Recibe 2020 con 20% de descuento en corrección de textos y corrección de estilo
Saltar al contenido

Tres poemas de Ismael León Almeida

viernes 22 de enero de 2021
¡Compártelo en tus redes!

Alternativas

Sopla las velas,
corta el pastel.
A falta de cosechas
hay un tiempo de regocijos:
bastará con las palabras
desgastadas
levantadas en piedras soberbias
desgastadas
en acostumbrados brindis
concertados
mientras el tiempo plácido transcurre
ladera abajo
sin siquiera ese siseo de aguas públicas
en dirección a los tragantes,
a un mar de olvidos y justificaciones.

El hombre y su jabita de nailon
marca en la cola del pan
¿Quién es el último?
Y aguarda otro minuto a que le escuchen.

 

El ferry

Por una vez, quién sabe,
alguno de los dos
hará memoria
de ciertas viejas dudas
…………a la entrada de un bar
de cómplice penumbra,
accesible por siempre
para ciertos ensayos.

Después del daiquirí
la noche habría caído
sobre viejas estatuas.
La avenida
sería una extensión de las
palabras dichas,
supongo que las manos
¿tal vez se buscarían?

Habría, probablemente,
copas ya repetidas
y un lenguaje de ojos
(singular, femenino: un servidor
inhábil es sólo vuestra víctima).

Para no hacer tan largo
el cuento de esa noche:
habríamos cambiado
la historia, mi señora,
por una buena vez.

Uno sería al cabo
tan impuro y corriente
como quiso la vida;
usted tan perfecta y feliz
como un cuadro famoso
de Leonardo da Vinci.

Y habríamos cortado,
para siempre, este fino
y cordial,
tan distante y metálico
método de admirarnos,
corteses, precavidos
como aislados viajeros
en la estación del ferry
hacia ninguna parte.

 

Suceso

Súbito el día alárgase
una cuerda de nudos
trabazones
tramos que el perro ha
masticado,
y va y se quiebra ahí mismo
cuando tensa justo
en la hora de levantar la
carga
ceden las fibras
o suele ser otra armazón
tentada de razones,
y adviene desastre que termina
en polvo, y perdonen
el modo harto tan pésimo
de cerrar esa puerta.

Hubiera preferido arcángeles,
un encargado tal vez
de decir es esto
háganlo y ya,
que tomara cualquiera la
útil provisión (el riesgo,
al fin se entiende)
y allá venga el desastre
o en su caso la inusual
epifanía
(suceso del cual noticias
no alcanzamos)

Pero no. Que ya se obstina todo en
el teñirse
de colores ardientes
y la cuerda, es sabido…

La culpa fue de Dios
que mandó al más estúpido
de sus fieles sargentos.

Ismael León Almeida
Últimas entradas de Ismael León Almeida (ver todo)

¡Compártelo en tus redes!
Recibe 2020 con 20% de descuento en corrección de textos y corrección de estilo