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Meridianos, de Eva Sytina y Danny Antobelly
(selección)

sábado 30 de octubre de 2021
“Meridianos”, de Eva Sytina y Danny Antobelly
Meridianos, de Eva Sytina y Danny Antobelly (Círculo Rojo, 2021). Disponible en Amazon

Meridianos
Eva Sytina y Danny Antobelly
Poesía
Editorial Círculo Rojo
Almería (España), 2021
ISBN: 9788413982243
82 páginas

De La vida sin restricciones, de Eva Sytina

¿Cuántas más muertes?

¿Cuántas más muertes?
¿Cuántas más suertes
faltan para hacerte
ver el pavor que has sido?
¿Y no estás cansado
de fallos del pasado
que hemos enfrentado
por años, siglo tras siglo?

Cerrando los ojos, veo imágenes vivas
de los discursos altos, acciones nocivas.
Pero desde Letonia hasta Belice
cada uno de nosotros quiere ser feliz.

Tras tanta violencia, ¿qué
se queda en herencia?
No hay paciencia
que nos perdone todo.
¿No te importa nada?
Parece despistada
la tierra, madre que está
harta de nuestro modo.

Cerrando los ojos, veo imágenes claras
de la desolación pegada en las caras.
Pero desde Bolivia hasta Senegal
la esperanza se nos muere al final.

¿Cuántas más muertes?
¿Cuántas más suertes
faltan para hacerte
ver el pavor que sigues siendo hoy?

 

Libertad

¿Cómo compensar tu ausencia?
¿Con libros de poetas? ¿Con locura fugaz?
Si antes siempre tu presencia
me compensaba todo, todo lo demás…
Si es cuestión de lo habitual,
te juro que soy fiel a lo que amo.
Te amaba tanto que fue irreal
para todos cuando yo hablaba.

De qué había hecho yo por ti,
cuántos récords batía por los dos.
Y mi personalidad yo la perdí
en la batalla por tu corazón.
Ya yo estoy tratando de juntar
las piezas que llevan mi nombre.
La libertad quisiera tatuar
para que nadie más me la robe.

 

Tu hechizo

Podría tener cualquier hombre que quisiera,
viajando por el mundo, capturando las miradas.
Por eso no entiendo por qué aún prefiero
ser fiel a vos, agradecida por tus cosas raras.

Debería haber tomado los cortejos y regalos,
olvidando lo que me dejó tu corazón tacaño.
En lugar de ello, cada noche quiero tus abrazos,
aunque sé muy bien que mis recuerdos me engañan.

Soy víctima de tu hechizo,
papel maché con falsa sonrisa.

 

De Melancolía del puerto, de Danny Antobelly

Trueques

Una vez conocí a una mujer
hecha de viento
que despeinaba los deseos
de los hombres.
Remendaba las pasiones
apagadas.
Construía constelaciones
con pretextos.
Hacía de las quimeras
realidades.
Bautizaba incrédulos
con cenizas.
Atizaba sombras
con rayos de luz.
Abría caminos
con ausencias.

Y yo
solo podía ser silencio,
un arlequín
tratando de hacer sonreír
huesos ajenos,
un aprendiz en eso
de ser nunca.

Una vez
conocí una mujer
y me perdí
a mí mismo.

 

Respuestas

Nosotros somos los abandonados,
los que se han entregado
al delirio de lo inevitable
para no exigirles nada a los sueños,
para reírnos de los anhelos
que mueren destilados en las canaletas.

En el instante en que repican las campanas,
entregamos el alma al viento
antes de que nos dibujen
una lápida autoimpuesta
y declaramos como templo
el agridulce sabor de la existencia.

Nosotros, los abandonados,
los que hemos escuchado
los latidos de las piedras,
hemos roto el velo de la apariencia
para ver derrumbarse el mundo
que pusieron sobre nuestros hombros
como herencia.

Somos los insustanciales
que se salvan con un sorbo de lluvia,
los eternos buscadores de respuestas.

Aunque nadie podrá responder
por qué el vacío
pesa tanto.

Y, mientras tanto,
seguiremos escribiendo poemas.

 

Presentimiento

Vendrás
y terminará mi guerra
contra los adverbios.
Inventaré el lenguaje,
dejaré de ser diccionario mutilado,
prescindiré de los pretextos del silencio.

Y seremos por fin el verbo
en la boca de un dios
casi olvidado.
Enterrarás tu dedo en mi costado;
las hojas de los árboles
se llenarán con fina letra.

La torre de Babel es otra cosa
en tu fiesta de idiomas relucientes,
balbuceos voraces e indecentes
que susurran el origen de las cosas.

Vaya fiesta de luces en tu voz,
vocablos germinados en mi oreja,
etimología de la palabra amor,
raíces donde tiemblan mis fonemas.

 

De A dos manos, de Eva Sytina y Danny Antobelly

Lástima

Ay, si yo pudiera volver a nuestro primer año,
una temporada de felicidad que aún extraño…
Ni el océano ni la distancia existieron,
solo el amor y el infinito cielo.

¿Recuerdas, como manos de seda, que pasó el viento,
arrastrando su caricia por mi piel caribeña?
Entre reproches y placer, el amor etéreo pierdo.
Cada día se hace más duro. ¿Y tú? ¿Con qué sueñas?

Siento el agrado incesante; recorre mis venas
sin dejar más tinta ajena correr por la arena.
Cánticos de viento, sus cuerdas me provocan las penas,
el espacio sobre cero me mira de otra manera.

Es una lástima, pero tú cambiaste; me cambié.
Al hogar no volverá el mismo sentido de lo que fue.
Que tengas buena suerte, te amaré por siempre,
pero hoy confieso que sin ti mucho mejor me siento.

Danny Antobelly
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