
Altar de nadie
Félix Anesio
Poesía
Editorial Oxeda
Ayapango (México), 2022
ISBN: 978-6079963811
126 páginas
En las altas horas
El refugio de la noche es pródigo en sucesos.
Bajo la luz de una lámpara se agrupan
los medicamentos y numerosas cuentas.
Una cortina roja, unos libros y un reloj
como salidos de una película de Bergman
son la escenografía de un viaje,
de un laberinto sin regreso.
En las altas horas de la noche se escribe el verso.
Siempre el mar
¿Qué puede el sol en un pueblo tan triste?
“La isla en peso”. Virgilio Piñera, 1942
Dejar atrás los libros de toda una vida,
las fotos y poemas en el cajón apolillado,
los recuerdos más gratos, los más duros;
el beso último y desconsolado de la madre,
la lágrima de un padre que aún desconocía el llanto.
Todas las cosas lo abandonaban de golpe:
las amables puertas del vecindario que tantas veces abriera,
como si fueran propias, con la feliz insolencia de los niños;
las esquinas del amor, el canto del pájaro enjaulado,
los maestros que nunca más volvería a escuchar,
la sopa de la abuela en las tardes más frías.
Habiéndose forjado un mítico universo,
hoy renunciaba a todo en busca de otra tierra
donde inventarse sueños;
y el mar, el siempre mar,
sería el único camino nunca antes transitado.
Bajo un sol de otoño
No ha de perderse en mí
todo el sabor del vino.
No ha de perderse en mí
todo el aroma del sexo,
ni el color de las flores,
ni la gracia del canto.
Yacen, aún latentes,
bajo la hojarasca,
como las setas de otoño.
Los seminaristas
A Osmán Avilés
Marchan por la Calle Obispo
bajo el látigo inclemente del verano.
Tras las raídas sotanas se vislumbra
el sexo de los hombres
que deben consagrarse al pudor, la castidad y la doctrina.
Las rústicas sandalias rozan los adoquines.
Como una impúdica plegaria se eleva el olor
de las axilas en el aire
envolviendo las aceras y las plazas.
Un jovencito imberbe y una niña los observan;
una beata, tras su velo, hace una extraña mueca
.............................................................y se persigna
mientras el dulce canto gregoriano hechiza a cada transeúnte.
Todos detienen su juego, su ocio o su quehacer
.............................................................para verlos pasar.
De dos en dos, los seminaristas, se pierden por la Calle Obispo.
Tuercen la esquina y se adentran por la oscura puerta del convento,
erguidos y austeros, cargando sobre su pecho tan pesada cruz.
Aún nos puede llenar de turbación la imagen que recuerdo.
Del amor tardío
Hagamos caso omiso a la cordura, vieja amiga.
Deja abierto el ventanal para que los efluvios
de tu rosa inmaculada se derramen alevosos
sobre los parques, las aceras y las plazas.
Entre los inquietos transeúntes de la noche
habrá algún mancebo que en su viril instinto
se apreste a la copula salvaje,
sin cuentas ni reparos.
Para que así desgaje tu antigua flor
guardada ya por tanto tiempo
y que no mueras, vieja amiga,
sin haber conocido de la vida,
el violento arrebato, el dolor y el goce.
Cuando abruma la sed
yo soy quien está junto al árbol talado...
Pedro Assef
Has muerto, poeta,
pero has dejado una huella
a contrapelo del camino:
tu voz de cántaro gentil,
vasija rústica que escancio
cuando abruma la sed.
No mueras más de lo que has muerto.
Visión de una vieja en harapos
Se extingue la bondad en los jardines privados.
A. Fonseca
Deja a los otros los trajines del Tiempo
y los vanos afanes que a nadie justifican
los desvelos de la víspera, los autos de lujo
las sábanas de 700 hilos, los triviales perfumes
el confort del baño y el desayuno puntual
las acolchadas pantuflas, las envilecidas marcas
y el altivo decir: Esto es lo mío y lo otro también.
La apropiación no se hizo para ella.
Bástale haber hallado un pedazo de papel mugroso
y una pluma abandonada en un basurero de un Banco
como si fueran un tesoro: el espejo de una fuente
de la que han de brotar sus versos desmedidos
su poema vital que quizás nadie entienda.
Mas eso no le importa, si es el fruto desollado
de largas horas bajo el sol, bajo la lluvia y la ventisca
en una parada del ómnibus que nunca ha de tomar
en una esquina cualquiera y decadente.
En una esquina del suroeste de Miami,
....................................................bajo una sombrilla rota
—como único refugio del espíritu— brota la poesía
como un manantial enajenado, entre la turbulencia del tráfico
la contaminación, el reverberante asfalto, las luces de los semáforos
que rigen la premura de los otros, las miradas esquivas de los otros
de esos que, como yo, pretenden ignorar a una vieja harapienta
que nos ofrece, como espléndido regalo, su vida en esencias
con todo el fervor de los ungidos.
- Altar de nadie, de Félix Anesio
(selección) - sábado 1 de junio de 2024


