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Hablan los muros: poema y resistencia, de Carlos Arturo Arbeláez Cano
(selección)

lunes 19 de septiembre de 2022

“Hablan los muros: poema y resistencia”, de Carlos Arturo Arbeláez Cano
Hablan los muros: poema y resistencia, de Carlos Arturo Arbeláez Cano (El Arcano, 2022).

Hablan los muros: poema y resistencia
Carlos Arturo Arbeláez Cano
Poesía
El Arcano Editores
Bogotá (Colombia), 2022
124 páginas

De incógnito en la vida

Octavio Amórtegui

No quiero ser oficial para la historia;
pasar de puntillas por la vida es mi propósito
para no despertar la desazón
de los imitadores de la mediocridad.

De incógnito en la vía, mejor dicho,
por donde todos se pasean
como un mismo maniquí
apostando promesas al mercado
y a merced de un tiempo que esclaviza.

 

Cómplices

Por la ventana se asoma un gato.
Es un gato de un negro renegrido,
tres líneas amarillas que le cruzan:
por la cara, por el pecho y por su lomo;
discordantes, en todo caso,
con los ojos ambarinos
que me acechan, quizás, o me persiguen.

Lo demás, techos percudidos
por un medio amanecer que no despunta,
techos oxidados por el tiempo de las emisiones
en la era del vértigo y del ruido.

Que pereza intentar una
tautología de la ataraxia
en esta reiterada
errancia del desvelo.

El gato, como yo, le dispensa a la noche su misterio;
no sé si me mira cuando, como él,
me paro a otearlo desde mi atalaya;
o lo busco o lo espero
en mi noctambulismo.

Los pájaros en la madrugada
coquetean con él,
mientras que a mi silencio
sólo se acercan sus pasos
que traquean por los escalones
anunciando la llegada puntual
del alba y su presencia.

Dicen que compartimos
amores imposibles
en este germinar de frustraciones.
Dicen que el gato escapó,
por el patio trasero de la casa vecina;
no volvió, dicen,
pero yo lo adivino con su andar sigiloso
huyéndole a la aurora,
intentando ingresar a mi buhardilla
a examinar conmigo
un tropel de nostalgias compartidas.

Son tan leves sus pasos
que ya los escalones ni traquean;
me confirman que ha desaparecido
para siempre.

 

Soledad aquí y allá

La soledad me habita y me persigue.
Huir es perseguirme sin sosiego.
Acepto deshabitar lo que hay en mí
para habitar en ti como un respiro.
Darme el placer de tu talle y tu regazo:
detenerme a las puertas de tu hechizo.
¿Quién responde a mi duda
cuando eres mi inquietud y mi locura?
Ni aquí ni allá he encontrado
la clave de tu encanto; transitas como yo,
por entre el sortilegio de un enigma,
que intenta desvaríos por las rutas precisas
de este laberinto que es mi vida.

 

El espejo

De los espejos
me asombran sus fantasmas,
y es que habitan allá,
en una dimensión
de esperanzas y dudas.
Creemos, frente a él,
que si somos nosotros
quedamos congelados
en nuestra propia aceptación.
Otras veces creemos
que son el personaje que buscamos
evadiendo el espectro
que nos marca el aquelarre
de nuestras propias frustraciones.

Espejo o espejismo
yo sólo he sido del color de la tristeza;
en la tragedia o el desvarío
le apunté a parecerme a algún espectro.

Cada uno se conforma con su sueño,
la fantasía es el mal del extravío
frente al espejo que no atina
a ser nuestro adversario o nuestro amigo.

Carlos Arturo Arbeláez Cano
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