“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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Tránsito y fulgor del barro, de Aníbal Fernando Bonilla
(selección)

lunes 29 de noviembre de 2021
“Tránsito y fulgor del barro”, de Aníbal Fernando Bonilla
Tránsito y fulgor del barro, de Aníbal Fernando Bonilla (El Ángel Editor, 2018). Disponible en la web de la editorial

Tránsito y fulgor del barro
Aníbal Fernando Bonilla
Poesía
El Ángel Editor
Quito (Ecuador), 2018
ISBN: 9-789942-753267

El fruto de otra larga noche

La apuesta diaria desde el génesis,
sombra en el umbral como cicatriz de lo desconocido.
Acertijo de las cosas insondables,
conjuro de vida expuesto de cuerpo entero;
orfebrería en plena aurora.
El poema como mortaja del mundo
en la cadencia del tiempo.
Los colibríes, huéspedes de honor en el amanecer fulgurante;
revelación en el escenario de la incertidumbre.
Apremio por los códigos marchitos,
desnudez del miedo que moja la pólvora,
fatiga en el reino ante el desprecio del soberano.
Anuncio de lo sagrado en el borde de lo efímero,
alusión de las aristas que queman las hendiduras del alma,
alucinación como recoveco que envuelve a la muerte.
El poema en el hermético palpitar peregrino,
huella y caricia en el corazón con armadura de celofán,
sonido de viejos acordes que retumban en la memoria de los otros,
angustia que decanta su propia sombra,
luz y senda que despierta el apetito de la luna voraz.

 

Sorbo de nostalgia

Las tazas
desandan
el aroma del tiempo,
redescubren
la memoria de otras latitudes,
delatan las calles transitadas
las cúpulas
en la amplitud de la historia;
ciudades desconocidas
de piedra
de viento
de equinoccio
de infancia
de verdor
de lejanía.

Las tazas
acumulan
aguas del mundo,
el hombre
sorbe el último
aliento de mar.

Morada ajena
cuyo faro
anuncia el horizonte.

Las tazas
aguardan
en mi estante
los colores
del errante,
la melodía
de otros lares
como nostalgia pura.

 

Canto sagrado

Felonía que rompe corazones,
devoción del gozo oculto.
Intensidad del río en los adioses
tinta derramada hacia la nada.
Reminiscencia de los años mozos
como lenta espera del ocaso.
El paseo del domingo
en la impotencia acumulada de lluvia.

Juegos iniciales como estirpe andante
en el vuelo sin tiempo,
quebranto por la ilusión fallida.
Pasión de sábanas ante el cúmulo del insomnio
y el fragor de la batalla entre dos serpientes.
Sensación perturbadora que deviene del olvido.
Escote para los ojos esclavos,
cuello atado al cántaro del siguiente día,
olor de bienaventuranza.

Son los sueños cuya bitácora alerta el diluvio.
Condena que nos deja este clamor poético.

 

Mirada actual

Luz ausente
en el reino contemporáneo,
habitantes parias
que huyen de la tierra
afligidos
por la omnipresencia
de astutos conquistadores.

Fábula de cada día
que trastoca la realidad
más allá del frío y la indiferencia.

Reino de amores escarlatas
en el celofán de la melancolía.

Refugio nocturno
en la puerta del manicomio
ojos de búho al acecho.

Corazón gitano
en el rostro desnudo
del mundo.

 

Piedras en el amanecer

Estupor de dos fieras
en el desierto calcinado por el hastío.

Duendes que huyen de la contemplación
aturdidos ante el diluvio.

Dios en la boca del ausente,
grito lastimero que revela derrotas.

Reminiscencia en la balanza que sostiene los huesos
como fatiga y quebranto,
piedras recogidas en el camino hasta el amanecer,
cordura fracturada en la cornisa de nuestros hábitos.

Pasión inerte en las caderas del tiempo,
exhortación del fruto prohibido.

Mirada caliente en el cadalso azul,
mientras la mentira devora sus ojos de marfil.

 

Pretensión

Animales
encubiertos de razón.

Guerra campal
batalla carnal
epitafio
sin destinatario.

Luces
de una ciudad incierta
sombra de mi sombra
sombra de tu sombra
austeridad en los pasos subsiguientes
recato de miradas
desde la pasión desvencijada.

Quiero nuevamente
tu mano de arena
para atravesar los jardines pendientes.

 

Poética I

He ahí el cielo en la plenitud sagrada
la fraternidad de lo dicho y de lo callado
el abrazo que recoge afectos
el estallido de penurias
y el aroma del café cargado de gozo,
la sonrisa a flor de piel
la austeridad de lo indecible
el relámpago tras la caída de los cuerpos
el sollozo de los excluidos
el advenimiento de vientos promisorios
la ruptura del pretérito
la antítesis del caos
la seducción del ángel desconocido
la piel de los otros
los besos contenidos en el tiempo
la balada preferida por los amantes discretos
las casitas multicolores
en donde aguarda la historia
y la histeria de sus habitantes,
el letargo de los días
el amor como conjuro inútil
el desamor como necesaria catarsis
la increpación de la derrota
la mirada taciturna del forastero demolido
ante el estupor de la vida,
la fe impuesta en las catedrales. 

He ahí los árboles
cuyas hojas van a la deriva del viento
tropezando en la metrópoli de veredas doradas
como fulgor de otoño.

Aníbal Fernando Bonilla
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