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(Poemastro)

lunes 24 de junio de 2019

Abro la puerta
para que la noche penetre en mi casa
flotando en suspiros,
para que se cuele por los entresijos
y ahogue en su tinta la calma del poro;
me embriague su aroma
de flor pecadora, su canto me mime
pueril y contento,
me asfixie su calma de abrazos oscuros,
me aturda su aliento
de boa rotunda, me pise el nochero,
me chone el plumero,
su bajo profundo se tome mis voces
a punto de sueño, me beba su esponja
con todo y la ropa, me acoja en su seno,
me acune en su cuna
un poco siniestra, su almohada me cubra
de pétalos varios, me enseñe:

la noche

su caligrafía de tinta de pulpo,
sopranos chicharra que búhan y búhan
por horas y horas,
el hondo sigilo
del negro conejo que sale del negro sombrero del mago;
y antes de que el gallo cante lo que cante
me duerma la noche; su voz de gitana
torne de algodones el músculo tenso,
me laxe el templete, me temple el laxante,
fabrique mis sueños y llene con ellos
mi pobre mansarda.

 

Al final del campo

Donde comienza la ciudad
los primeros postes de la luz
—su indiferencia—
sustituyen la paciencia gorda de los últimos árboles
y por ahí
desde el corazón del silencio
nos acomete un canto. Una
línea de voz,
como una mancha en el tejido de la mañana verde,
devuelve al ave que es todas las Aves
su trino mejor.

Fosilizado en la puerta de su quietud
el viejo escucha
y sus ojos responden uniéndose a la búsqueda
del pájaro cantor. No lo vislumbra.
“Si es un ave —se dice—
habitará el temblor verde oscuro de la rama
de lo más árbol del jardín. Si el canto
viaja por un cable de la luz, el ave
es un CD.

 

De tanto no

De tanto no amar se le juntaron varias primaveras
en un rincón tan reducido de la piel
que se arrugaron hasta hacerse otoños
y al final terminaron en recuerdos
de turbias despedidas.
Se le taponaron las vías de acceso a la ternura
—de tanto no—
y tuvieron los médicos que recetarle
píldoras de humedad;

se le volvieron imposibles las sugerencias
que suponen lo blando del lecho
donde se bosquejan los hijos,

se le embobaron los dedos del deseo,

se le anestesiaron los revoltosos de la ingle
y tuvieron los ingenieros que reemplazarlos
por bisagras de ostra;

sus pezones se declararon en huelga de saciedad
y el sindicato de los labios
los borró de su saliva;

se le volvió árido el discurso
que antes conseguía pan como un milagro
para cada chocolate, otra
piel para cada frío,
un huequito húmedo y saludable
para cada borrasca de erecciones,
y en la cuarta trepanación los filósofos hallaron
un ladrillo en su imaginación.

De tanto no amar escribía cartas sin letra
con fondo blanco,
dirigidas a buzones desahuciados
donde los amantes abandonados meten la mano
y pierden la cabeza. De tanto
no amar —en la dictadura de su fastidio—
aprobaba decretos ley
convirtiendo los labios en esponjas
tan secas como el odio,
las promesas en letra muerta y los orgasmos
en puntos suspensivos.

De tanto no amar se volvió amada,
regalada, atendida, celebrada,
invitada, hospedada, arrullada
de tanto decir no,
porque sí,
o por si acaso,

dejó llenar de niebla su paso siguiente,
de ceniza la burbuja del suspiro, de hiel
su bostezo,
y penetró en el plomo de la soledad
invicta como la corona de laureles
de la competencia que nadie ganó.

 

Dialécticas

Si el cine se construye pasando una tras otra
las fotos de quietudes sucesivas,
se debe colegir que al movimiento
lo forman mil instantes de estatismo,
más o menos
depende de la prisa. Por el mismo
camino,
al presente lo forman millones de pretéritos,
más o menos
con perdón de don Albert Einstein.

 

Porque pasó

Pasó con una máscara en el rostro
como una adivinanza,
como una flor oscura, como un río
sin peces y sin agua.

Pasó por mi ventana y mi ventana
no pudo descifrarla; como pasan
las luces sin los ojos, como un canto
sin voz y sin guitarra.

Pasó como una flecha equivocada
de vuelta a la intención del asesino,
como el vino de vuelta hacia la uva,
despistada como una lluvia joven
que el sol desaparece,
……………………………..como peces
que nunca se pescaron, como una
incógnita y tres puntos suspensivos,
paréntesis abierto, huecos negros
tan abisales como algunos miedos;
pasó y vació mi vida igual que mata
un tacto de huracanes,

pasó yo no sé cómo
pasó porque pasó.

 

Prohibido renacer

El lápiz y el papel: mis posesiones.
El miedo mi paréntesis vaciado
de bienes e ilusión. Del gran amor
una espalda se filtra en el olvido
y cada vez su labio es menos beso. Sumo y sigo.
Supongo que el amigo fue un abrazo
de esquina que se parte en mil países
tras viajes que no fui. Queda ceniza
firmando el desalojo, un papel sucio
de jergas de ultramar.

El inventario:
mi edad, cero al cociente. Peco y canto.
Peo y digo que el viento viene y va
de vuelta a su pulmón. Son mis suspiros
trasunto de un olor a infancia rota,
a paz sin juventud, con agua el vino,
sin luz el rosicler. Hoy nada debo:
sin deudas no hay futuro. En el insomnio
amniótico me hundo noche a noche
como el búho de ojos invertidos
que sueña claridad. Son mis mejores
poemas tan oscuros como un ala
de cuervo o como un cuervo
de ala. Tacho el ruido
del eco en que me extingo. Suena un tango
de biblia y calefón, Chopin, campanas,
ya son las dos, las diez o el mar que hace millones
de siglos me habitó vuelve cantando
—soy otra vez el pez que hubo en mi sino—
fonemas de sal.

De un tiempo a acá esta voz de vidrio roto
me corta el paladar.

 

Reincidencias

Algunas tardes lluviosas e intranquilas
te negarás a la certeza del suicidio.

Y volverás tal vez en un poema
escrito en tinta azul, como los ríos
esféricos del atlas;
…………………………en la letra
de un tango, en un bolero
cantado por la voz de quien amara
lo esquivo y lo imposible;
…………………………………..serás otra
luchando por ser tú,
…………………………..como una intrusa
en el rostro furtivo que dibuja,
ajena, alguna prisa sobre el aire.

Volverás en las sombras sin aspecto
que enturbian el ayer con su cadáver;
en las palabras grises que pronuncio
y nadie quiere oír,
………………………..como limosnas
que nadie quiere darme;
en la herida que huye entre sirenas
de negras ambulancias.
……………………………….Serás tinta
reacia al borrador en los papeles
que llenan mis baúles y conservo
del tiempo cuando aún no tenía pólvora
tu última intención.

Volverás en los instantes más cortos,
en las fotografías más oscuras,
en las esperanzas menos verdes;
dibujada en la cal de las paredes
con tinta transparente, pregonada
por las voces que nacen de la asfixia
propensas al silencio, en el ocaso
de las tardes opacas e intranquilas
de lluvia como sangre.

Y si coincide tu visita
con el dolor que viene a recordarme
tu ausencia sin final, podré decirle
al dolor que hoy no duele porque juntos
estamos, que es inútil
su espina en nuestra piel,
…………………………………que gaste el día
afilando su encono y vuelva justo
mañana cuando el eco del disparo
en que me iré resuene junto al tuyo,
y haya en el aire aromas infinitos
de pólvora que huele a lo que fuiste
y pólvora que soy.

Amílcar Bernal
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