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Nueve poemas de Abel Santos

viernes 7 de abril de 2023
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Tu nombre es canción

Como la lluvia
(que no la para nadie)
sobre todo las tardes de invierno,

la imagen
en mi memoria
de tu cuerpo desnudo
me despide
para siempre
de la cercana desnudez
de tu cuerpo.

La lluvia,
que nunca falla,
que de nuevo
…………………….cae.

Así es
tu recuerdo.

 

Me niego a darme por vencido
y a llamar poesía a la oscuridad

La realidad
es un sueño que tenemos despiertos
y que raramente tiene cambios
inesperados o incongruentes
porque está sujeto al marco del tiempo.

Excepto la mañana en que rompimos.

¿Cómo puedo recuperar
el hecho de que por más que yo me oculte
en la más profunda de las sombras
la luz siempre me encuentra,
pues ella me espera allí?

Yo te juro que me niego
a darme por vencido
y a llamar poesía a la oscuridad.

Pero ya no me miras, ya no estás,
sino como un tenue recuerdo,
en este rincón del frío.

 

Aguanta un poco más

Dicen
los filósofos existencialistas
que gracias a un profundo cansancio
no llegamos a caer
en un sentimentalismo fatal.

Pero déjame decirte como poeta
—que busca la publicación perfecta—
una cosa, y sólo una:

nadie debería salirse de quien es.

Hay tanta fealdad
fuera de la lluvia.

 

El vencedor

Quisiera ser mujeriego
como mi padre, el muy bastardo,
y vivir, de conquista en conquista,
las cuatrocientas noches
con cuatrocientos cuerpos
que decía Jaime Gil de Biedma.
Pero el amor no me deja.
A la tercera va la vencida.
Y me detengo.

 

Cuento de invierno

Hoy es un día
de mediados de enero,
limpio, soleado,
de entrañable calor.

Imagino que es marzo;

que va a anochecer más tarde,
como al principio
de nuestro amor.

 

La tentación

Te bajé la falda y vi entero París,
como dice la canción,

y encontré a La Maga en un autobús desangelado,
y me olvidé de llevarle flores a Jim Morrison,
y se hicieron carne los nocturnos de Chopin,
y profundicé en la poesía de Pedro Salinas
que vivió toda su vida de casado
amando en secreto a otra mujer,
y me reí de Picasso y de todas sus amantes,
y Mimi ya no me parecía esa mezcla
de inocencia y madurez sexual
en Lunas de hiel, de Roman Polanski,
y sentí por ti un amor más grande
que el que Scott Fitzgerald tenía
para ese aire jazzeado de su preciosa Zelda,
y ya no quise ser Bartleby o Rimbaud,
y cancelé con estos versos
todos mis viajes al desierto de la literatura,
porque comprendí a Hemingway
cuando lanzó la pregunta
de si había amado tanto a una mujer
como para ver a la muerte frente a mí
mientras le hago el amor.

Te bajé la falda y vi entero París,
el París que no acaba nunca, lo recuerdo muy bien,
y bajar tus medias y besar tus muslos
era lo mismo que el aroma tratado con la calefacción
que ahora sale del interior
de las perfumerías y creperías
en mis fríos y muertos paseos invernales.

Y aquí me quedo, un instante,
antes de seguir mi camino. A tantas vidas ya
de entrar en tu vida. Pero no deseando nada más,
nada más que no sea dejar abierto

este poema.

 

El misionero

Me aburres, poeta, me decía la santísima poesía
con el cigarrillo de después entre los dedos,
escribes muy bien, Santos, no lo puedo negar,
ya te habrán dicho más de una vez que escribes
…..como los ángeles,
te pones encima de mí y me haces el amor
y te pongo cara de boba
cuando susurras bellas expresiones de luna de miel que
…..ya nadie usa,
cuando me hablas de la vida y de la muerte,
del amor, de la belleza, de envejecer juntos,
y me da mucho gusto todo eso.
Me llamaste y he venido otra vez, aquí me tienes,
…..desnuda,
entre páginas blancas de seda,
pero me canso de estar debajo de ti,
de tus todavía pueriles ganas de cambiar el mundo,
de tus lágrimas asépticas, de que me llames musa,
del poder de la pura palabra y esos espejismos,
porque no abres los ojos, no tienes ni pajolera idea
de lo que pasa a tu alrededor, como muchos poetas
…..no eres real,
no me despiertas como un cuchillo,
y hasta San Pablo Neruda iba con un cuchillo verde
…..por las calles
gritándoles al oído a las monjas.
Estoy cansada de tu estilo,
de tus predecibles duros poemas en postura del
…..misionero,
de tu monocorde solo de bebop para saxo
que no se ríe de las normas,
de esta partida de cartas románticas sobre la cama,
de tanta sota, caballo y rey.
Quiero que seas brutalmente sincero conmigo, y
…..contigo,
delante de todo el pueblo y para el pueblo,
quiero que me des una vuelta
de hoja, que me lo hagas por detrás, y de lado, y de pie,
y de rodillas, que termines derramando
tu mala leche en mi cara sonriente
de mimada reina de los premios de poesía concertados.
Estoy cansada, repito, de tu Poesía Postura Misionero,
quiero que termines de una jodida vez
lo que has venido a hacer conmigo, como sólo aquellos
…..elegidos
que conocen su verdadera misión en el mundo
saben beneficiarse a la vida y a la muerte
libres de toda impostura,
sin tocar y retocar tanto la misma parte del poema,
el mismo poema,
de la misma forma, hecho así, cientos, miles de veces,
el mismo poema.
Y entonces, y sólo entonces, poeta,
tendré un brillo especial en la mirada
cuando me llames
Amor.

 

Blues for Myself

¿Cuando tanto he sufrido
quién estuvo
ahí?

¿Quién fue?
Yo.

Porque el destino
me hizo
así.

No me alegro
de lo que mi propio destino
me deparó.

Pero
aquí
estoy
yo,

para luchar y
entregarme
a él,

una lucha
a la que me enfrento
día
a
día
sin cuartel.

Cuando Tete Montoliu
tocaba en su piano ciego
Blues for Myself,
las sombras
se rompían por dentro
y sonreía
el sol.

¿Quién podrá más,
el ocaso,
o el amanecer?

 

Aquí
estoy
yo.

Estoy yo.

Yo.

Al alzarse.
Al caer.

 

En las afueras

Me basta con leer en la cama,
ahora que la brisa del verano entra,
por el tranquilo y poco ambicioso patio de luces,
acariciando el libro y mis pies descalzos.

Dejadme aquí.

Mientras pienso esta noche
en todos esos poetas que van pisando fuerte,
convertidos en una nueva estirpe
de ángeles o monstruos
en el centro de la verdad.

La poesía a mí me dice algo
ya muy distinto. Y me sonrío.

Ni asociaciones.
Ni colectivos.
Ni capillas.
Ni espectáculos.

Tan sólo yo y una pequeña luz
en el eterno retorno
de la soledad de las palabras.

Ese es mi único círculo literario.

Abel Santos
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