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Poemas de Samiri Hernández Hiraldo

viernes 31 de enero de 2020
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A Sam Nzima

el que tenga oídos que oiga/de anteojos “Ramas”: otra marca/entre diantre y diente Edwin Crespo (QEPD) sabrá/como Dios que un día le da/le dio/le dará con salir detrás de la pared con pantallas de esas que guindan y se guayan/guayazo en vías del niño afgano levantando las manos frente a la cámara por fotografiar, también para los albumes sin páginas/PUFF/subalternas por medi(t)ar, ¿y qué con su vomitar/según habrá de llevarse el calentamiento solar las nieve palabras?/si no le hacemos otra trampa como…/En-Bután que no existen semáforos: Ya tengo un padre que aparte de las mecánicas, de usar la mano para la señal de doblar, hace el ruido tic-tac, tic-tac/con el aire que igual expone el estómago bajo la extinta mosca, la misma abeja/no sólo en caja ya dos tercios moribunda

 

Por sobre todo

Cubierta el alma de glaseado pudor (por precaución)
evitando abrirla con todo y su poder malgastado,
pongo esfuerzo por aquello de volver a empezar
como si de vientre punto y vida aparte. Y llega
legumbre instante de destapar, en realidad,
sintiendo inigualable, cual sorpresiva emérita dicha.
Tendrá que ver el que haya cerrado los ojos
apretando bien los dedos la mitad de la palma de la mano.
Y no me encuentro solo frente a tu apostado cántaro,
glauco, aplicados destellos de fulgentes, multicoloridos pétalos.
Entonces abro los ojos aunque todavía guinde de paladar.

 

Ala(s) que…

La fuente en el centro del mall
con monedas o no
la lluvia dispuesta alrededor,

el pájaro
que por haberlo visto no tanto
cuenta su propia historia de dos en dos.

 

Entre medio

¿Qué seríamos bajo la vecinal tierra,
mana de Rapa Nui o Easter Island
fuego carpintero,
preludio cizañero,
aves de rapiña,

capota irreversible,
clavo alfilero,
los más o menos polvorientos
haciendo crecer por encima primero
segundo, las nubes grises del apremiante cielo

hincando impacientes estrellas
para explotarlas y aún por encima inscritas, tercero,
vernos respirar con evidencia nasal clara
o no en el espejo ancestral
de vuelta y media

suficiente neblina
de especie glotona acelerada,
servidumbre elefanta de alas rojas claras,
cuarta o quinta excreta,
empacado fangal, y por magna sexta?

Benditas las manos que suplidas o no
de páramo y voluminosa cosa buena
remueven, limpian, y desinfectan
haciendo las estrellas la lluvia perfumar;

ordeñar la desterrada nenúfar sin veneno dentro o fuera de tan plástico cubo o palangana

 

Astronautas

No sólo mis manos de uñas calcinadas
Irónicas frías, de fondo el cielo literal.
La injerta hoja al parecer prestada
Desde otro genuino verde que él mismo se germina.

Un misterio vuelve a hacerse vanguardia
Sin asombros de resabia terquedad.
Buscamos la vaina que aparenta las alas/las olas
Con molde de pico que de cualquier medida aumenta.

Habrá de ser nuestro precipitado mundo
Como aquellos reciclados e invertidos números
De la escuela dominical contando hasta las no-mamales visitas.
Cuánto daríamos por salvar

“Por cuanto…,” yendo hacia atrás, escurriendo lo bueno
De cien años o más con o sin Pura Soledad.
Pero pasa que por aquí ahora hasta gateamos
Estrechando las cicatrices de sombras hasta de las pantyhose todavía por apretar,

Abrazando la virginosa negra piedra,
Incluyendo la que se imagina o vislumbra lunares de punta y media
Como si no hubiese de otra de pronto superficial-estratégica,
Como si no importara o importando, líquido a desatar.

Para terminar con más o con menos, por el mismo hecho:
¡Que vivan los tejidos, las cuerdas,
Las fibras extras, aparentemente desperdiciadas,
Las extranjeras! Vapor por radiar.

Me lo ha contado casi desnudo Pedro
Tan desapercibido desde su profundidad de mar.
Para después de haberlo escuchado cinco veces con la debida luz y condensada antena
Seguir como guineas en La Continua

De que todos dormimos de orejas a la ventana (de ahí nadie se escapa),
Cual recipiente tan fuerte, tan a la par
De lo simple y liviano, una tela guindando desde temprano.
Otro es el puente gestado desde el vientre techado por marullar.

La letra de una amorosa canción
Que hoy insiste en no ser la misma nativa.
Y también como este poema
Que no ha de rimar de forma pobre, subalterna, galanura, privilegiada, única.
Y si morimos como tendrá que ser o será
Es porque nunca fuimos de una sola gravedad.

Samiri Hernández Hiraldo
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