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Donde los ojos lavan sus imágenes, de Ramón Elías Laffita
(extractos)

miércoles 28 de julio de 2021
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a La Habana.
a la siempre Habana
que sin tener ojos
nos mira.

Apertura

I

la vieja ciudad se aísla de la noche
noche de alabastro
sobre el ojo de la noche.
nace un sol filtrado por la sombra
y la luz es el polvo
margen o espacio de los días.
en su cambiante espíritu
la ciudad nos contiene
nos eleva como vapor de agua
que el frío oculta.
así de elíptica es la ciudad.
selva que nos castiga y llama.

 

II

si la ciudad se aísla del ojo de la noche
los portales se alejan del caminante.
el sepia forma con su rostro
las columnas
las aldabas donde todo sucumbe.
desde la inmerecida madrugada
transgredo y hablo
y aunque me baste
para salmodiar el tiempo
no basta la memoria
si deseas limpiar de musgo el aire
de hollín a las palabras.
el caminante busca el sitio exacto
donde sanar la llaga
donde alistarse
para borrar el óxido
que la sombra acumula.
en los lavabos
en las alcantarillas
los bardos también buscan
“la demasiada luz”
el opio.

 

Suburbio

con la música del suburbio
he comprendido que la tristeza
es un río lento
en su caída de agua
que el camino circula
a través del lavabo
a través de un espacio
indetenible
ensordecedor. he comprobado
que lo que alcanzo a ver
son sólo hileras de naves
perpetuadas en la memoria.
si de algo estoy seguro
es del silencio
del vendedor que se estaciona
en el suburbio —año tras año—
a prodigar el precio
de cuanto en él se vislumbra.
en su caída de agua
he comprendido que la tristeza
es un largo escozor
una forma de sucumbir
bajo el rostro de alguien
bajo los pies ya cansados
por tanto mundo.
ayer el vendedor
no cruzó la alambrada
se acostumbró a mentir.
hoy lastimado
deja de violentar sus ojos.

 

Leve candil

sediento de luz viaja el mar por sus orillas.
las aves picotean el hondo arrecife
para alejar los sargazos.
lo que vislumbras es una ciudad
acantilado de piedras —ya fósiles—
que danza junto al faro.
el mar llama con desesperación.
los puertos avizoran su leve candil
y las aguas en tono pútrido
el regreso de sus ahogados
esos que despeñan el amanecer
y van a dar justo al límite de las murallas
al basurero
a las alcantarillas
donde también es un símbolo:
el hedor y la magia.

 

Sitios

cuando la ciudad surge en mí
brota esa sensación de temblor
que resumo a cada paso.
Reina….Belascoaín….Carlos III
no logran develar otras madrugadas
ni calles menos frugales.
se vuelven contra mí:
casa….lavabo y destino
como una dicha más
de atarse a los alcoholes
a esos desastres
que castigan
y parecen muy fieles.
cuando viajo a la profundidad
de lo que en mí se gasta
y el zumo de limón arde los ojos
la ciudad se me enquista
se desploma
y es relámpago
que no ha de volver.
surgen entonces
esos recuerdos
tensados por la memoria
esos sitios
en los cuales advierto
las esquinas más desoladas.

 

Pensar la vida a través del lavabo

me preocupa correr por el diente-de-perro
cuando la vida es un simulacro
a la hora de podar
ciertas rosas en la noche.
me preocupa la soledad
camino hacia las claridades
el obstinado rigor del cangrejo
al cuidar de su cuerpo para arrastrarse.
he visto con cuánta parsimonia
tocas al caracol en su cansado rastro
a los erizos
que con el amanecer
se acomodan
en lo profundo de las aguas.
pienso los círculos que pasan
a través de ti. sin ataduras
el tiempo es un círculo.
entran a mi cuarto noche y candiles.
me preocupan los años
el discurso
que se contagia de ti
y esas manos
perpetuadas en lo herrumbroso.
tras la madrugada lo que se escurre
es el tic tac de un reloj.
el tiempo y su círculo.
la tanta vida turbia por el lavabo.

Ramón Elías Laffita
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