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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Seis poemas

lunes 30 de abril de 2018
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El público

Es lo mismo:

La ausencia siempre te lleva a la caída

Corres
por el mismo camino empedrado

Los hombres te saludan con las manos mojadas

Después de una larga aprobación
hay muchas formas de complacerte ante el espejo

Pero en el silencio
del vidrio
nada importa

Todo vuelve

Decides ocupar un puesto en el féretro

Lanzarte al agua helada
esperando congelarte
ante el aplauso del público

Escondes tu cuerpo
como quien esconde algo bajo su almohada
porque sabe que es peligroso

Y nadie asume

lo obvio.

 

El acantilado

Dejarlo así
quieto sin alboroto

Entretenido
para que
podamos caminar tranquilos
en la noche

Yo por tu lado
Tu por el mío

Entretejiendo esta soledad con un hilo rojo

Aflojar la cuerda
que los acordes no sean más que chillidos

Prender la vela
con la luz apagada
apretar fuerte los dedos contra los ojos

Asumir la intermitencia del espacio

Cerrarte la boca con ternura
para dejar de oír tu ronquido profundo

Guardar a la bestia en el cajón

Reencontrarla
luego en otra vida
sabiendo que fue nuestra

Dejarlo así
llamarla
para que acabe con todo

quedarnos en silencio

poner nuestros cuerpos en orden
y volver a empezar

en el borde filoso del acantilado.

 

Encuentros del tercer tipo

Inspirado en el poema
“El otro idioma” de Kahlil Gibran

Una vez tuve una pesadilla
caminaba por distintos lugares

Presa en el mismo silencio
que no entendía

Tan sólo caía
como caen todos los silencios
en un fértil terreno de cenizas

Lo sentía en las líneas
Y en el cariño que de a poco se volvía invasivo

Lo sentía en la tristeza de cada cosa

Conversaba
con un hombre que asumió
sus propios huesos
como obras de Duchamp

Con una mujer que
contrajo su cuerpo
para buscar el movimiento
en un valle de flores de trigo

Incluso lo sentí
mientras observaba a aquel anciano
que en las noches se acostaba sobre sí mismo
imitando una ballena
que se adentra en la oscuridad

Me encontré con un bebe que tosía
posaba sus pequeños pies cerca de una laguna casi seca

Lo escuché
como si escuchara una sinfonía

Me salían lágrimas de los ojos

pero eran sólo palabras de bebé
retorcidas y ausentes

no
significaban
nada.

 

Escribir es inútil

Evolucioné de la calma
a la excesiva euforia

Al volver me he convertido
…………………………………………………….en un fantasma

Agonizo a través del desencanto
de un hombre que palpita en lo negro

antonimia de lo lúgubre

suya es la herida
tan tan honda
que todas mis heridas
se han vuelto un rasguño

(cubiertas con una simple curita de barro)

material insípido
museo de la insostenible carne abierta

no escribo
ya no juego desnuda entre las flores secas

He regresado a la vida
pero de nada sirve
los ángeles no mueren
en el batir de sus alas
sólo encuentro el vaho de las respiraciones azules
el olor dulzón a fruta podrida

Sin embargo les sonrío
porque son mis ángeles
Y me han dado una vida
que no conocía
han chupado con un pitillo de opio el virus óbito

Y cuando vives
escribir
es
inútil.

 

Las formas del cemento

Volví a la misma avenida

Ahora estaba sola
Y los carros pasaban más rápido que antes

Era peligroso
pero hacía algún tiempo había dejado de tener miedo

Me paré en el mismo lugar
recordando esa húmeda calidez
de hace unos meses
que no volvería

Observé la calle con detenimiento

Encontré al mismo señor de barba blanca que me observaba aquel día

Estaba mirándome
pero ahora sus músculos
lucían algo atrofiados

Un poco atónito, cruzó la calle

Venía directamente hacia mí
balbuceaba entre sollozos

Ese muro es mío
¡Me pertenece!
Lo he martillado por días

El señor parecía estar loco
pero era tierno
Así que continué oyéndolo

Tenía la voz húmeda y ronca

Descubrí que no me observaba a mí
Ni aquel día ni este

Miraba el muro
intacto
romperse detrás mío

Su voz se terminaba de quebrar

Volteé.

Le creí sin ninguna otra razón
de una forma peligrosa

Sentía algo especial
por ese muro aunque la razón me lo negara
Aunque me riera de su locura

Efectivamente
Se rompía

Hundido por completo en mi espalda

Los pedazos de cemento
caían al suelo
uno tras otro

Dejaban formas extrañas

Su voz parecía gotear desde las fisuras del cemento

Le dije con ingenuidad que yo podía regalarle un muro

yo no tenía un muro
su muro
mi muro
o ningún umbral que soportara el peso de un hombre.

Mentí descaradamente

Algunos muros
los construyen los uróboros.

 

La cuenta

Ellos se paran junto a ti
Ciegos
No observan
tu dolor derretirse
en el fuego de la cocina
O cómo sonríes
Intentando sentirlos menos lejanos
Tus padres están allí
Parados
Confundiendo
Cualquier cuerpo
Con el tuyo
Y repitiéndose
Para sí mismos
Esto es hijo
Esto es carne de mi hijo
Esto es cuerpo de mi hijo
Como si conjugaran mal
tu vida
O no hubiesen comprendido
nunca el lenguaje de quien
fermenta una raíz en el mundo
Sí sí sí este es mi hijo
dicen ahora con seguridad
pero no es él su hijo
no es mi boca caliente
o esa sincronía junto a mis pasos
que he aprendido a amar
no eres tú
en sus pupilas
sólo la figura de un hijo
callados
comen y ríen
y se dicen a sí mismos

…………familia

mientras el mesero trae

la cuenta.

Pamela Rahn
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