“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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Poemas de Enrique Arias Beaskoetxea

lunes 2 de septiembre de 2019

El arte es para consolar
a los que están rotos por la vida.
Vincent van Gogh

1

Esos días en silencio
esperando con anhelo
la respuesta a una carta,
algún saludo lejano,
la palabra que confirme
la cita propuesta al azar.
Decepción y mutismo.

 

2

He visto cinco ballenas
blancas y negras saltando
entre mis confusos sueños.
El soplo altivo de agua
es el canto del estertor
antes de quedar varadas.

 

3

Apenas como lo justo,
paso los días tumbado
en reposo sin ensueños.
No hay nadie que me escuche
si tuviera algo que decir.
Insomnio y deterioro.

 

4

Caminar distraído
creyéndote casi a salvo
mientras el miedo y el caos
acumulan energía
traidora para golpearte
al estar desprevenido.
La misma trampa sencilla.

 

5

Dejarse caer en barrena
es derrotarse, abrazar
el impulso vertical,
cerrar los ojos espantados,
ya no gritar ni implorar.
Y buscar la profundidad.

 

6

Me dispara, me atormenta,
soy el objetivo claro,
demasiado sensible,
frágil y extenuado.
Yo tampoco descanso,
busco la salida útil
antes de ceder al influjo.
Temor a caer demente.

 

7

El muro no tiene grietas,
las puertas se han oxidado,
los ecos de esta historia
se cubren de polvo y moho.
Ahora el tiempo absorto
ha de crear una época
desde la tierra baldía.

 

8

Confieso que anoche quizás
entró por una rendija
tu figura exiliada
en el trastero oscuro
de la memoria frágil.
Apenas te reconocí.

 

9

Esa luz detenida,
estable en el atardecer
no quiere el ostracismo
sino alargar esta tarde.
Nadie debería pasar
solo momentos como este.

 

10

A la puerta de la casa
llama la vida, exige
preferencia, escoger
ambos: acierto y error.
Tomar hoy la decisión
en este momento claro
cuando todo es nonato.

 

11

Retorno a la escritura
con la sed del náufrago
al tocar por fin la arena.
Días de mudanzas hechas,
trámites útiles, tareas
para la torpeza social,
por carácter o hábito.

 

12

Vuela, pájaro nocturno,
destruye con ambas alas
el frío aire estancado,
abre en la noche espacio
para la aurora naciente
que despierta el anhelo.

Enrique Arias Beaskoetxea
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