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Cuatro poemas de Teresa del Bosque

lunes 17 de agosto de 2020
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La poesía

La poesía es la ventana
donde aúlla la loba malherida
es el abismo de cristales rotos
el coliseo teñido con mi sangre

Es mi cementerio personal
mi río lava heridas
mi pañuelo
mi hombro
mi funeral de buenas intenciones

Es el recuerdo de lo que olvido
el arsenal de guerras pasadas

Mi vida entera se tiró por la ventana

La poesía es oasis en el Limbo
la tierra innegable a tu lágrima sin semilla
el azadón de los escombros
el imán de pretéritos puñales, presentes y futuros

Es la cruz del sol quemando tu propio infierno
el verdugo sin promesa de mejor amante
el carmesí del Nilo
la cocaína que te eleva
y te lanza al vacío

La poesía es lupanar de desconocidos
sanatorio de heridos
necrópolis de los quebrados
cadena perpetua
pena de muerte
paredón

Tanto es para quien nadie es
desde que metió su vaso de cicuta
por mi ventana.

 

Me quedaré

Cuando me vaya
búscame en el espacio que ocupaba mi cuerpo

Ahí donde moría entre mis manos
cargadas de miel

Ahí donde volvía al agua mi existencia

Estaré mirando desde abajo
el polen de los libros
la polilla del estante
el millón de recuerdos
hacinándome la sombra

Me quedaré en el limbo de los sueños
en el rem del insomnio
en la rebelde luciérnaga al olvido

Porque siempre fui energía diluida
en el filamento de mi cuerpo
misterioso, paranoico
siempre descifrando los mensajes
de salida
pues nunca quise el mundo
pudriéndome los poros
pasajeros, desangrados

Estaré siempre mirándote
desde mi silla
no sólo no vacía
en el meridiano de la herida.

 

Tardes amarillas de octubre

Llueven mandarinas
sobre octubre fragmentado

Se embelesan golondrinas
en el dorado del ocaso

Se eleva el gorjeo enjaulado del aliento
hasta el polen extasiado
ladrón de mi alfabeto
níveo de nostalgia

No cambió el sepia en el velo de la tarde
por más que muera y resucite
el día envejecido entre mis poros

 

Una con la tierra

A veces me aferro a la raíz de las distancias
y edifico pájaros orgásmicos
con la sonrisa de los árboles

Me diluyo en los brazos siderales de la niebla
sobre el alma de la selva

Somos una
con la tierra entre los labios
y el verde rostro de mi espíritu

Estoy
en el cántico de las ancestrales
campanillas
llenándome de manantiales
los silencios…

No quiero recogerme los recuerdos

Quiero quedarme aroma
de todo aquello que no muere

Teresa del Bosque
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