“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
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Cinco poemas de Karen Sevilla

lunes 4 de julio de 2022

De lo irremediable

No lo mediría con algunas
horas de monólogo cuasi infantil
o con algún remordimiento gutural
—en el fondo— un tanto débil.
¿Para qué pasarse
un puñado de horas en un parque que flota
sobre parches de ajedrez
sin que llegue el turno de jugar
y se enfríe el café?
Conversé. Un extraño espejismo
alertaba sobre
no jugar versus el máster ruso, sobre
no a la matiné acompañada, sobre
no contar los cabellos en la ducha, sobre
no extrañar sobremanera sobre
…………………………………..todas las cosas.
Transito tímida
bolsa olorosa a cafetín bajo el brazo
mientras la noche se escurre, prometo
no más contar
fichas de menos hacia
un otromismo.

 

Telúrico

Abuelo, tú el de las manos enormes,
tan gigante
que un día te escabulliste bajo el suelo
y me dejaste bastarda entre colinas sin norte
hecha cascarón.
Saqué la piel que me quedó,
limpié la sangre seca y eché a andar.
Se fue todo en sesgo de olvido.
Te veía como la sombra que descansaba junto a mí
por cada rincón;
en todos ellos buscaba un pedazo de tierra
y cavaba las manos queriendo encontrarte.
Descubrir tu cara entre ella,
sacudirle bien el polvo
para que abrieras los ojos otra vez
y que con una mirada lánguida dijeras
cuánto había crecido.

Nunca te encontré.

 

Exequias

Abonado de ínsula amalgama:
pedazo de papel tierra
en desplazo abisal. Al exilio por agua.

Mencionarle.
¿Sonido o epifonema?
Carencia en fuga impersonal
(aíslo de lo inmediato lo proscrito
lo desemejante lo próximo lo prójimo).

Aíslo de la isla:
punto ínfimo en la palabra
—como mancha de la i.

Vivir sin decir
casi. Lugar de resistencia
i bramar.

 

Principio de proximidad

Devino la extrañeza. La carne
que otra vez será
como es el equilibrio en las cosas
que se desprenden
por su peso, una falsa
Gestalt más bella en sus partes.
Dejaré para teoría lo que quede
de tus poros; lo sobrante
entre tu piel y mi lengua
políglota. Porque tus canas
cederán entre estos dedos
versados en las simples
formas de tu todo.

 

Alameda

Escribir un poema es escalar
una montaña de vigilia.
Apenas ves su copo de nieve,
mas adivinas del tope la envoltura
de la brisa, la plenitud del panorama.

Cada noche esgrimes carencias
en un cuaderno azul.
Fumas a oscuras, despides la velada
tumbada en el suelo junto a la cama
con la libreta abierta y una pluma cerca
por si los sueños
revelan cuanto el sentido camufla.

Antes de sucumbir al agotamiento
algo de ti está a punto de desprenderse
y rodar por la pendiente.

Entonces estos versos
aguantan tu caída.

Karen Sevilla
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