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Cuatro poemas de Carlos Arturo Arbeláez Cano

viernes 5 de febrero de 2021
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Para mí la poesía es una suerte de intentos y de atentados: intentos, por cuanto andamos y desandamos por la cuartilla en blanco buscando lo imposible, y un atentado porque con las palabras, muchas veces, desnudamos lo impensado y ocultamos nuestros misterios en una intensa lucha con la inspiración, sin explicaciones ni consecuencias.

Pero es que la poesía es eso, un sobresalto, una urgencia de las emociones, una premura de las pesadillas o una errancia por los ensueños que se nos agolpan en el pecho y nos reclaman sus desnudeces sin pudores. Unas veces acertamos y otras dejamos esos versos huérfanos a merced del desdén o del olvido. De Resumen total de la melancolía: poemas en contravía, cuatro poemas:

 

Donde estés

To Sarah and…

¿Y… en dónde estarás hoy?
Se pregunta mi anhelo
Y mis manos se pierden en la búsqueda inútil
Bajo la blanca tela del tálamo vacío.
¿Dónde tu dulce aroma se disipa?
¿En qué paraje de la melancolía?
En tierras de leyenda y fantasía,
De las Mil y una noches
Mientras aquí me quedo tejiendo y destejiendo,
Cual Penélope en celo, un sari de esperanza.
Mi tacto constelado en las sábanas frías,
La tibieza del cuerpo ausente todavía,
Palpando en el silencio de la noche noctámbula
El suave terciopelo de tu alma fugitiva,
El encaje bruñido de tus íntimas líneas
Y la extensión secreta de tu geografía.
¿Dónde tu risa y el batir de tu pelo?
Al viento de otros rumbos y otras lunas.
¿Dónde tu vuelo raudo abatiendo distancias?
Flotando en la espesura de las nubes
Que te descubren frágil y te descubren sola.
Hoy no estás por aquí…
Y los amaneceres me sorprenden
Sin poder encontrar un despertar,
Extraviado en la extensión del dulce lecho
Extenuado entre esta soledad y la verdad.

 

Los seres silentes…

Entre tú y yo, sólo los ojos
Sólo un temblor contenido de pasiones,
Sólo el mutismo de unos labios dedicados al beso.
Entre tú y yo,
Las palabras son sólo movimiento,
Tan sólo la expresión, el signo, la esperanza
Nuestra mágica forma de entregarnos.
Nuestras lenguas se tocan
Pero sin un “te quiero”,
Resbalando
En el lúbrico juego del silencio.
Nuestros cuerpos se abrazan
En fuegos calcinantes
Entre flamas de un amor
Entregado al mutismo.
Las manos trazan signos
Acarician el aire
Que atraviesa los cuerpos
Entregados al cielo.
Designio de la vida,
Designio de mi Dios
Tendría que encontrarnos
Amándonos sin voz.
Las manos trazan signos
Los signos dicen… “no te vayas… mi amor”.

 

Un regalo

Desgrana con el tacto
Sereno de tu mano
Uno a uno el sedal
De tu envoltura…
Descúbrete ante mí,
Como un regalo,
Como una confitura,
Que deleita y suspira de dulzura
Y exhala sus aromas de locura.
Invítame y libérame
De esta dura distancia.

 

Encuentros

De esas manos, como dos surtidores
de tacto inagotable,
Brotaron mil caricias esparcidas
al vuelo de la ternura.
De esa boca
Susurros y palabras caldearon
la noctámbula noche
Que por allí pasaba
Asediada por miríadas de estrellas luminosas
Con su deambular y su luna solitaria.
Conspiración del desencuentro
En la inútil huida de aquel amor furtivo.
Y es que fueron sus ojos,
Mirándome desde la plenitud
de un azulino sortilegio,
Los que hundieron con mágicas saetas
el veneno fatal;
entonces liberé la opresión que en el pecho
Me producía tu recuerdo,
a mil millas de distancia,
Y dejé que la mágica efervescencia
del amor encontrado,
En el azar de la soledad,
Dejara en mí otra huella que de nada valió
Cuando salté al vacío de una fantástica libertad.

Carlos Arturo Arbeláez Cano
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