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Uno o dos de tus gestos, el más reciente libro de cuentos de Jorge Gómez Jiménez, editor de Letralia

Seis poemas de Giuliana Marmo Petrocco

• Lunes 13 de agosto de 2018

El verano trajo mal tiempo

Pronóstico acertado el día de hoy
sin lluvia
sin sol
me hago fábulas
enrollada en mi edredón de nubes grises.

Para la noche
probabilidades de tormenta eléctrica,
de inundaciones
y de que el gato duerma bajo la cama.

Mañana bajarán las temperaturas,
la gente cogerá suéteres para salir a la calle
y la sopa que te preparaba de cena me la voy a comer fría.

Ya no sé si hablo del amor o del clima.

 

Andenes

Horizontalidad que acaba en fuga,
que derrama el agua en sus extremos.

Decisiones hacen andares.
No decidas quedarte,
no.
Prefiero que decidas volver.

Verte caminar contra la gravedad,
enfrentarte a la cascada,
la cascada de la fuga.
Por donde surfean los trenes
para desaparecer en la aurora.

 

Uno más uno

En la noche abrillantada
por paredes macizas de luz,
dos de ellas
hacen breve el silencio.
Se abre el telón de pestañas.
Ahora son cuatro.
Dos y dos.
Cuatro luces intercambian energía
y vuelven a ser dos
cuando el silencio se acaba:
se cierran, se apagan.

Poco después los ruidos nocturnos
transforman dos luces en una.
Gran masa luminosa
que deja escapar su fulgor por la ventana.
Opaca el muro de destellos
que ha observado a los amantes
desde que comenzaron la velada.

Y de pronto no importan las risas,
tal paisaje sublime
no permite emociones
de esas que se exteriorizan.
Todo es proceso interno,
originado por el choque eléctrico
de dos,
cuatro luces,
que se fusionan.
Mientras el ventilador del techo suena,
los gatos maúllan,
y una pared de bombillas multicolor,
y un cosmos de escarcha,
ambos ya lejanos,
los observan,
orgullosos.

 

Tiempo y espacio – El pecho de mi amado

Dedos en perihelio
y su calidez abrasadora
quebrantaron la órbita
del planeta azul
ya no más azul
ni gris
ni helado.

Dador de todo lo apolíneo.
Reverdecen los prados,
no han dejado de hacerlo,
no lo dejarán de hacer.

Atemporalidad perpetuada
en las raíces nerviosas,
en el inconsciente unificador.
Somos marea viva,
consecuencias del cosmos,
consecuencias de una energía profesada
por las decisiones del otro.
Materializadas en paletas etéreas
y cielos grisáceos.
Que se equilibran.
Que mantienen el pasto verde.

Porque así lo queremos. Porque nos queremos.

 

Hay nieve en Caracas

Entre las mareas humanas
las conversaciones ajenas
son cápsulas de líquido que explotan
liberando notas fuera de tono.
Abotagan los lugares
de melodías desastrosas,
acompañadas de otra orquestal
que se escurre por las cornetas,
manjar del sinrazón que acordona.
Y un pitido aturdidor
que se abre paso entre el caos.

Millones de instrumentos desafinados,
todos siendo ultrajados al mismo tiempo.
Uno, insoportablemente agudo,
zumba en mi oído izquierdo.
A la derecha, una risa es tambor,
lanza golpes estruendosos de sonido vacío.
Lamentos, peleas.
Húmedos los besos de la pareja en la esquina.

Misioneros deambulantes,
hambre que se arrastra,
que se abre paso entre la basura.
Marea de basura.
Metros cúbicos de basura.
La basura es nieve.
Nieve en los vagones,
nieve en las cabezas,
en las tuberías
en los paquetes que nos llenan la barriga,
en las cajas de cigarro,
en las botellas de aguardiente.
En los libros.
Sí, en los libros.
En el arte,
en los muros,
en los rostros.

 

El boxeador ciego

¡Vamos, sigue golpeando!
Que yo seguiré dándote excusas para hacerlo.
Y tú gritarás que no sé cómo cerrar la boca.

Este ring no tiene cuerdas sino muros,
y no se sale de él.
No hasta que a alguno se le rompa un ala,
o un ojo, o el orgullo.
Así que te seguiré tirando a mi manera,
ganchos consecutivos
crudezas de mi garganta.
Y tú me seguirás magullando
hasta dejarme marchita,
con sólidos swing que cincelen
nichos con forma de tus nudillos
en el páramo de mi sien.

Y correrán las mujeres con trapos blancos
a limpiarme las heridas,
Mientras me bañan con agua helada
para que se me bajen los ardores.
Empujan de nuevo al centro
una osamenta que se desmorona,
y se escurre como polvo
entre los dedos de su procreador.
Ojalá en este round
comience a llover a torrenciales,
para ver si te compadeces y aflojas
o si al menos los truenos te aturden
y me dan una oportunidad para salir volando.

Giuliana Marmo Petrocco

Giuliana Marmo Petrocco

Escritora venezolana (Baruta, Miranda, 1999). Estudia comunicación social en la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab) y artes en la Universidad Central de Venezuela (UCV).
Giuliana Marmo Petrocco

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