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Cuatro poemas de Amalia Mercedes Abaria

lunes 1 de abril de 2024
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Poema de la noche larga

¿Cuál es el tiempo que no es?
¿qué es esta quietud de la palabra
donde no veo tus ojos, ni el mar
ni el corazón de la noche?

Cuántos rostros perdidos, olvidados
nos llaman desde un temblor nocturno
hacia sus muros de mármol
sus lágrimas ocultas.

¡Oh! el tiempo esconde
su disfraz de lobo
y nos miramos en silencio
agazapados en la noche larga.

Cárcel de luz, dime, ¿qué es,
qué es esta noche
donde no hay cuerpos, ni pieles
ni besos
y las mortajas huyen
a una tierra abierta hacia la muerte?

Tantos hombres arrimaban
sus ojos
a los aplausos de las marionetas.
Yo los vi, había musgos en sus pechos,
falsos laberintos, torres devorando el cielo
y una tristeza de animal muerto
como una cruz que cae y cae.

También vi una mujer huyendo
hacia un campo sin siembra
páramo de oscuras semillas estancadas
y un niño atrás
con lágrimas de prisionero.

Si fuera el camino del Árbol…
donde cada hombre, cada mujer, entregase
su corazón muerto
su cólera, el acero ensangrentado
el vasto lodo de un mundo sin piedad.

Oh las heridas se adornan
con moños resplandecientes
pero estás solo y ningún viento
podrá devolverte tus raíces.

¿Hay esperanza?
¿Vendrá la resurrección de las estrellas
y los párpados tirarán sus cenizas
al pozo de las espinas?

Miren allá, detrás del abismo
la apertura del cielo
una mujer con un lirio de agua,
un cuarzo desnudo,
un rubor vivo en el horizonte.

Y un pájaro, varios pájaros.

Un pájaro en mi ventana.

(de Plegarias en la noche larga; Vinciguerra, Buenos Aires, 2022).

 

Aeropuerto

Tantos ausentes, caminantes ciegos hacia
un túnel de sombras, sin testigos
ni pájaros, ni árboles.

Sólo caminantes detrás de la muralla invisible
de la soledad de un náufrago perdido.

Veo el flujo gris, el aliento
de un hombre solo con su pensamiento
en el inmenso mar de una constelación
detenida hacia la espera.

Veo hombres silenciosos
un espejo cubriendo un desamparo
lento y seco del atardecer.

Y no hay huella ni marca
sólo un negro tapiz en los escaparates
en los hormigueros hambrientos
que sangran de día y de noche.

Y aquí no hay nadie, nadie
como una isla quieta, un vacío suspendido
en una caja de vidrio
…………………….a punto de estallar.

Insomnio de un velero.
…………………….planicie muda.
………………………………Páramo.

(de Necesidad del silencio; Vinciguerra, Buenos Aires, 2018)

 

Necesidad del silencio

La mansedumbre de ayer
mira en la intemperie
un espacio ajeno
que también fue mío
(y no te escucho).

No son susurros
ni restos de un orden humano
llegando o caminando
o dando voces,
no,
son agujas, hienas
chillidos girando sin paciencia
motores
despertando a mordeduras.

Las sirenas, ¿son aullidos,
penas?

Avanzan
con su cuchillo negro
y no hay sobrevivientes.

Como agujas, sí,
en esta atmósfera triste
de papel quemado
y estos ganchos,
estos ganchos
sobre la serenidad,
(y no te escucho).

Así fue temprano
en la mañana
y se aproximan ahora
nuevos arpones:
llegarán a tiempo
de cerrar todas las capas,
los oídos, las cerraduras
los niveles todos,
casi, de la serenidad.

(de Necesidad del silencio; Vinciguerra, Buenos Aires, 2018)

 

El color del sufrimiento

A mi hermano, Alfredo

Sí, el sufrimiento está allí,
sin ningún color, o señal, o aviso.
Quizás sea un gris, un lento luto de piedra
o un violeta descascarado, o el no color
del mundo subterráneo.

El sufrimiento viene,
invade el corazón con sus alas de piedra.

No está el sol,
se ha ido con tu muerte
y se ha llevado todos los colores
y una sombra gigante
huye hacia el fondo.

¿Dónde están, dónde,
el verde, el rojo, el naranja?
¿Con los dientes de la despedida
o en los abandonados juncos
en la orilla del dolor?

Ya no verás el cielo, desde tu ventana,
Sólo la hojarasca de la noche
junto a tu mano para siempre.

(de El musgo y la calma; Botella al Mar, Buenos Aires, 2013)

Amalia Mercedes Abaria
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