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Del poemario inédito Salto al vacío, de Rafael Ortega

miércoles 10 de julio de 2019
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Este bendito lugar

Este bendito lugar es mi refugio
desde aquí se mira lejos
y mientras más lejos se mira
más cerca se ven los elementos

Este bendito lugar sirve para despedazarse
donde se puede ser un pájaro en desgracia
donde se vuelve a la inocencia

Donde el amor se pasea
como un niño perdido en el bosque

 

Ausencia

Me pregunto si sentirás mi ausencia
cuando pase a formar parte de tu lista de amores perdidos
donde mi nombre fue escrito con tinta indeleble

Me pregunto si sentirás mi ausencia
cuando tus huellas y las mías se encuentren
en cualquier rincón de la casa
y se fundan en el piso de tu memoria

Me pregunto si sentirás mi ausencia
cuando tus manos ya no palpen mi cuerpo
al lado derecho de tu cama
y mi calor no te penetre por los poros

Me pregunto si sentirás mi ausencia
cuando encuentres mi fotografía
en el baúl de los objetos olvidados
y mis ojos se viertan sobre ti como una taza de café
sobre la página roja del periódico

Me pregunto si sentirás mi ausencia
cuando tus labios no prueben ni un bocado
de mis recetas preparadas bajo el amparo del fuego
y en tu paladar se conjuguen los sabores
de nuestros mejores momentos

 

Kamikaze

La poesía nace,
muere y resucita
en tu bajo vientre

dentro de ti

Soy un volcán en erupción
que ensaya
las figuras del fuego
como su última rutina de vida

 

Diciembre, 5

a M.G.M.

Quiero perderme y encontrarte en cualquier lugar
para adorar tus defectos y tus virtudes
en tus días y tus noches de tormenta
porque la distancia no es barrera
cuando el pensamiento vuela hacia a ti

Te veo bailar
siguiendo el ritmo del bajo
la batería y la guitarra eléctrica

Cubierta con el manto de tu hermosa desnudez
el aire se impregna con el aroma de tu canción
Scar Tissue de Red Hot Chili Peppers o algo así

Hoy es el aniversario
de aquel furtivo encuentro
en ese lugar sagrado
donde siempre habitará
el recuerdo del beso robado
entre pinceles, acuarelas y lienzos
para ganarle la batalla al olvido

 

Arte poética

Lanzo las palabras
contra la pared
para que hagan ruido

Algunas veces rebotan
y me golpean en la cara
Yo pongo la otra mejilla.

 

Maracay’s blues

A Aly Pérez

Un día feriado en Maracay parece un blues
La guitarra de Roy Buchanan
chilla como las putas de Octavio Paz

Mientras Stevie Ray Vaughan demuestra ser el mejor,
Gary Moore recorre las calles parisinas con sus dedos
Y Jeff Hailey se esfuerza por ver la luz

Mi ciudad huele a otra ciudad
A una ciudad desmembrada
donde miro rostros pateados por la miseria

El hambre talla las costillas
como el deseo que se ha ido
Ya lo dijo B.B. King

 


 

HOY DESPERTÉ con la noticia de tu partida
Y el día se me hizo tan triste y azul
como el gato de aquella canción
que siempre escuchabas
mientras te alistabas
para ir al colegio cada mañana

Así te recordaré siempre
vestida de uniforme y moño en el pelo
barriendo y trapeando la casa
como una niña grande
que se jugaba la vida por ser mujer

De capa caída afronto tu ausencia
Y salgo a la calle agitando mis alas rotas
para espantar la mala jugada de la muerte
que se adelantó a tu deseo de volver a casa

A Eglée Coromoto (Caracas, 13/11/1953 – Santiago, 19/12/2018)

 


 

Salto al vacío

No se puede alcanzar las estrellas
sin antes saltar al vacío
poseídos por la lujuria de lo desconocido

Por eso, ven, corramos el riesgo
de quedar atrapados por nuestros deseos
Que los días nos queden tan cortos como los suspiros

Cerremos los ojos para que juntos
fundidos y ciegos
caigamos al vacío como aviones de papel

Ya no tendremos que dar la cara por nuestros errores
y salir al mundo a respirar hondo para volver a empezar

Seremos (sólo) un recuerdo que coleccionar
en las estanterías del olvido
No importa si retamos la inmortalidad

Dejaremos de ser lugares comunes
Y otros invocarán nuestros nombres
más allá de la frontera de la utopía

Por eso, ven, arriesguemos nuestra sangre
para sentir el calor del fuego
Que nos digan que estamos locos y nos miren de reojo

Seamos los raros, los que dan la nota,
los que siempre lo apuran todo
y siempre se ríen de ellos mismos

Vivamos sin certificados ni tarjetas,
sin máquinas expendedoras ni envoltorios
Vivamos sin precio ni a sueldo de nada ni nadie

Con palabras vacías de juicio
sentenciemos la libertad plena
y juguemos con la inocencia de sentimientos ajenos

Y con la última sílaba muda del silencio sordo
tomemos por asalto la madrugada
con excusas frecuentes de la aurora
Por eso, ven, salta conmigo al abismo
Sin mirar hacia atrás lo menos posible
La gravedad no nos perdonará

Rafael Ortega
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