“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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Bitácora breve

lunes 11 de marzo de 2019

Sólo viajero
Quisiera ser llamado:
Primer chubasco.
Matsuo Bashō.

I

Primer mes:
abrigo día y noche.
Voy a casa.

 

II

Hace frío:
me descubren extranjero.
Uñas con tierra caliente.

 

III

Cae el vestido:
Tus senos se asoman,
inicia el combate.

 

IV

Entre los trastos, grasa
y restos de comida.
Sopla consolador, el aire.

 

V

La gente de esta
ciudad ajena. De pronto;
El abrazo de la amistad.

 

VI

Llueve esta madrugada.
¡Escribí un verso memorable!
Tengo nada para desayunar.

 

VII

Ciudad sobre ríos.
Comen carne humana
sus edificios.

 

VIII

San José de noche:
en sus calles neblineadas,
mi futuro incierto.

 

IX

Así es. Nunca
reparé en el incendio
de tus labios.

 

X

Ahora que el fuego
consumió mi casa,
nada me distrae.

 

XI

No me arrepiento.
Los caminos
no desandaré.

 

XII

Crece el mes hasta morir;
no hace falta alimento,
la renta acecha.

 

XIII

Segundo mes:
los amigos entrañables.
Dolerá el adiós.

 

XIV

Sentados en la cuneta,
seguros de amar
el vino barato.

 

XV

La mesera hermosa sonríe.
Si Vásquez estuviera,
compondría un poema.

 

XVI

Yendo a Heredia:
veo su cielo llameando;
casi es Managua.

 

XVII

Hoy, la última noche.
Los amigos se despiden:
último vistazo a Heredia.

 

XVIII

Escribo, borro, reescribo
y vuelvo a borrar.
Nada florece.

 

XIX

La luna llena:
Ellos se sorprenden. Yo no,
tengo una en mi puerta.

 

XX

Seis hombres comieron,
En la mesa pobre de
un músico y un poeta.

 

XXI

Sentada en el sofá
ladea su cuello, sonríe.
Su mirada en mi pene.

 

XXII

Adiós. Aunque no regrese,
sabrás esta noche, eterna.
El vino no anulará memorias.

 

XXIII

Cuando volví a Managua,
tenía un amigo menos.
Era el último.

 

XXIV

Mañana seré menos joven.
Hoy no gané un centavo,
escribí un poema.

 

XXV

La noche huele a flor,
no sé su nombre.
Importa poco.

 

XXVI

Desde el bus oigo
las paredes gritar,
¡Libertad!

 

XXVII

Llueve con sol.
La brisa posada en las hojas
como yo a la vida.

 

XXVIII

Mis veintisiete años
no son trágicos cuando
a otro pertenecen.

Andrés Moreira
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