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Tres poemas de Amy Jade y el origen de las cicatrices, de Arianna Castañeda

miércoles 30 de octubre de 2019
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El poema del equilibrio

Yo soy Amy,
Amy Jade.

Pensar o lobotomía,

amar o lobotomía.

Tener un poema extenso,
un territorio con salida al mar,
un terremoto o el lóbulo frontal de tu cerebro.

Pero si no te has iniciado
¿cómo vas a nivelarte?

Y mi hija es Hannah.

Yo tenía mis prejuicios.
Yo tenía mis prejuicios
y un genio, un tótem enclavado
en una maceta fabricada en Chazuta
y ese genio que era hembra
representaba la parte más oscura
del único sueño que sueño.

Encerrada en una maloca,
atrapada en una partida
de dominó con il loco pazzo,
pasa de mí y de ti, pasa de todos.

Me gusta el jazz pero acá todos
quieren pasarme a la realidad
y bueno, me encantan los blues,
el jazz y sus vicios.

No sabía que era jazz,
sólo supe que era una flaca loca
y yo la escuché así,
sin nombre y durante un tiempo
no fue más que voz anónima
entre tantas voces
sin embargo, su voz no era la voz
de estas voces, he dicho,

era voz de otro tiempo

y poco a poco fueron apareciendo las portadas de los discos y las

fotografías…

Sucia vulgar
anacrónica judía
¿Cómo habrá sido su cadáver?
Negra rebelde

drogadicta insumisa,
la ternura de tus dientes vencidos ilumina mi estancia

y con ternura también
reventarás una botella
en la cabeza de un loco monje distraído.

No, yo no quiero ser una mala persona
pero tampoco quiero ser buena.

Yo le quiero escribir un próximo libro,
el próximo que rompa el hito de
los diez años de ocultamiento.

Cada poeta con su ciencia.
No comentes, no me gusta el mainstream.
Yo nací para ser una polilla en un libro raro,
white witch moth
thysania Agrippina

un libro que se quema de a pocos
y luego se deja olvidado en el baño
de un bar, junto a la ducha,
pero que también es dulce y malsano;
la bolita de tu chupetín atascada en la garganta.

Quiero ser la poieta del oscuro,
me gustan los lujos, pero siempre pido poco,
yo me contento con dos negritos
estrujando mis tetas en el escenario
en un baile chiflado sin lujuria.

Mareación:
Soy una planta,
soy un hongo,
soy un trozo
de carne de monte

He aceptado la promiscuidad

de mis palabras
y los aforismos y también
que soy el ágora ninfómana
que carcome tu vientre ancho
y tu ombligo colorido.

He aceptado que soy brea,
que soy carbón,
que soy caimán negro u otorongo ciego
bordeando una cocha en solsticio de invierno.

Quiero mi par de negritos,
los buscaré en un velatorio,
ellos alzarán los ataúdes
que he alquilado para mi retorno.

Recostada en una cama sin bisagras
con mis negritos, voy pegada al micrófono.
No han de levantarme en una silla
como en la boda que nunca tuve.

En realidad, era pánico o vértigo.

No me convence.

¿Quién es la muchacha judía?
Joshua se ha vuelto un animal,
arpía en celo y él es mi cielo,
él es un verso, es una canción
maloliente.
No sé complacerte sin reventarme.
¿Tú crees que hay un atisbo de
perversión en mis palabras?
¿Cómo voy a terminar el show?
Cuando nos encerramos ya no importa
la loca fluidez de los idiomas,
me gusta exhibirla, sacarla
de la mano a pasear por el salón.

Imposible encontrar nuevamente mi punto de equilibrio.

Mi guía está escrita en
las glándulas suprarrenales
y en mis oídos ciegos de donde
brotan las abejas.

Un día cualquiera, por mera majadería,
recordé algo que la maternidad
se había llevado
y como una cereza vieja
el grito salió sin mucho esfuerzo.

Soy ninfómana aceptada,
soy tu gemelo social.
Sé que no soy la cereza
más bella, ni la más rica,
tampoco soy la más inteligente
pero todos los hombres que conoces
me recuerdan, todos dicen que,
en efecto, yo fui la cereza
más perversa del pastel de bodas.

Yo fui, pues, la cereza más roída del universo.

 

Canto para los amantes que se van

Para Rubén Bartra, natural de Yurimaguas.

Él era un chico raro, tan raro que para mí
era de los normales.

Pero Arianna, no puedes permitirte escribir eso.

Se trataba de un ser que había sido empujado desde un árbol de guayaba.
Conducía un automóvil que sonaba como una moto
por la ruta del desasosiego
y llenaba mi balcón;
las ciudades de la selva peruana son como Saigón.
He perdido mi punto de equilibrio.

Piñones, almendras y palabras en el ruido del ventilador.
Y yo lo miraba comer, la prisa que tienen las hormigas
Él decía que fueron los años de estudiante.
Él decía que carecía de destreza fina.

Era claro que tenía mugre en las uñas

¿Otra vez? Sabes que no podemos publicar eso.

Je suis venu te dire que je m’en vais
Algunas noches pienso que quiero soñar con su carne.
Pienso en su piel, el sebo y los huesos
haciendo ruido y la señora
Martita Landlady peleando con su nieto
en el piso de abajo.
Entonces me despierto
con un proyectil explorando mi riñón izquierdo
—La maldición de Serge Gainsbourg—
………………………………tu vas et tu viens
……………………entre mes reins
El mugroso cuerpo extraño introducido en mi propio cuerpo
con la precisión que sólo pueden tener los dedos
de un cirujano judío de la selva peruana. Amazónico.

Wolawola

¿Es en serio?

Las cosas a medio hacer.
Mi única herencia.
Yo quería soñar con tus huesos
como los perros.
pero terminé con los dientes KEBRADOS.

 

Affection

 

Honey, darling, sweetie, dear.
Repasando los versos de la balada del anormal
he comprendido muchas cosas, por ejemplo:
que tu canto no es mi canto,
pero me complace (sobremanera)
que seas tú quien se baña
en mi hastío y que la vergüenza ajena
vuela con alas de libélula ciega:
Erythemis peruviana

Por alguna extraña razón,
mi piel se esconde del ruido de los relojes,
pero no mi pelo.
Te has convertido en una
chica engañamuchachos.

Sé que la búsqueda en las curtiembres
es la búsqueda del reposo.
Dejar una piel despreocupada sobre otra piel
y arrancar trozos de carne de una espalda
con la precisión de un cirujano
entrenado en un hospital público.

Morder como quien devora un membrillo
y escupirlo cuando ya se ha extraído todo su jugo.

De las horas que siguieron al Shabat.

Yo lo sé.
En una tienda de inmigrantes japoneses
he conseguido un galón de luminol;
mis uñas ya no tienen rastros
de tu sangre.

La certeza de una piel que sólo cubre,
pero no calienta, Rubén.
Honey, darling, sweetie, dear.
Habitas en el castillo de la pureza.

Ha llegado la hora de limpiar
las sábanas.
Borrar todo rastro de ti y
de mí.
Corromper la escena, trasgredir.

¿Memoria o lobotomía?

Mi vagina no es una vía expresa,
sino un camino dentado de herradura.
He amanecido muy bien, te escribo.
La dosis justa de dolor se esparce
como el betún sobre mi espalda.

Arianna Castañeda
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