Caminante
(Antonio es Ulises)
Anda y desanda un camino cifrado en el polvo trillado,
es cualquiera y es Ulises
la figura que bracea en la tarde lenta
de la ciudad que se apacigua.
Voy a Ítaca o a ninguna parte
piensa el caminante
caminando al filo del sueño
en un suburbio banal
(en el sueño hay un árbol que azulea
y un parque silencioso
donde el tabachín relumbra todavía).
Es todos y cada uno
también él: padece y encarna
el tiempo que nos hace y disuelve
mientras sueña un desvarío:
la eternidad falaz de diario andar
—mañana, tarde, noche—
un camino cifrado en el polvo trillado.
Ente
Donde quiera que esté
soy lo que falta.
Mark Strand
De ti permanece el hueco.
De ti —más bien— un resabio
de bestia: rabia y rabo,
un resuello y un contorno.
De ti permanece el eco.
Figura en el café
aquí la memoria del tiempo y los laberintos del tiempo
JLB
Comparece invariable a la mesa
en este o aquel lugar poblado y denso
(o en el sueño uno secreto y vasto)
con un libro, un cuaderno, la pluma, el café,
una vez y otra vez y siempre.
Pero inexorable el tiempo transcurre
hacia ese silencio que nadie concibe.
Es otro y es el mismo
sucesivamente, misteriosamente
ese hombre (es cualquiera y eres tú)
que ahora recuerdas y será olvidado,
aquel hombre inscrito, como todos,
en su destino de criatura desnuda y sola.
Esta precaria armazón
sea (o parezca) su consumada razón.
La bugambilia
Hablan poco los árboles, se sabe.
Eugenio Montejo
La bugambilia es indescifrable.
Calla junto al muro ciego
en el patio donde irrumpe la luz fuerte.
El blando reverbero
—violeta morado malva—
propaga su temblor, de nombre incierto,
entre las desnudas presencias intocadas,
prometidas al amor
de lo tangible que se entrega, indescifrable.
Tiembla desnuda
y sin palabra la bugambilia
al pie del muro calcinado.
Su color el poeta no lo sabe.
La casa
(rumor de tu casa vacía...)
pues bebe de una fuente
S J de la C
Cruzan el umbral, lentas,
y oscurecen la sal,
oscurecen el pan
Peter Huchel
venero
do mana sed
do mana sombra
y bebes la sed
y bebes la sombra
la sed es el hijo
el hijo es el fruto
la sombra la madre
que dice o farfulla
el fruto
el fruto mordido
desnudo en su hambre
desnudo en su fiebre
supiste
(supiste de ti)
aquel domingo
resplandece
noche oscura
todavía resplandece
venero
do mana sed
do mana sombra
y bebes la sed
y bebes la sombra
La mañana
Todas las mañanas son la mañana
en que Ulises navega un mar antiguo
y es la resplandeciente de hoy,
y también la que vendrá mientras el tiempo
—que hace o deshace
como el viento a la arena y el mar,
encienda el oro vivo cada día.
Conozco (y acaso no comprenda)
la dicha curiosa de contemplarte,
doméstica mañana de cada día,
mañana única y resplandeciente.
Maceta con romero
En el patio abrasado por una luz
impía de ciego sol monoteísta,
la mata agreste y perfumada
del romero en la maceta ocre
de barro elemental y forma cónica
nada dice
que no sea archisabido.
Bajo esa luz que reverbera
como un torbellino de prismas o monedas,
el romero antiguo de los líricos paisajes
con pastores, ninfas y poetas que los cantan
nada dice
que no sea archisabido.
Un escueto cubo de hormigón gris
sostiene a la maceta ocre de barro elemental
donde el agreste y perfumado romero
otea el aire calcinado.
La imagen dice algo que ignoro,
archisabido.
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