

hoy te regalo el veneno del caramelo que me diste aquella noche de septiembre a las veintitrés horas
Carlos Penas
Poesía
Editorial Talón de Aquiles
Madrid (España), 2023
ISBN: 9788419180704
88 páginas
El poema se deshace de todo y se hace un todo.
R. D.
1
Desde el mismo instante en que el autor nos recomienda leer una suerte de instrucciones de uso de su poesía y evitar consultar al regente de una farmacia, estamos ante un reto que nos recuerda y nos anima a pensar que Carlos Penas nos advierte de su irreverencia y de una suerte de antilírica que nos aproxima a Nicanor Parra, aunque podríamos afirmar que mucha de la poesía de los últimos años tiene como base una rebelión contra la tradición y alistar un engranaje que podríamos definir como antipoemas, herencia, si se quiere, de algún rasgo o influencia del surrealismo. Esta manera de estar en el mundo, donde se escribe poesía en tiempos aciagos, como dejó escrito Hölderlin, es también una delicada tentación que nos descubre ante una poética que se totaliza gracias a la presencia desbordante de imágenes, las que forman parte, en este caso, del corpus de este poemario de Carlos Penas.
Esta lectura, un artefacto alucinante, conduce al lector a imbuirse en un mundo que se hace más complejo en la medida en que el poeta se pronuncia, gracias a la seguidilla de imágenes que nuestro autor usa para construir su imaginario, su poética, la que se destaca por “un fraseo paralelístico y oposicional”, de acuerdo con Julio Ortega, quien —en efecto— usa la expresión “articulación múltiple” cuando estudia la poesía del irreverente autor chileno mencionado en líneas anteriores.
Toda poesía responde a una crisis, de allí que se formule como un “contralenguaje”, como un presupuesto, como un objeto que habla, que dice o se contradice, como una lengua que ironiza, que traspasa la idea de la poesía tradicional. Como un acto amatorio que se propone tener en el sujeto amado un rastro más para no desdecirse o para hacer todo lo contrario. O para hilvanar palabras y escribir un largo poema. Es decir, el poeta es un problema, una crisis en sí mismo, de allí que use una manera de expresarse, de diferenciarse, de ser él mismo desde su él mismo: el estilo, la forma de caminar en palabras, de forma de no andarse por las ramas aunque las ramas estén presentes en el texto. La textura de los sonidos, el eco que dejan.
Y como crisis, el poeta y su poesía son un riesgo, un reto permanente a la aventura, la que destaca en el lector el éxito de ese riesgo. En el caso de Carlos Penas su poesía ha logrado que el lector, este lector, se engarce en el poema y se sepa parte de él, de su alucinante presencia, de su ecoica revelación.
2
En cuatro fases lunares se mueve este libro de Penas de dilatado título: hoy te regalo el veneno del caramelo que me diste aquella noche de septiembre a las veintitrés horas. Son cuatro contenidos poéticos que devienen eclipses y satélite de plena luz mientras las palabras se agrupan para retenerse en una lectura en la que su autor no descansa, no deja de decir, fabla, canta, pronuncia con una desmesura que incita las neuronas en una suerte de goce precipitado:
sin la concavidad de la cucharilla
sin el sinsabor del agua destilada
sin la ingratitud de los mecheros
sin el disimulo negro de los filtros
sin la violencia de los cinturones
sin el cronómetro de las agujas
sin la llaga imborrable del dolor
sin el aviso previo de la muerte
sin la náusea pegajosa del vértigo
sin el cruel insomnio del corazón
Y así, sin parar, no deja de descubrir imágenes, oraciones y frases donde brilla el talento de la poesía, de una búsqueda incesante de asombros.
Esa primera parte, denominada “fase del celofán nuevo”, le da paso a
te conservo toda
sin la lata
de las conservas(...)
gateando entre los gatos
me alejaba para verte de lejos
sorteando aquellos cráteres
y esos charcos de magnesio
Una especie de locura poética, de plena libertad para crear otro mundo donde el lector es su habitante más allegado, más próximo al contagio en esta segunda instancia titulada “fase del almíbar creciente”, toda vez que el sabor de las palabras confirma una poética cuyo fundamento está en una arritmia que conduce a más asombros.
La tercera escalinata, “fase llena de veneno”, contiene el frasco donde está la médula de este peligroso libro:
la sangre se mezcla con los chicles
y la muerte se pega en los zapatos(...)
hoy es el día que escojo
para regalarte el veneno
del caramelo que me diste
aquella noche de septiembreahora es la hora y no otra...
Y en un arranque de ironía:
y ese toro enamorado de la luna
que abandona por las noches la maná
(el lector podrá poner la música, la recordada del flamenco en una fiesta de aplausos).
Entre rimas y arritmias sigue el poema, los poemas que se aglutinan, conjugados en todos los tiempos y en todas las voces, porque este es un libro plural, construido por un poeta que se desdobla, se multiplica, se poetiza, se anarquiza, se refleja en muchos de sus yos en un solo matizado por la frescura, por la simpatía, por la gracia verbal que lo advierte libre de ataduras.
3
La última estación, “fase del palito menguante”, se anima erótica. Vierte todo su poder sensitivo en este abismo a dúo:
y me adhiero a tu pubis
como un parásito
para extraerte el oxígeno
La fuerza de este texto nos conmina a tener cuidado, a no caer en la tentación de aproximarnos al evento que imaginamos y queremos poner en práctica, toda vez que el lector está solo frente al poema, frente al mismo pecado, frente a la tentación, al poema y su irreverente confesión.
Pero más adelante:
quisiera ser cursi
y escribirte con agua
para regar las palabras
que florecen para ti
en medio de un jardín
El poeta se enternece, vuelca toda su sensibilidad en un estadio romántico, en un delicado propósito amatorio, lírico.
Y cierra con una suerte de carta de intención, pero siempre con la fuerza de la luna como descubrimiento: una fotografía de un personaje (¿el mismo poeta o su representación?) con la lengua afuera con la intención de lamer una pirueta, una chupeta, un caramelo.
Dice:
En uno de esos paseos lunares (...) descubrí que el caramelo que te da la vida, por el mero hecho de nacer, esconde siempre un quiste venenoso (...) para no tirar por la borda la educación que tanto sacrificio les costó a mis padres
Y firma Carlos Penas, como despedida. Así, se deshace de todo y se hace un todo, como dijo el otro.
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