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hoy te regalo el veneno del caramelo que me diste aquella noche de septiembre a las veintitrés horas, de Carlos Penas
(selección)

domingo 21 de julio de 2024
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“hoy te regalo el veneno del caramelo que me diste aquella noche de septiembre a las veintitrés horas”, de Carlos Penas
hoy te regalo el veneno del caramelo que me diste aquella noche de septiembre a las veintitrés horas, de Carlos Penas (Talón de Aquiles, 2023). Disponible en la web de la editorial

hoy te regalo el veneno del caramelo que me diste aquella noche de septiembre a las veintitrés horas
Carlos Penas
Poesía
Editorial Talón de Aquiles
Madrid (España), 2023
ISBN: 9788419180704
88 páginas

el latido placentero
de la placenta
se aísla en la memoria
del ser
mientras se endurece
la cicatriz
para ahogar el cuerpo
oxidado

a un pasito del sur

y el vasito de los yogures
habita el patíbulo del clip

a un pasito del sur

y el bluetooth umbilical
se excita con un solo clic

a un pasito del sur

la seda elastómera
del recuerdo
se anida en el nudo
del ombligo
mientras se desangra
la tijera
para ahorcar el cuerpo
corredizo

 


 

para que no se destiña
la canela de las almendras

para que no se ralle
el césped de las pizarras

para que no se arañen
los cuchillos y los vidrios

para que seas feliz en tu día
que reine la paz en tu día
y que cumplas muchos más

suenan sonoros los sonidos
de los sonajeros de juguete

¿por qué apoyas los estribos
en la cuna rígida del yunque
y los golpeas con el martillo?

de los cascabeles de papel
suenan sonoros los sonidos

para que no se quiebre
la calma de las baldosas

para que no se corten
los radios de los círculos

para que no se perfilen
las uñas de la porcelana

para que no me olvides
ni siquiera un momento
y sigamos unidos los dos

 

 

aumenta la superficie
que olvida al desecho
sin esquilar el algodón
de las nubes de azúcar

esperando las lluvias
para estirar las curvas
y hacer una línea recta
que prenda la mecha

te observo toda
sin la bata
de las conservas

desnuda y sin papeles

te conservo toda
sin la lata
de las conservas

esperando las lluvias
para estirar las curvas
y hacer una línea recta
que prenda la mecha

aumenta la superficie
que ilumina tu pecho
sin esquilar el algodón
de las nubes de azúcar

 


 

el anhelo de la espuma
provoca el roce
de una pastilla de jabón

cerca de esos tallos del río
donde se juntan los juncos
cerca de esa tierra húmeda
donde vegetan los grumos
de mi regurgitado cola-cao

sin tu presión
en mi pecho
me encierro
en una olla a presión
me encierro
en mi pecho
sin tu presión

el deseo de los sueños
resuelve la duda
de una cajetilla de cartón

cerca de esas nubes altas
donde se suicida el humo
cerca del color azul cielo
donde viven los anhelos
de mi regurgitado cola-cao

 


 

la angustia ya no deviene dolores
porque retrae la corteza del árbol
y despoja a los ríos de sus piedras

pronuncia el silencio con voz alta
para romper la cáscara de la nuez
y el tabique que separa las carnes

se oculta en la tráquea del buitre
entre las cenizas de los cartílagos
y las escamas de sus membranas

ya no temo a la angustia
en la jaula de la noche negra
ya no me angustia el miedo

el temor ya no deviene temores
porque se instala en la montaña
y se desnuda debajo de su falda

arranca las alfombras de musgo
para absorber todo ese temblor
y la escarpia que eriza las pieles

anida en el estómago del cuervo
entre estremecimientos gástricos
y nudos marinos de los intestinos

 


 

hoy es el día

hoy es el día que escojo
para regalarte el veneno
del caramelo que me diste
aquella noche de septiembre

ahora es la hora y no otra

a las veintitrés horas

hoy es el día que escojo
para regalarte el veneno
del caramelo que me diste
aquella noche de septiembre

y ese toro enamorado de la luna
que abandona por las noches la maná

hoy es el día que escojo
para regalarte el veneno
del caramelo que me diste
aquella noche de septiembre

a las veintitrés horas

ahora es la hora y no otra

hoy es el día que escojo
para regalarte el veneno
del caramelo que me diste
aquella noche de septiembre

hoy es el día

 


 

buceo en apnea vertical
por la frontera del cuerpo mojado
sin importarme el reloj de las rémoras
ni la belleza pérfida de las anémonas
lastrado con el peso de tu ausencia
te susurro burbujas que escalan la piel
mientras yo te desciendo sin respirar
atraído por la luz de tus pies abisales
te acaricio las flores de los almendros
con los nervios de un cigarrillo muerto
te buceo en apnea vertical
por el litoral de la costa húmeda
sin reparar en el filo de los acantilados
ni en los gritos de las corrientes marinas

y me adhiero a tu pubis
como un parásito
para extraerte el oxígeno

te buceo en apnea vertical
por la corteza de la ribera blanca
sin sucumbir al silbar de oídos
ni al temblor que me remonta
excitado por el deseo de tu presencia
te nado con los peces del cardumen
mientras tú vuelas con los estorninos
abstraído por tu porosa flora vegetal
te quiero sin el calor de los neoprenos
ni el amparo maldito de los cuchillos
te buceo en apnea vertical
por el perfil de la azulada superficie
para besarte con lengua de camaleón
y saliva sumergida en cola de contacto


 

de todos los juegos de cartas
me quedo con la escoba de fibra
por barrer los secretos del póker
por barrer los vicios del blackjack
por barrer el chocolate del mus
por barrer al egocéntrico del uno

siempre sin marcar
la desgracia de los tramposos
siempre sin guardar
la bala de un revólver en la manga

de todos los juegos de cartas
me quedo con la escoba de fibra
por barrer el polvo del camino
por taparme con tu velo de oro
por ganar a los puntos por ko
por haber crecido en los dos
por sentarme en los tres sietes

siempre sin marcar
la desgracia de los tramposos
siempre sin guardar
la bala de un revólver en la manga

de todos los juegos de cartas
me quedo con la escoba de fibra

 


 

En uno de esos paseos lunares, sentado en mi cráter, en un rincón, apurando un vaso y una ilusión, cuántas horas me paso sin nada más que recordando su forma de amar, y por culpa de la gravedad sin ser grave, descubrí que el caramelo que te da la vida, por el mero hecho de nacer, esconde siempre un quiste venenoso, muy similar al haba de un roscón de reyes en su forma, sorpresa y tamaño. Sí, Jiuston, tenemos un problema. Okey, corta y cambia y se perdió la comunicación. Lo extirpé, lo empaqueté para regalo con papel celofán y se lo devolví para seguir viviendo a años luz de todo lo que yo considero dañino, nocivo, tóxico y mediocre. Y lo hice con mucha amabilidad para no tirar por la borda la educación que tanto sacrificio les costó a mis padres

Carlos Penas
Carlos Penas

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