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caen gotas de lluvia de las nubes del lenguaje
(en bibliotecas)

miércoles 2 de noviembre de 2022

Bibliotequitis

Bibliotecas en hospitales, en prisiones,
en centros comerciales.

Bibliotecas en aeropuertos,
en jardines, en la playa.

Bibliotecas en las brechas despejadas
de las zonas de guerra.

Bibliotecas en vagones de trenes,
en autobuses, en lanchas;
jaladas por bicicletas, a lomos de burro
(y una llevada por un camello).

Bibliotecas de juguetes, de herramientas,
y de libros en relieve braille: bibliotecas
sin libros o sin letras.

Tan empedernidos, bien contagiados de bibliotecas.

para Guillermo Yrizar

 


 

He leído esta semana
dos noticias sobre escritores
que sembraron bibliotecas;

narradores que donaron su cosecha
de extensos años lectores;

primordiales hormigas
de la alta hierba escrita;

labriegos de palabras
al tacto de la dicha de lo dicho.

 

Nubes y libros

Las ciudades son sus libros
y sus nubes
dos presencias que no tienen un horario fijo
para nacer, para partir o para llegar; las dos nos cultivan en amistades viajeras y existen casi sin estorbar ventanas;
ambas necesitan de la vida del árbol para ser
y puedes sentarte bajo su metasombra a ojearles;
nubes y libros, dos presencias que dan forma a mis ciudades a veces de manera imperceptible o camuflada,
aunque estén a la vista o al alcance de todos;
entre cielos enormes y pequeñas bibliotecas no sabemos desde dónde pueden venir, ni hasta dónde podrían llegar;
dibujar la silueta de una nube o de un libro, enseguida nos da calma.

 

Biblioteca Nacional

La historia clínica de tus bondades
tendría poco peso en esta ciudad neoliberal;
bibliodías, llamé a todos esos meses
en los que me salvé del mundo terminal
ojeando en extranjeras tierras de papel
no siempre ajenas.

para Ander Azpiri

 

Ir a la biblioteca pública ayuda a la ficción

Y ellos escriben “consumo cultural”
cuando en realidad quieren decir
metro cuadrado de signos;
por eso cuando dicen “catálogo”,
cuando calculan indicadores de “consulta”,
sabemos que en realidad quieren decir
que vinimos por la sed
de teorías gráficas,
y de informes musicales;
y a ver personas, claro,
………..que se convierten
en piernas pasando;
o a inventar cronodiccionarios,
cuentachulos.

 

Sala de lectura

Done
el silencio
que usted
siente.

 

Pasillo de biblioteca

No traer nunca algo entre manos;
traerlo, como a montones de libros,
siempre entre abrazos.

 

Sala de bebés

Cuando Ruth Galicia
contunde
que todo arrullo es lectura
las carcajadas se transforman
en preguntas:
………..qué es caricia,
………………….qué es regazo,
……………………………qué es dulzura;
y qué es este libro abierto,
de tantas posibilidades.

 

La novela

Y el texto
………..como un autobús
corría al borde
………………….del mar,
pero en el interior
………………….viajaban
demasiadas ausencias.

 

En el cuento

En el papel del día,
como en un bosque,
cae la lluvia sobre el relato.

 

Libro erótico

Un libro de poemas eróticos
pondría
todas las (i) entre paréntesis;
pero uno efectivamente erótico
tendría por fuera
todas las esquinas mordidas,
y por dentro escribiría
mordidas y esquinas.

 


 

El amor por el bosque no es tan simple
como muchos ecologistas pregonan,
porque en el bosque hay niebla, lluvia,
desesperación, acecho, ventisca,
romances sonámbulos, chaparrones.

En el bosque prosperan residuos
y florecen daños
que él no produjo, pero trata de sanar;
y hay obstáculos, también,
que pueden ser muy suyos,
desde luego,
y cosas de un vigoroso existir
que nadie ve.

Como en las bibliotecas.

Selección. Algunos poemas incluidos en este libro fueron escritos para el proyecto poético “Ma/Pa (pequeño atlas street escrito)”, que recibió el apoyo del Programa de Estímulos a la Creación y al Desarrollo Artístico de Baja California 2019-2020.

Teresa Avedoy
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