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Indagaciones sobre la luz, de Gonzalo Camarero
(selección)

lunes 25 de marzo de 2024
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“Indagaciones sobre la luz”, de Gonzalo Camarero
Indagaciones sobre la luz, de Gonzalo Camarero (Loto Azul, 2024). Disponible en Amazon

Indagaciones sobre la luz
Gonzalo Camarero
Poesía
Loto Azul
Valencia (España), 2024
ISBN: 978-8410162099
124 páginas

El mar es femenino

También las almas se evaporan de las aguas.
Heráclito

El mar es femenino como una hembra
que ha mordido sus uñas, cuyo pecho
la luna ciñe alterna y curvo un trecho
dorado el sol la sume con su siembra.

Femenina es la mar, indiferente
al dolor de quien pétalos azules
graba en sus olas blancas, en los tules
quietos donde agoniza en paz la mente.

Tus ojos de fulgor claro y ambiguo,
los rizos de algas que abren tu tristeza,
la compañía cóncava que donas,

algo tienen de sal y remo antiguo,
de zozobra y peligro. Allá empieza
el agua oscura donde me ocasionas.

 

El filtro

Ay, el filtro fue sólo nuestra excusa.
El amor ya emanó de aquella herida
que me curaste cuando, reducida,
preludió de unos ojos la anacrusa.

Entonces perdonaste aquella muerte
de quien causó mi daño, y el destino
no quiso que otros labios de aquel vino
bebieran, restañando nuestra suerte.

La llaga. Ser un cuerpo que no vence
sus vísceras ni flujos, y que elude
el dominio del crudo sentimiento.

Sin poseer mi entraña estoy, que enlience
mi descarne de ti da igual. No pude
con el licor, su estiba y su lamento.

 

Amanecer de las voces

Cuando amanece
dialoga
mi espíritu con el paisaje.

Ambos están reposados
y charlan acompañados
por los pájaros,
hechos café tibio
junto a la ventana de un bar.

El mundo es la voz de ese paisaje
y yo sólo una voz interior
que un instante abandona
sus límites
proyectándose en la luz.

Esas voces se funden
ensimismadas en su soledad
porque siempre están confinadas.

En aquella hora mi voz se finge eterna
y cree que cuando esté tendida
en la quietud final
podrá adherirse a los huesos
para seguir hablando…

Entonces, no cerréis las ventanas.

 

A mi padre

Siendo niño ascendimos la montaña.
Allí estaba la tumba aquella en piedra
que me hizo sentir héroe de yedra
aferrado a ti, porque en esa braña

subí tan lejos. He de ti aprendido
que a veces ser valiente es lo preciso
por dejar en herencia un paraíso
a quien en la vida hemos precedido.

Por eso has escalado muchas cumbres,
y te perdiste en nieblas solitarias
donde nos saludabas desde lo alto.

Aunque con tu ejemplo tanto me alumbres,
ahora que a tus recuerdos asalarias,
sabe cuán tu figura hoy yo exalto.

 

El amor es agua

Soy el agua que adopta cualquier cauce
y, aunque haya sido algunas veces mar,
a menudo no fui sino el danzar
de una gota en el ápice de un sauce.

Reblandecí tu cuerpo a tu pedido
tras haber inclinado mis orillas,
mas hoy con tu silencio me arrodillas
ante mi propio aljibe desleído.

Soy el agua ambigua que te origina
y me bifurco bajo el lecho seco.
Y pienso en la efeméride dadora

de lluvia, y en la fuerza que reclina
abajo mi rumor, donde me obceco
por salir con tu ayuda mediadora.

 

La mirada del mar

De gris se vestían las piedras apagadas
ocultándose hasta la llegada de la pleamar.
Entonces, al contacto con los traslúcidos
dedos canosos del piélago los guijarros
se desnudaban en fulgor:
brillaban como un compendio aplanado
de todos los lugares del mundo,
allí arrastrados por la marea igualadora.
Era el mismo mar depravado
que hundía los pies enredándolos de algas,
arrastrándolos hacia las hélices de las olas.
Horizontalmente entretanto volaban
las gaviotas, paralelas a la tierra
con tumbados ojos uráneos que no miraban
al suelo, que refulge ahora bajo las aguas.
Los ojos verdes del mar
que hipnotizaban los de las gaviotas:
brillantes, peligrosos, indiferentes.

Gonzalo Camarero
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