.
Quiere estallar, derrumbar pueblos, prolongar su erupción hasta la niebla.
El hombre despierta y se erosiona.
El hombre estalla y cambia el paisaje.

El hombre no quiere el ahogo de una sola nube,
no quiere la calma de los balcones de agua en el horizonte
el hombre ígneo
el hombre piedra
puede no despertar nunca
puede renunciar al estallido y dejar el magma como nieve
pero el hombre quiere ser volcán
porque el calor lo convoca
y su contextura está hecha para el incendio

el hombre volcán quiere estar despierto
y fijar su casa en la explosión inaudita
en el fuego que él es
y que en él camina
el hombre volcán no quiere volver a ser hombre, sino estruendo
y la superficie de la tierra lo soporta
y lo enardece

el hombre volcán busca el derrumbe para parecerse a la historia
el hombre volcán busca el reposo y la soledad inmensa
pero sólo después de haberse estrenado en la llama
el hombre quiere ser volcán
para ser volumen, hoguera, espejo
y que su vigor sacuda las ciudades
y todo su ardimiento se recuerde en las velas

el hombre quiere ser volcán
quiere que su temblor se anuncie y se vea de lejos
quiere estar a la altura de su fiebre
el hombre quiere ser volcán
para que la noche decaiga ante su aliento de ceniza
y los caminos carguen las piedras que lo proclaman desde el origen

el hombre quiere ser volcán
porque una convulsión incesante se lo advierte
y temen los suelos y quienes los habitan
porque el estallido no acontece sino con días aciagos
y desangramientos de fuego

el hombre quiere ser volcán y no sabe
sólo lo presiente el humo que habla
desde él
y antes.

Zakarías Zafra

Zakarías Zafra

Escritor, editor y músico venezolano (Barquisimeto, Lara, 1987). Reside en Ciudad de México. Autor de los poemarios Quinquenio (2009), El bemol de los latidos (2011), Al otro lado de la vía oscura (Ediciones del Movimiento, 2015) y la plaquette Kintsugi (2017), y de los libros de cuentos Blanda intuición de párpados (Librero ETC, 2014) y La montaña de los niños (Tercer Escalón, México, 2017). Ganó el concurso nacional “Découverte de la Francophonie” (2012), convocado por la Embajada de Francia en Venezuela. Textos suyos han sido publicados en los portales Cultura Colectiva, Qué Leer, Ficción Mínima, Sorbo de Letras y Clímax, incluidos en revistas literarias como Otro Páramo y La Caída (Colombia), Viceversa Magazine (Estados Unidos), Estampas y DigoPalabraTxt (Venezuela), y en antologías digitales como el Stand Up Poetry, Los Poetas del Cinco y la selección de poesía joven venezolana Entremuros en el blog Décima Avenida. Es uno de los 34 jóvenes escritores seleccionados en el libro Nuevo país literario, publicado por el Fondo Editorial Banesco (2016). Obtiene en 2013 una Especialización en Periodismo y Ciencias de la Información (Universidad Europea Miguel de Cervantes, España) y es magíster en Literatura Latinoamericana (Universidad Pedagógica Experimental Libertador, Upel).
Zakarías Zafra

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