“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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Dos poemas de Ismael León Almeida

lunes 28 de febrero de 2022

Relación del paciente incómodo

Anda el tiempo revuelto
a fines de noviembre:
un agua pútrida se avecinda
al contén o bordillo de la calle
y levanta sus vahos.
Será el cambio climático,
pero en los parques cantan
y recitan,
levantan un cercado a los incómodos,
que otra vez resultan
destinatarios del dinero sucio,
alimentados siquiera magramente
por un ente malvado,
puestos de frente a la pared
a ver si esta otra vez se callan,
los fotografían de espaldas
y los aluden
y descalifican
(a los incómodos)
pero no los nombran,
ni sacan a la luz
sus argumentos,
tan sólo los aluden
los descalifican
(como si con el rostro les dieran la ventaja).
Cantan
recitan
para que vean los incómodos
cómo mueven las banderitas
se disfrazan de país
hinchan el pecho
y un día van a hacer
que uno se canse
de tan incómodo.

 

Huellas

En alguna otra vida
haría obsequio galante
de un frasco de Chanel número cinco,
un par de Pradas para piernas esbeltas,
(saliente perspectiva de un boulevard distante).
O una cartera de mil, dos mil, cuatro mil dólares,
(salario de diez años en el día)
de una tienda cualquiera de otra Quinta Avenida.
Para el cuello insinuante, caída la medalla
hasta los senos naturalmente espléndidos,
colgaría los dieciocho quilates de una Virgen
(no es alusión envuelta en papeles de seda).

Algún viaje a París,
afortunados tiempos de aquella otra
trasvida,
o al menos la soñada
aventura de pesca
a Bahamas en yate
(continuidad de islas
que no hablan español
y Hemingway nombraba).

En veranos lluviosos o en la otra estación
del archipiélago,
de tiempos a esta parte ofrendas hubo
de poemas viajeros en entrega especial,
algo así como el viento
dispersa las semillas
de la ceiba y del roble.

Noticias aseguran
que ninguna de aquellas
Venus tan celebradas
accede a desprenderse de las viejas cuartillas,
gastados testimonios que ni aspirar ya pueden
a obtener algún voto para la antología.

Defienden las señoras su
esmirriado legado,
de asedios conyugales y burlas de las nietas.

Será tal el problema
de reencarnar de pobre
¿o qué otra cosa cabe?

Ismael León Almeida
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