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Poemas de Jesús Munárriz

lunes 20 de julio de 2020

Jesús Munárriz
Jesús Munárriz (San Sebastián, 1940).

De la serie Voces contemporáneas de España
Con selección de Fernando Salazar Torres

 

Piedra

Por más que se trocee y desmenuce,
la piedra siempre es válida.
Canto, guijarro, grava,
cascajo, pedregullo,
ripio, gravilla, arena,
su utilidad no mengua por más que disminuya
su volumen.

Hasta su polvo, cuando llega a polvo,
aguanta más que el nuestro.
¡Pobre Sísifo!

 

Cimiento

Confluyen en la base la resistencia inerte,
el silencio profundo, la recepción pasiva
con la gravitación, la imposición, la impronta,
con la necesidad de permanencia
y su búsqueda ciega
de cobijo.

Se forma así el cimiento,
engarce y comunión
del artificio
con lo determinado,
sustentación
de cuanto alzan los hombres
en su afán de dominio
y permanencia.

Engarces, cicatrices
que un brumoso futuro
lejanísimo
pero tenaz e inevitable
dejará al descubierto
o asumirá sin queja
cuando no quede nadie para dar testimonio
de su insistencia, pese a todo efímera,
de su definitivo deterioro.

 

Aguas

Llegadas al desvío, las aguas del arroyo
penetran o se apartan.
La acequia del molino las divide
y unas siguen su cauce, su encarrilada fuga,
y las otras mantienen su más amplio transcurso
y sin trabas prosiguen
su obligada aventura.

Forzadas las primeras a hacer girar la aceña,
trabajan para el hombre, su tarea realizan
y una vez concluida
alborozadas vuelven a integrar la corriente
de la que se alejaron.

Las reciben las otras con agrado y sorpresa,
pronto las reconocen, las integran
en su marcha común,
que así recobra y restituye lo perdido
y con su aporte se enriquece
y multiplica su experiencia.

Fusionadas en la corriente única
se encaminan unidas a su provisional
destino: el río, el mar,
a su eterno retorno a la nube y la lluvia,
a nuevos horizontes,
a su fluir sin fin.

 

Fuego

Surge oculto, secreto, inesperado,
tal vez impredecible. Agazapado,
silencioso, se crece
lento, tenaz, constante, se propaga,
se difunde, conquista
terrenos, se aventura
por lo desconocido, amplía el campo
de acción, ocupa espacios
cada vez más extensos
y de pronto, sin previo
aviso, brota
en lo sombrío, se alza, se evidencia,
desarrolla sus posibilidades
y, ávido del terreno,
se despliega, se extiende, hace un alarde
de potencia, de fuerza,
se adueña del entorno, lo consume
al par que lo ilumina
ya sin control, se eleva, se propaga,
arrasa lo que toca y, cada vez más rápido,
con mayor eficacia,
elimina, consume, devora cuanto alcanza,
reduce a llamas, humo, pavesas y cenizas
cuanto lo cobijó, lo hizo posible,
lo dotó de poder, de esplendor, de energía,
lo creó, aun a sabiendas de que, pasado el tiempo,
traería su ruina,
su destrucción,
su aniquilamiento.

 

Pozo

Las hileras a cuerda
de ladrillos
con sus intercalados bocaperros
dan paso a las hileras a tizón
que empiezan a captar
aguas colgadas.
Más abajo, la tierra sin cubrir
rezuma y mana,
hasta llegar al revoltón,
a las peñuelas,
donde se desanilla y se descarna
el pozo,
abierto a los veneros
que lo colman.

Baja a desescombrarlo, suspendido
del polipasto en angarilla,
un joven oficial
que estrangula los troncos reflotantes,
los traba con la soga para que se los icen
y echa en el esportón los que carecen de alma.

Limpio el fondo, vacío con la bomba,
se le deja llenándose de nuevo,
haciendo que las aguas
arrastren, depositen en el fondo
los finos largo tiempo acumulados.

Izado finalmente el operario,
se desmonta el tinglado
y se cubre la boca.
Vuelve a estar listo el pozo.

 

Ríos

Torrenciales, las lluvias descarrilan
los ríos y torrentes,
se desmadran los cauces, se despliegan
por vegas y por huertos.
se adentran por los pueblos, los invaden,
ocupan las viviendas,
enlodan cuanto el hombre construyó en sus dominios.

Tal es la ley del río, de los ríos
todos del mundo: multiplicar sus brazos
y anegar cuantas tierras necesitan las aguas
en su descenso incontenible.
Bajan, corren, invaden, atropellan,
desarraigan, arrastran
cuanto se les resiste,
abriéndose camino sin distingos
ni treguas ni excepciones.
Así fue desde siempre y así siempre
será mientras oxígeno e hidrógeno
entrelazados sigan
y se eleven del mar y formen nubes
que recorran la tierra y se descarguen
donde las circunstancias se lo exijan,
sin consideración ni atenuantes,
sobre los pasajeros
habitantes del mundo.

 

Frontera

Nos separa del mundo y nos conecta al mundo.
La piel es exterior y es interior a un tiempo,
calurosa por dentro, variable a la intemperie,
tan protectora como vulnerable,
su frágil envoltura
transmisora,
su frágil envoltura
protectora
nos cubre, nos aísla, nos protege, se adapta
a nuestra finitud dándole forma,
cubriéndola, encubriéndola.
La piel, nuestra frontera.

Jesús Munárriz
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