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Cinco poemas de Giuliana Marmo Petrocco

viernes 21 de septiembre de 2018
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Enfermos de la inmediatez

Acupuntura mal aplicada
de agujas que giran
inevitablemente hacia la derecha,
marcándole la pauta a la zozobra.

Enfermos de la inmediatez
no saben de minutos,
mucho menos de horas.
Los relojes se vuelven obsoletos.
Poder contar los segundos
es estar a destiempo.

No hay pausas,
ni respiros,
ni silencios.

Sólo preámbulos enajenados
consumados por lenguas invasoras.
Sobrecargas de sistema,
locomotoras desbocadas
de compases impetuosos.
Fricciones inapetentes,
lubricidad de plástico,
inyección de clímax sintético,
tras un contrato de egoísmo endosado
por dos bocetos de humanos
que llegarán tarde al trabajo.

 

Boceto

Hace tiempo dejé de ver mi reflejo.
Mi complexión grisácea pesaba mucho
y la abandoné en una calle ciega.
Me convertí en tres líneas mal esbozadas
que se escurren entre papeles.
En una reinterpretación figurativa
de un dibujante sobrevalorado.
Avisté mi silueta
en un desfile de negativos vencidos.
Me colorearon fuera de la línea
y la maestra me desaprobó.
Me reconocí apunte arrugado
en la pila de ideas desechadas.
Me dejaron a la intemperie
y me desdibujé con el rocío.
Hasta descubrir mis fronteras
siendo franqueadas por la inexistencia.

 

El monte de Venus

Desde que llegaste
me convertí en jardín:
Bailotea mi follaje,
dócil a la brisa
del roce de tus dedos
y de mi piel nacen capullos
como huellas de tus labios.
Mis raíces se despliegan impulsadas
por el ritmo impetuoso de tu sexo
y mis ramas crecen tan alto
que coquetean con las nubes.

Desde que soy tu jardín
nunca he sido más hermosa:
Siempre verde, siempre primavera.
En mi mente crecen flores
y pastizales llenos de trigo.
Y mis manos esculpen
los árboles más frondosos,
que durante una secuencia eterna
de atardeceres tornasol
llenan de la luz más diáfana
cada uno de mis días.

Y la niña que llora ahora es la niña que canta
y los días de lluvia, lejos de ser grises,
son siempre luminosos cual sol gitano.
¡Qué precisa es la palabra crecer
cuando eres tú quien la provoca!
Porque el jardín en el que me convertiste
es, por mucho, la más radiante de tus obras.
Así que óyeme, niño artista,
con alter ego de jardinero:
Nunca pares de regarme,
nunca dejes de hacerme arte.

 

Alborada

Un consuelo de sombras y figuras.
Un aliento de un fulgor que respira.

Una deidad omnipresente,
que no abandona,
no castiga,
….no desvela,
pero sí espabila.

Una divina respuesta
que alivia,
……..sosiega,
……..conforta
y jamás se ausenta.

Que se para temprano
y te prepara un café clarito.

Una musa sempiterna,
que se mueve
……..se transforma
……..o se agrupa
en masas multiformes de destellos lejanos.

¡Oh estro inmortal!
Que en el día acompañas
y en la noche coqueteas.
Eres tú lo único
digno de venerar.

Con cada albor y cada ocaso
me despejas.

 

(Des)concierto

Cabinas que trasladan historias.
Tienen puertas como bocas
que se abren para canturrear.

Melodías que varían
alternando valses alegres,
sotto voce fugaces
y adagi desabridos.

Y entre ellos: silencio.

Un atonal infinito
de voces desvinculadas.
Interrumpidas por puertas
que se cierran
de golpe, sin previo aviso.

Apagan melodías
para subir y bajar, de nuevo,
en busca de nuevas canciones.
Hambrientas, monótonas,
Con trayectorias aisladas
e inmutables.
Siempre insatisfechas,
siempre de arriba abajo.

El recital de una vida.
La métrica de los ascensores.

Giuliana Marmo Petrocco
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