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Poemas de Astrid Salazar

viernes 11 de octubre de 2019
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Astrid Salazar

Con selección de Gabriela Rosas

 

Perrita callejera

¡Ey! Tú
no eres un pavo real
asume la vida de lechuza
te toca el vuelo nocturno
a solas
nada los hará regresar
el llano no son las pampas
y mucho menos el caribe es el mediterráneo.
Asume tu peo
te consumes en este país sin luces que resistan
te incendias y te aburres al mismo tiempo

por eso sigues el juego tonto de estos hombres periqueros
acosándote a medianoche en el bar de Dany
¿corres con los lobos? No. Tú caminas sobre las vísceras.
¡Ey! Tú
nace un poeta todos los días
y a quién le importa
¡ah, sí! Al imbécil este que le caes mal
puede ser relevante su confesión. No.
Quizás sólo le pica ese culo, eso es todo
porque al final nadie te espera esta noche
nadie ya te cuida
es el exilio
asume pendeja
que te quedaste sola
y no te gusta
porque te encanta tirar
y pedir permiso para dormir en el pecho tibio de quien amaste hasta los huesos.
¡Ey! Tú
anímate
sigue rompiendo las ventanas
grita las verdades
nadie está aquí para llenarte la copa con su semen
sigue borracha
camina borracha a casa
sola sola sola
perrita callejera.

 

HCM

Cuando pasas horas en un hospital
y ves la sangre como alfombra en el piso
a la chica de al lado con su cáncer hospedado en el corazón. Sola. Sola. Sola. A Juan
y su capacidad de dormirse de pie. Al hombre de la habitación 7B13 observándote fijo
como velando su pena. Cuando solo en un atisbo notas la falta de rucuronio, formol,
compresas, guantes, propofol, adhesivo, alcohol. Y te quedas viendo cómo las chiripas
salen del baño para su baile debajo de la cama. Respiras. Respiras hondo. Cierras los
ojos. Y agradeces a la memoria por llevarte a los brazos de quien amaste una y mil
noches como estas en un cuarto a oscuras junto al tablero de scrabble. Junto a lo
eterno de la madrugada. Que se hace sonrisa hoy en estas líneas. En este cuerpo. A
la espera del manto invisible para guarecerme
y
mirarte
y
tocarte
y
olerte
y
lamerte
y
nombrarte
porque “estoy segura de que habrá de amanecer”.

 

Calma. Que no panda el cúnico

Salgo muy temprano a dar clases
ya no quiero hacerlo
porque si caminas a las cinco y cuarenta y cinco de la mañana
por la calle Vargas de Maracay
es muy probable que lleguen unos motorizados
a quitarte las notas del lapso, el cepillo, las llaves de tu casa, el pasaje.
Ahorita duele mucho esto del pasaje, pues no hay efectivo en el país, captas.
Entonces ya ni quieres que amanezca
pero amanece y te das cuenta lo jodido de todo.
Pero, si tú llamas……………………….me calmo
y podría seguir un día más. Un día más.

 

Venezuela

Ya no me queda verbo para los piecitos del Amazonas
para el Jhonny que pide pan y cien bolívares
para la coca, los papelitos y el crack
para la señora del terminal a las 6:30 am y sus ojos aguarapados.
Muda. Ante la escasez. La ausencia.
Miro. El sí y el no. El humo del café a 2.000 bolívares.
Observo el pegoste de la cola con 611 mujeres y 44 hombres
no cuentan los niños, pierdo la cuenta
1
2
3.
Tampoco me queda verbo para el azúcar la harina el pan el papel toilet
el arroz la pasta los huevos el popurrí la leche el papelón los trogloditas.
Pausa. No hay catéteres, nuevamente. No hay inmunidad. La libertad
anda escapándose y trepa apamates, robles, samanes.
Ya no me queda verbo para mis niños con drepanocitosis
para la infraestructura de este hospital
que llora por las paredes y gotea desde el piso hasta el techo
hasta la grieta hasta la noche hasta los huesos.

Astrid Salazar
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