Se lo dedica tras hacer casi un año del fatídico suceso
Amé. Amé la fina hechura de
tu blanco cuello. Los labios que fui
bordando con los míos. La que oí
voz de tu boca con mi pecho amé.
Perdí. Perdí las manos a que uní
las mías. El cabello en que surqué
cien exóticos aromas. Las que
sorteé en tu piel efélides perdí.
Perdí y amé lo que perdí. Lo amé
como lo amé sin ver que lo perdí
porque lo amé. De veras yo lo amé.
Amé y perdí porque lo amé. Perdí.
Perdí lo que yo amé. Porque lo amé
con todo amé y perdí. Amé y perdí.
Poema 5
Amar es compartir el rumbo alpino
batiendo el aire hasta su cumbre alta,
prestándose el plumaje que echa en falta
cada uno hasta ascender ese camino.
Es anhelar el sol y no el destino
que corre el canto que del risco salta
para ver que deslumbra y que resalta
el otro más, del hielo diamantino.
Azotar un tornado hasta las nubes
sin que lucieras parte de su nieve
no quise porque yo quise elevarte.
Pero me vale si otra senda subes
para darme, no el brinco que te mueve,
sino la libertad que quise darte.
Despedidas
Corre, como el caballo fuerte y tordo
cuyas crines despeina su galope.
Corre, corre del llano hasta su tope
y surca el cielo azul del sol a bordo.
Por la colina del follaje gordo
corre, haz que tu pie la desarrope,
y a la hora de lo verde hacerse arrope
corre, ligera con relincho sordo.
Corre, que con tu fuerza libre quiero
verte abrir tu camino aunque se borre
tu voz entre las matas de romero.
Corre, a fundirte con el sol. Recorre
y cruza el monte, aunque se apague entero.
Corre, que aún verte aquí me duele, corre.
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