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La escritura de los insectos

domingo 11 de noviembre de 2018

I

Yo sé algo animal del lenguaje, cuando hablo
espinas de algarrobo entran en mi voz.
La tierra cuando se mueve es un estruendo.
La tierra no se duerme cuando tú te duermes.
Un reloj de alambre salpica escarabajos a mis ojos.
Yo no quiero morir de cosas de miedo,
de silencios inútiles, actos de ira.
Es que han muerto especies
más hermosas que sus párpados,
y el mundo sigue, la escritura continúa
pero pálidos, entre dos paredes
con todo oscuro,
mirándonos con el tacto,
siempre hurgamos los pañales de la muerte.

 

II

Un insecto bajo una piedra
puede dominar la forma de las nubes
si sueña un sueño más que verde
porque sabe que el sol cambia
el diseño de un árbol
y las lluvias no mojan
la tumba de los gatos.

 

III

Las hormigas han escrito piel
sobre las hojas de hiedra.

Han escrito amé
junto a un collar con monedas.

Han escrito viento
en las cáscaras de almendra.

Un árbol muere de eternidad
por cada silencio.

Ya no quepo de raíces,
ya sin ojos,
memorizando mariposas
inventadas por la niebla

La tierra no tiene suficiente carbón
para este milagro.

Yo sólo voy a cerrar mis ojos un rato,
soñaré que a la primavera le sigue el invierno,
y que al otoño le sigue el verano,
que el sol, saliendo en reversa
hace que pase todo lo que ya ha pasado
pero tan despacio
que ahora puedo ver…

Las hormigas han escrito cállate
Yo sin darme cuenta.

Las hormigas han escrito búscalo
pero tanto me agarró el miedo.

Las hormigas han escrito fin
aunque yo siempre rebobine el tiempo.

 

IV

Corazón
que pangeas al contacto,
separa de mí las especies
más letales del viento,
los pozos más profundos
de imposibles ojos petroleros,
los fósiles del silencio
en nuestros lenguajes más endémicos.
La verdad tiene la forma de la llave
que está botada en un parque.
Yo, ya no te quiero.

 

V

Una canción con fósforos en la niebla, la eterna verdad que envejeció mi boca hasta un silencio. Había un fuerte, una fosa, tanta lava. Todos los animales rascando las piedras. Se ha vaciado el circo de todas las demencias. Vuelve a abrir tus ojos y encontrarme a tu lado. Cómete esta manzana sangrando. Basta de sueños que no acaban. Tu piel está en todo lado y el mar ha venido a llevárselo. Recuerda que el sabor a sal viene del cabello de tu madre, la difunta enterrada en un árbol que enraíza al cielo. Recuerda que las serpientes vienen por tu padre, acariciando sus moradas pieles con los bordes de una condena. Hay que sacar oxígeno de la tierra o aprender a respirar de la piedra. Ya no tengo sed de sal deshaciéndose al contacto. Tantas páginas marcadas con el libro de todos los miedos. Hay una pantalla que puede abrirse con mi mano para entrar al sueño. Ningún caballo atraviesa la noche con tanta lentitud, desde que la niña del cielo levanta su moneda de plata, y duerme de espaldas al árbol que, de repente, sangra.

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