
hoy te regalo el veneno del caramelo que me diste aquella noche de septiembre a las veintitrés horas
Carlos Penas
Poesía
Editorial Talón de Aquiles
Madrid (España), 2023
ISBN: 9788419180704
88 páginas
el latido placentero
de la placenta
se aísla en la memoria
del ser
mientras se endurece
la cicatriz
para ahogar el cuerpo
oxidado
a un pasito del sur
y el vasito de los yogures
habita el patíbulo del clip
a un pasito del sur
y el bluetooth umbilical
se excita con un solo clic
a un pasito del sur
la seda elastómera
del recuerdo
se anida en el nudo
del ombligo
mientras se desangra
la tijera
para ahorcar el cuerpo
corredizo
para que no se destiña
la canela de las almendras
para que no se ralle
el césped de las pizarras
para que no se arañen
los cuchillos y los vidrios
para que seas feliz en tu día
que reine la paz en tu día
y que cumplas muchos más
suenan sonoros los sonidos
de los sonajeros de juguete
¿por qué apoyas los estribos
en la cuna rígida del yunque
y los golpeas con el martillo?
de los cascabeles de papel
suenan sonoros los sonidos
para que no se quiebre
la calma de las baldosas
para que no se corten
los radios de los círculos
para que no se perfilen
las uñas de la porcelana
para que no me olvides
ni siquiera un momento
y sigamos unidos los dos
aumenta la superficie
que olvida al desecho
sin esquilar el algodón
de las nubes de azúcar
esperando las lluvias
para estirar las curvas
y hacer una línea recta
que prenda la mecha
te observo toda
sin la bata
de las conservas
desnuda y sin papeles
te conservo toda
sin la lata
de las conservas
esperando las lluvias
para estirar las curvas
y hacer una línea recta
que prenda la mecha
aumenta la superficie
que ilumina tu pecho
sin esquilar el algodón
de las nubes de azúcar
el anhelo de la espuma
provoca el roce
de una pastilla de jabón
cerca de esos tallos del río
donde se juntan los juncos
cerca de esa tierra húmeda
donde vegetan los grumos
de mi regurgitado cola-cao
sin tu presión
en mi pecho
me encierro
en una olla a presión
me encierro
en mi pecho
sin tu presión
el deseo de los sueños
resuelve la duda
de una cajetilla de cartón
cerca de esas nubes altas
donde se suicida el humo
cerca del color azul cielo
donde viven los anhelos
de mi regurgitado cola-cao
la angustia ya no deviene dolores
porque retrae la corteza del árbol
y despoja a los ríos de sus piedras
pronuncia el silencio con voz alta
para romper la cáscara de la nuez
y el tabique que separa las carnes
se oculta en la tráquea del buitre
entre las cenizas de los cartílagos
y las escamas de sus membranas
ya no temo a la angustia
en la jaula de la noche negra
ya no me angustia el miedo
el temor ya no deviene temores
porque se instala en la montaña
y se desnuda debajo de su falda
arranca las alfombras de musgo
para absorber todo ese temblor
y la escarpia que eriza las pieles
anida en el estómago del cuervo
entre estremecimientos gástricos
y nudos marinos de los intestinos
hoy es el día
hoy es el día que escojo
para regalarte el veneno
del caramelo que me diste
aquella noche de septiembre
ahora es la hora y no otra
a las veintitrés horas
hoy es el día que escojo
para regalarte el veneno
del caramelo que me diste
aquella noche de septiembre
y ese toro enamorado de la luna
que abandona por las noches la maná
hoy es el día que escojo
para regalarte el veneno
del caramelo que me diste
aquella noche de septiembre
a las veintitrés horas
ahora es la hora y no otra
hoy es el día que escojo
para regalarte el veneno
del caramelo que me diste
aquella noche de septiembre
hoy es el día
buceo en apnea vertical
por la frontera del cuerpo mojado
sin importarme el reloj de las rémoras
ni la belleza pérfida de las anémonas
lastrado con el peso de tu ausencia
te susurro burbujas que escalan la piel
mientras yo te desciendo sin respirar
atraído por la luz de tus pies abisales
te acaricio las flores de los almendros
con los nervios de un cigarrillo muerto
te buceo en apnea vertical
por el litoral de la costa húmeda
sin reparar en el filo de los acantilados
ni en los gritos de las corrientes marinas
y me adhiero a tu pubis
como un parásito
para extraerte el oxígeno
te buceo en apnea vertical
por la corteza de la ribera blanca
sin sucumbir al silbar de oídos
ni al temblor que me remonta
excitado por el deseo de tu presencia
te nado con los peces del cardumen
mientras tú vuelas con los estorninos
abstraído por tu porosa flora vegetal
te quiero sin el calor de los neoprenos
ni el amparo maldito de los cuchillos
te buceo en apnea vertical
por el perfil de la azulada superficie
para besarte con lengua de camaleón
y saliva sumergida en cola de contacto
de todos los juegos de cartas
me quedo con la escoba de fibra
por barrer los secretos del póker
por barrer los vicios del blackjack
por barrer el chocolate del mus
por barrer al egocéntrico del uno
siempre sin marcar
la desgracia de los tramposos
siempre sin guardar
la bala de un revólver en la manga
de todos los juegos de cartas
me quedo con la escoba de fibra
por barrer el polvo del camino
por taparme con tu velo de oro
por ganar a los puntos por ko
por haber crecido en los dos
por sentarme en los tres sietes
siempre sin marcar
la desgracia de los tramposos
siempre sin guardar
la bala de un revólver en la manga
de todos los juegos de cartas
me quedo con la escoba de fibra
En uno de esos paseos lunares, sentado en mi cráter, en un rincón, apurando un vaso y una ilusión, cuántas horas me paso sin nada más que recordando su forma de amar, y por culpa de la gravedad sin ser grave, descubrí que el caramelo que te da la vida, por el mero hecho de nacer, esconde siempre un quiste venenoso, muy similar al haba de un roscón de reyes en su forma, sorpresa y tamaño. Sí, Jiuston, tenemos un problema. Okey, corta y cambia y se perdió la comunicación. Lo extirpé, lo empaqueté para regalo con papel celofán y se lo devolví para seguir viviendo a años luz de todo lo que yo considero dañino, nocivo, tóxico y mediocre. Y lo hice con mucha amabilidad para no tirar por la borda la educación que tanto sacrificio les costó a mis padres


